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Llega documental sobre el pueblo selk’nam: “Cada capítulo del genocidio podría ser una película diferente”

Fernanda Olivares, la primera integrante de su comunidad en regresar a la Isla Grande de Tierra del Fuego en más de 120 años, es la protagonista de Vuelvo Donde Nunca Estuve. Recién estrenado en la Red de Salas de Cine, el filme narra sus experiencias personales, mientras de fondo luchan por ser reconocidos como un pueblo originario vivo por parte del Estado chileno. Los directores Andrés Morales Zambra y Constanza Vásquez Palau abordan la trastienda en entrevista con Culto.

Llega documental sobre el pueblo selk’nam: “Cada capítulo del genocidio podría ser una película diferente”

Fernanda Olivares, joven descendiente selk’nam, se convirtió en 2021 en la primera integrante de su comunidad en volver a la Isla Grande de Tierra del Fuego, el lugar que su bisabuelo dejó por la fuerza hace más de 120 años.

La cineasta y periodista Constanza Vásquez Palau llegó a su caso cerca de un mes antes de que iniciara su viaje, cuando estaba trabajando como investigadora de una serie documental que a la postre nunca se hizo. Leyó un ensayo escrito por la mamá de Fernanda, Hema’ny Molina, la contactó y se encontró con “una historia enorme”, afirma.

Pese a que contaba con un limitado margen para coordinar todo lo necesario antes de la fecha de su partida, se las ingenió para llegar a tiempo a registrar ese momento decisivo en la vida de la joven. Junto al arquitecto y cineasta Andrés Morales Zambra (con quien lo unía una amiga en común) y el director de fotografía Diego Avello, acompañaron a Olivares desde el momento en que se despidió de su familia y comunidad en Santiago y se instaló en la tierra de sus ancestros.

“Fue bien impulsivo, pero un buen impulso”, dice Morales sobre el proceso de seguimiento que los llevó al extremo austral y que es la columna vertebral de Vuelvo donde nunca estuve, documental que acaba de debutar en los espacios agrupados en la Red de Salas de Cine.

A través de un relato cronológico, vemos a Fernanda alistando todo lo necesario para su viaje y siendo protagonista de encuentros, cuestionamientos y nuevos vínculos. “Yo creo que el de a poco empecemos a volver, como yo volví ahora, los ayuda a liberar más rápido toda esa pena y angustia que estaba impregnada en esta tierra”, pronuncia en una escena incluida en el trailer.

En medio del proceso de creación y mientras completaban otros viajes a la zona (en total fueron cuatro), los realizadores concluyeron que era pertinente revisar la historia y profundizar en un episodio del genocidio selk’nam correspondiente al año 1895: 165 indígenas fueron capturados en Tierra del Fuego y trasladados contra su voluntad a Punta Arenas, donde los niños fueron arrancados de los brazos de sus padres y entregados a colonos europeos. Uno de esos pequeños era el abuelo de Fernanda Olivares.

Ese episodio aparece mediante un sumario que revisa el caso y contiene voces de protagonistas y testigos de esa parte de la historia. “No está filtrado por la mirada de un historiador, sino que es la opinión de una persona, en bruto. Es un proceso judicial, con todo lo poco objetivo que puede haber sido un proceso judicial del 1895”, señala Morales. Su compañera agrega: “Un proceso judicial donde no se citó a declarar a ningún selk’nam, siendo sobre las vejaciones infligidas al pueblo selk’nam”.

“Uno tiene que acercarse con cautela a estos documentos; uno no puede llegar y usarlos de cualquier manera. Por eso nos asesoramos con la historiadora Leonor Riesco, que había sacado un paper sobre el sumario y luego nos acercamos a trabajar directamente con el documento”, explica Vásquez.

Por su parte, Morales dedica créditos a Francisco Sánchez, del Museo Naval de Punta Arenas. “Nos abrieron las puertas de par en par y él nos contó todo lo que podía de la historia de Punta Arenas. Fue muy transparente. Leonor y Francisco fueron dos asesorías muy importantes para que la película tuviera consistencia”, asegura.

La tercera hebra es lo que los realizadores denominan como “la salita”: se trata de escenas en que la protagonista observa la proyección de imágenes de sus antepasados. La mayor parte son de autoría de Alberto María de Agostini, sacerdote salesiano que dedicó gran parte de su vida a recorrer y cartografiar la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Todo se encuentra enmarcado en lo intentos de la comunidad por ser reconocidos como un pueblo originario vivo por parte del Estado chileno. Una lucha que finalmente se concretó a fines de 2023, mediante la aprobación y promulgación de la Ley N° 21.606, modificando la Ley Indígena 19.253.

Ese desenlace, en paralelo al viaje de la protagonista, convergen en un largometraje que se distingue de otros trabajos sobre el tema. “No he visto que haya piezas audiovisuales que consideren al pueblo selk’nam como un pueblo vivo en la actualidad. Están orientados al último selk’nam o al pueblo originario extinto. En ese sentido, este podría marcar una diferencia respecto de lo que se ha hecho anteriormente”, apunta Vásquez.

En la actualidad, Fernanda Olivares continúa viviendo en Porvenir, donde formó una familia y se encuentra dedicada al activismo indígena y al activismo medioambiental. Hoy es directora ejecutiva de la Fundación Hach Saye.

“Además, Fernanda tiene muchos viajes internacionales a Europa y Estados Unidos. Esos viajes ocurrieron durante la película, pero no los incluimos porque queríamos centrar la historia en Punta Arenas y Tierra del Fuego”, enfatiza Morales Zambra.

Los directores piensan que Vuelvo donde nunca estuve deja la puerta abierta a nuevas lecturas. La amplitud del genocidio selk’nam –estiman ambos– perfectamente podría inspirar nuevos documentales y ficciones.

“El genocidio contiene muchos episodios del genocidio, que son muy terribles. Cada uno podría ser una película. Nos quedamos con el capítulo del sumario, porque es muy relevante para la historia de Fernanda. Pero este tema no está cerrado; este es un punto de partida”, sostiene Morales.

“Me gusta pensar en esta historia como qué pasa después de un genocidio, de los muchos que han habido en la historia de la humanidad y que se siguen perpetuando hasta la actualidad. Cuando todo el daño está hecho, siempre deben haber Fernandas, que son las primeras que vuelven a reparar las heridas, a empezar a rehacer vínculos que se perdieron, a limpiar memorias. Me gusta pensarla desde ese lugar, como una historia universal. No es solamente la historia de Fernanda y el pueblo selk’nam”, concluye Vásquez.

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