La salida para la crisis cubana
El camino de la recuperación no pasa por consignas políticas ni movimientos de solidaridad con el gobierno de La Habana, sino por favorecer un cambio político que permita dejar atrás un sistema que ha sumido a la isla en la pobreza.
Hace algunos días llegó a Cuba la primera embarcación de una denominada flotilla de ayuda humanitaria para la población de la isla, a la que se sumaron luego otras dos naves. La primera, en un gesto simbólico, fue rebautizada Granma 2.0, en referencia a la nave que llevó a Fidel Castro a ese país en el inicio de la Revolución cubana. El movimiento de ayuda denominado Nuestra América, que cuenta con el apoyo de la Presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y de diversos grupos de izquierda, ha centrado su mensaje en la necesidad de ir en ayuda de la isla ante las dificultades que enfrenta por el bloqueo de Estados Unidos. En enero pasado, el mandatario estadounidense Donald Trump firmó una orden ejecutiva advirtiendo con la aplicación de aranceles a quienes provean de petróleo a la isla, que enfrenta, entre otros problemas, una severa crisis energética, criterio que por estos días Trump parece haber flexibilizado, al permitir que recalara un petrolero ruso.
Si bien la población cubana enfrenta graves carencias, apuntar a Estados Unidos como la causa de los problemas que enfrenta el país pasa por alto que el principal responsable de esa realidad es el propio régimen. Más allá de que la ayuda humanitaria es cada vez más urgente en la isla y el propio Departamento de Estado anunció en febrero que destinaría US$ 6 millones en asistencia humanitaria, canalizada por organismos independientes para la población cubana, el camino de la recuperación no pasa por consignas políticas ni movimientos de solidaridad con el gobierno de La Habana, sino por favorecer un cambio político que permita dejar atrás un sistema que ha sumido a Cuba en la pobreza.
Durante los 67 años que lleva el régimen en el poder, el sistema cubano ha dependido del apoyo externo, incapaz de generar por sí solo los recursos para sostener a su población. Hasta inicios de la década de los 90 era clave la asistencia de la Unión Soviética, que veía en el régimen de La Habana a un aliado clave a escasos kilómetros de Estados Unidos. Sin embargo, tras el colapso soviético, el régimen se sumió en uno de sus momentos más complejos, conocido como “el periodo especial”, que lo obligó a una leve apertura económica para hacer frente a la situación. A fines del siglo pasado, la llegada de Hugo Chávez en Venezuela le dio un nuevo respiro al régimen, pero la crisis económica venezolana primero redujo la ayuda y la intervención de Estados Unidos a comienzos de este año acabó definitivamente con el flujo de petróleo venezolano hacia la isla.
Así, más que el endurecimiento de las presiones de Estados Unidos, la dramática realidad que se está viendo hoy en la isla -que sólo este año ya ha sufrido dos apagones generales- es consecuencia de años de nula inversión en el campo energético y de un modelo que restringe las libertades individuales. Frente a ello, las misiones con ayuda humanitaria poco ayudan al real mejoramiento de la población. Es el caso también de parlamentarios del PC y del Frente Amplio, que recientemente visitaron la isla y asistieron a una asamblea encabezada por Miguel Díaz-Canel. El único camino para que la isla pueda salir de su crítica situación es impulsando un verdadero proceso de apertura democrática.
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