Editorial

Las confusas señales sobre la guerra en Irán

El discurso del Presidente de Estados Unidos la semana pasada, en lugar de entregar señales claras, volvió a alimentar la incertidumbre sobre el futuro del conflicto, una tónica que ha caracterizado su actuar desde el inicio de la guerra.

El miércoles de la semana pasada el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció un esperado discurso sobre el estado de la guerra en Irán. Era la primera vez que el Mandatario se dirigía a su país desde el inicio de los ataques en un mensaje televisado desde la Casa Blanca. Por eso, el anuncio de la transmisión despertó expectativas de que Trump daría señales claras sobre el futuro de las operaciones bélicas en Medio Oriente e incluso el eventual fin de las acciones en la zona. Antes de su aparición los mercados reaccionaron positivamente y el precio del petróleo experimentó una leve baja. Sin embargo, después de los 19 minutos del discurso el panorama, en lugar de aclararse, terminó siendo aún más confuso.

El episodio de la semana pasada resume lo que han sido estas cinco semanas de conflicto en Medio Oriente. Una guerra marcada por las señales contradictorias desde la Casa Blanca y sin claridad sobre sus motivaciones reales. Más allá de la amplia condena al régimen iraní por el sistema represivo impuesto, que cobró la vida a más de 30 mil personas en las protestas de enero pasado, y su apoyo a organizaciones terroristas a nivel global, el ataque de Estados Unidos en coordinación con Israel careció del respaldo de instancias multilaterales que legitimaran la acción. Las operaciones decididas en forma unilateral por Washington e Israel no sólo sorprendieron, sino que desde un primer momento entregaron señales contradictorias sobre sus objetivos.

Inicialmente el Presidente Trump señaló que la motivación de los ataques era destruir la capacidad nuclear iraní, contradiciendo lo asegurado por él mismo en junio pasado, tras el anterior ataque a ese país, cuando sostuvo que el poderío nuclear iraní había sido aniquilado. Luego apuntó que la idea era generar las condiciones para un levantamiento de la población contra el régimen y más tarde que el objetivo final era la eliminación del liderazgo iraní y asegurar un cambio de régimen. A ello se suman sus dichos sobre la necesidad de asegurar el libre tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial y bloqueado por Irán, así como la insistencia de que estaría negociando con el nuevo liderazgo del régimen, que según él sería más dialogante, conversaciones que la dirigencia iraní niega.

Lo anterior instala legítimas interrogantes sobre si al iniciar los ataques en febrero pasado existía una estrategia con una perspectiva de término del conflicto o se apostaba sólo al rápido colapso del régimen luego de que fuera eliminado el líder supremo Ali Jamenei. El solo hecho de que esta duda siga instalada da cuenta de la incertidumbre y creciente inseguridad global que ha generado la guerra. Una situación que ha repercutido a nivel mundial por el alza de los precios del petróleo y del gas natural, así como la alteración del mercado de los fertilizantes y que tomará tiempo en volver a los niveles previos, una vez que el conflicto concluya. Una eventualidad que no es claro que ocurra en el corto plazo, pese a la afirmación del Presidente Trump de que los objetivos estratégicos están prontos a alcanzarse y de que devolverán a Irán a la “Edad de la Piedra”.

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