Cómo la UTO del Hospital del Salvador llegó a publicar en la prestigiosa revista Eye: “Chile tiene la mayor serie de número de casos con traumas oculares del mundo”

El uso de la escopeta antidisturbios fue objeto de críticas a raíz de las denuncias de lesiones oculares.

El oftalmólogo y autor corresponsal del estudio, Álvaro Rodríguez, asegura que no existen otros casos documentados en la literatura internacional en que haya más pacientes que los registrados durante el periodo analizado desde el 18 de octubre hasta el 30 de noviembre. Los resultados de la publicación revelan que en esos 43 días, la unidad de trauma ocular de ese recinto asistencial recibió 259 pacientes, de los cuales el 70,5% fueron lesiones atribuidas a proyectiles de impacto cinético.




“Ocular trauma by kinetic impact projectiles during civil unrest in Chile”. Así se llama la publicación que hizo un grupo de 12 oftalmólogos, tecnólogos médicos, ingenieros y salubristas en la prestigiosa revista científica Eye, de la editorial Nature, vinculada a The Royal College of Ophthalmologists del Reino Unido.

La publicación fue aceptada por la revista Eye el 12 de agosto de este año.

El paper de siete páginas se dedicó a analizar los casos de traumatismo ocular registrados en el marco de la crisis social del 18 de octubre. El origen de todo esto se remonta al trabajo realizado por la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital del Salvador.

La UTO de ese recinto asistencial recibió gran parte de los pacientes con traumas oculares, atribuidos al impacto de los perdigones usados por Carabineros para controlar el orden público. Hoy esta situación es objeto de indagatorias penales por parte del Ministerio Público.

De hecho, fue el 22 de octubre cuando los oftalmólogos de esa unidad, junto con el Colegio Médico y la Sociedad Chilena de Oftalmología, al ver el crecimiento exponencial de casos, publicaron el primer informe con la cantidad de pacientes con estos traumas en sus ojos. Eso, luego se volvió casi una rutina y durante las manifestaciones desatadas en octubre del año pasado, los informes de la UTO se transformaron en un insumo relevante para hacer seguimiento al número de personas que estaba siendo afectadas por estos impactos de perdigones.

Lo que más llamó la atención de los oftalmólogos del Salvador fue el aumento de estos casos, por eso, con el tiempo, tomaron la iniciativa y se propusieron el objetivo de analizar científicamente los datos de los pacientes atendidos en este hospital. “Lo que quisimos hacer fue investigar este periodo, desde el 18 de octubre hasta el 30 de noviembre. No son todos los casos nacionales, sino que solamente los casos de la UTO, que es el centro de referencia nacional de trauma ocular, e hicimos todo este análisis de la agudeza visual, de la visión de los pacientes, del tipo de trauma, del tipo de cirugía, entre otros. Recopilamos los antecedentes para analizarlos no solo desde el punto de vista de la oftalmología, sino que también abarcando la composición de los balines y cómo se fue dando el desarrollo de los hechos”, dice a La Tercera PM Álvaro Rodríguez, docente del departamento de Oftalmología del Hospital del Salvador y autor corresponsal del paper.

Rodríguez, quien también es oftalmólogo de la Universidad de Chile y encargado de la estadística e informes de los casos de traumas oculares, relata que el equipo de investigadores solicitó la autorización de los comités de ética del hospital y del Servicio de Salud Metropolitano Oriente para analizar las fichas clínicas de los pacientes atendidos en la UTO. Con ese permiso procesaron los datos de forma estandarizada para lograr resultados objetivos.

Así fue como pudieron sistematizar la información y concluir que entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre 259 pacientes acudieron a la UTO por traumatismo ocular. De todos ellos, en 182 casos -el 70,5%- los proyectiles de impacto cinético fueron la principal causa sospechada. La publicación señala que respecto de otras causas sospechosas, están 36 casos asociados al gas lacrimógeno o pimienta; 18 pacientes vinculados a trauma contundente con bastón, puños u otras herramientas; otros diez casos relacionados a tanques de agua; cuatro a armas de fuego; y uno vinculado a una caída. El paper añade que en ocho pacientes no se pudo establecer la causa.

Los resultados también revelan que las víctimas de trauma ocular por perdigones fueron en un 87% hombres, principalmente jóvenes entre los 20 y 30 años de la Región Metropolitana. A su vez, los autores señalan que el trauma fue una lesión de globo abierto en el 20,3% de los casos y 13 pacientes requirieron evisceración del contenido ocular. También, la publicación asegura que al compararse con otras causas de trauma ocular, los perdigones antidisturbios utilizados por Carabineros se relacionaron con una pérdida más grave de agudeza visual y una mayor frecuencia de lesiones de globo abierto.

Rodríguez agrega que una de las motivaciones para publicar el estudio en una revista científica internacional fue el hecho de que el uso de perdigones por parte de las policías para controlar el orden público en manifestaciones sociales, es un tema de debate mundial. Lo fue para los protestas de los chalecos amarillos en Francia y también este año, para las manifestaciones desatadas en Estados Unidos luego del homicidio en contra de George Floyd. En ese contexto, dice el oftalmólogo, el paper concluye que la cantidad de casos registrados en Chile no tiene referentes documentados en la literatura internacional. “Nos dimos cuenta que Chile tiene la mayor serie de número de casos con traumas oculares del mundo. No hay ninguna literatura, ningún paper que tenga mayor cantidad de casos que el nuestro”, afirma Rodríguez.

El docente de la Universidad de Chile explica que para llegar a esa conclusión revisaron todas las publicaciones que existen en el mundo sobre esta temática: “La serie que sigue después de nosotros es de Palestina e Israel, del conflicto que se llama la Primera Intifada, que es desde 1987 a 1993. En todo ese tiempo se recopilaron 154 casos en seis años de conflicto. Nosotros en menos de un mes y medio recopilamos más casos que en seis años de la Primera Intifada”, indica.

Composición de los perdigones

Junto con el análisis oftalmológico, la publicación incorporó el trabajo realizado por los académicos Patricio Jorquera y Rodrigo Palma de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Ambos docentes analizaron la composición de los perdigones utilizados por Carabineros y el 15 de noviembre del año pasado publicaron un informe que reveló que las municiones contenían un 20% de caucho y el resto correspondía a minerales o metales de alta dureza como sílice, sulfato de bario y plomo.

Cinco días antes el general director de Carabineros, Mario Rozas, dio la orden de acotar el uso de los perdigones a “todas aquellas situaciones de real peligro para nuestros carabineros y para real peligro para nuestros conciudadanos”, además de situaciones de “amenaza cierta e inminente” de ataque a la propiedad pública o privada. Sin embargo, el estudio muestra que siguieron llegando más pacientes con traumas oculares (ver imagen). Luego, cuatro días después, Rozas suspendió su uso: “Como una conducta de prudencia, se ha ordenado suspender el uso de esta munición no letal como herramienta antidisturbios. En consecuencia, solo podrá ser utilizada al igual que las armas de fuego como una medida extrema y exclusivamente para la legítima defensa cuando haya un peligro inminente de muerte”. Recién en ese momento se registró una caída de los casos.

Con todo, Rodríguez sostiene de qué forma, en base a esta evidencia, se debería regular el uso de estas armas menos letales por parte de la policía uniformada. “Con esto, cuestionamos científicamente la seguridad de estos proyectiles y exponemos la evidencia que recopilamos a nivel nacional e internacional para cuestionar el uso de estos proyectiles como arma para el control de multitudes. Yo creo que el camino es lograr avanzar hacia una legislación que prohíba el uso de estos proyectiles, ya que tienen un alto e inaceptable riesgo para la salud de los manifestantes”, concluye el oftalmólogo.

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