Volver a ser serios
"Una emergencia no es un mal relato si somos capaces de concordar sobre sus causas y sus soluciones. Sin embargo, ese relato se vuelve difícil de sostener cuando al tiempo que se ajustan los gastos se propone reducir los impuestos. Algo no cuadra", dice Pablo González, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello y Eduinclusiva.
Parte importante del arte de gobernar es dar explicaciones, especialmente cuando se toman medidas impopulares. La falta de un relato produce un vacío que llenan los cantos de sirena de los populistas. Aquí va un intento de hacer sentido de las últimas dos semanas.
El buen administrador de un hogar se endeuda sólo si espera que en el futuro sus ingresos crecerán o sus gastos bajarán (por ejemplo, los hijos están terminando una carrera). El buen administrador de una empresa se endeuda para financiar inversiones que aumentarán sus ingresos o reducirán sus costos. Si ambos administradores gastaran por sobre sus ingresos solo para financiar gasto corriente, tarde o temprano el sistema financiero tomará medidas y deberán vivir una vida más modesta.
No ocurre así con los países. Si gastan por sobre sus posibilidades, las generaciones futuras deberán pagar la cuenta. Lo contrario ocurrió durante los gobiernos de la Concertación, cuando se incrementó el gasto en salud y educación, se reformó el sistema judicial y se concesionaron importantes obras públicas, entre otras medidas que mejoraron nuestro capital humano y físico para “crecer con equidad”. El buen administrador fiscal no solo pagó la deuda, la hizo negativa.
En algún momento todo cambió y crecer con equidad no fue suficiente. Se contrajeron compromisos que no se podían cumplir y se privilegiaron las transferencias por sobre las inversiones (gratuidad, PGU).
Salir de ese énfasis es difícil, por el deterioro de la política y la esfera pública, unido a una cultura que valora la satisfacción individual inmediata y desprecia el esfuerzo y la cooperación, capacidades productivas lejanas a la alta tecnología, más un escenario internacional incierto y la ausencia de proyectos compartidos.
De hecho, el gobierno anterior había entendido la necesidad de realizar ajustes. El actual cree necesario un esfuerzo mayor, y parece dispuesto a asumir los costos políticos que eso significa, aunque llueva sobre mojado con el alza del petróleo.
Lo deseable sería que todas las fuerzas que nos representan se unan para hacerse responsables. Como punto de partida, porque el camino para volver a ser un país serio es largo, y requiere muchos cambios institucionales, que produzcan un cambio de trayectoria.
Una emergencia no es un mal relato si somos capaces de concordar sobre sus causas y sus soluciones. Sin embargo, ese relato se vuelve difícil de sostener cuando al tiempo que se ajustan los gastos se propone reducir los impuestos. Algo no cuadra. Eso requiere otro relato, el de achicar el Estado.
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