Menos niños, menos colegios: el impacto silencioso de la crisis de natalidad en Chile
Hoy son casi 11 mil los recintos que hay en Chile, un país que para 2028 proyecta más muertes que nacimientos. Esto, según estimaciones, provocará indefectiblemente cerrar establecimientos, con estimaciones cercanas a los tres mil.
Por primera vez en su historia, Chile se encamina a registrar más muertes que nacimientos. Las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas apuntan a que ese hito ocurrirá en 2028, a causa de una caída récord de la natalidad. El escenario anticipa una reducción de la población a partir de 2035 y profundiza las alertas sobre el impacto que el envejecimiento tendrá en la salud, los sistemas de cuidados y las finanzas públicas. También en el sistema escolar.
“Estamos teniendo una situación de natalidad compleja: van a disminuir los estudiantes. He calculado que hay que cerrar en los próximos ocho o nueve años del orden de tres mil establecimientos escolares”, es la proyección que hace el exministro de Educación Harald Beyer. Dicho en otras palabras, para el académico de la Escuela de Gobierno UC, de aquí a una década los niños de menos que tendrá Chile van a implicar que sobren miles de los pupitres ocupados en la actualidad.
El análisis se basa en las proyecciones de población de entre cinco y 18 años elaboradas a partir del Censo 2024. No se trata de una estimación sobre cuántos colegios efectivamente cerrarán, sino de un ejercicio aritmético que toma la infraestructura escolar actual —10.945 establecimientos y sus respectivas vacantes— y calcula cuántos recintos serían necesarios si la matrícula disminuyera en línea con la caída proyectada de la población en edad escolar. Bajo ese supuesto, la demanda de recintos bajaría a 7.650 en 2035 y a 5.230 en 2046.
“La baja natalidad ya se está observando en el nivel de educación parvularia y en los niveles básicos e irá avanzando gradualmente, pero sus efectos más drásticos serán en la próxima década”, cree Beatriz Revuelta, directora de Sociología de la U. Central. En efecto: según una radiografía del Centro de Estudios del Mineduc de noviembre del año pasado, con el cambio demográfico del país se logra estimar que en unos 15 años la población de cero a 18 años podría reducirse en torno a 10%. La administración actual no contestó a las consultas de La Tercera sobre si tiene identificado este tema y cómo pretende abordarlo.
Pero en la actualidad los temores no son sólo un ejercicio predictivo. Según revelan desde la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE) y sus más de 850 establecimientos asociados, si bien aún no hay masividad de colegios con cese de funciones, sí está comenzando a ocurrir con algunos niveles. La alerta ya está instalada. “Lo vemos con preocupación. Esto está golpeando a los colegios tanto pagados como subvencionados. Hay colegios donde en la educación inicial -parvularia, prekínder y kínder- han tenido que cerrar cursos”, sincera Pedro Díaz, presidente de la FIDE. “El fenómeno está empezando a llegar con fuerza”, resume.
Con Díaz coincide Mónica Soto, académica de la Facultad de Economía y Negocios de la U. Alberto Hurtado y quien ha estudiado el tema demográfico. “La disminución de la natalidad ya está comenzando a generar efectos visibles en el sistema educativo chileno y, probablemente, será uno de los principales desafíos de planificación para las próximas décadas”, asevera. Eso sí, reseña que el fenómeno no es homogéneo en el país, principalmente por la migración: regiones como Tarapacá, Arica y Parinacota o Antofagasta han logrado amortiguar parcialmente la caída gracias al aporte de población migrante. En cambio, añade, gran parte de la zona centro-sur y austral enfrenta una disminución más acelerada de nacimientos, situación que ya comienza a reflejarse en la matrícula de colegios. “La pregunta relevante no es si habrá menos estudiantes, sino cómo reorganizar inteligentemente la oferta educativa frente a esta nueva realidad”, reseña.
En tal sentido, desde la FIDE, Díaz señala que el Estado tiene que no solo dar señales, sino que derechamente jugársela en estrategias que fortalezcan la maternidad”, apuntando directamente a discusiones como la de la sala cuna universal, a prolongar posnatales y dárselos a los padres.
Cantidad, calidad y docentes
En Chile, buena parte de los recintos se financian gracias a la subvención escolar, cuya fórmula básicamente es mientras más alumnos presentes, más dinero reciben. “Pensando en la próxima década, es importante anticiparse”, señala Revuelta, poniendo el foco en colegios que tienen una baja de matrícula sostenida, que dependen de subvención, que están ubicados en comunas con alto envejecimiento poblacional o ha descendido la población infantil.
Esos, dice, deberían ser los primeros a observar. “Un ajuste posible sería la fusión de colegios, sin embargo, es importante resguardar que estos procesos no generen mayor desigualdad en territorios donde el colegio cumple una función social de integración de las comunidades”, asegura, advirtiendo, eso sí, que esta baja en la matrícula no debiera pensarse como una oportunidad para optimizar recursos y hacer cursos más grandes o descontinuar la labor de algunos docentes.
Soto, en tanto, piensa que mantener la misma infraestructura con una matrícula cada vez menor puede generar problemas de financiamiento y sostenibilidad. “Sin embargo, reducir establecimientos sin una adecuada planificación también puede producir efectos negativos, especialmente en sectores rurales, donde la escuela cumple funciones que van mucho más allá de la enseñanza”.
Pero hay también otra arista, una paradójica en momentos en que Chile se ha centrado en buscar más profesores: con menos colegios, la sobredotación podría transformarse en un problema. “Es razonable anticipar que algunas zonas del país podrían enfrentar escenarios de sobredotación docente”, cree Soto, quien de todas maneras expone que la discusión no debería centrarse exclusivamente en la reducción de personal, sino en la capacidad del sistema para adaptarse a nuevas necesidades educativas. “El desafío no consiste únicamente en educar a menos niños, sino en educar a una sociedad con características demográficas completamente distintas a las que conocimos durante gran parte del siglo XX”, cierra.
De todas maneras, Revuelta ve menos probable que ocurra una sobredotación en un país que todavía tiene déficit en ciertas especialidades y territorios, y en un contexto donde además han subido las exigencias para ingresar a estudiar pedagogías. Por el contrario, encuentra algo positivo desde la vereda de los profesores: “El tener grupos más pequeños puede propiciar un trabajo más personalizado, más enfocado en la diversidad de formas de aprendizaje de los estudiantes, proveyendo más apoyos”.
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