18-O: del malestar a los acuerdos
El 18 de octubre de 2019 hizo visibles frustraciones que venían acumulándose desde hacía tiempo. Pensiones insuficientes, problemas en salud, pagos excesivos de peajes, la percepción de que algunos accedían a beneficios que otros no tenían y una sensación de estancamiento formaban parte de ese malestar.
Ese día dejó expuestos los dolores del momento, pero no las soluciones. Después tuvimos dos procesos constitucionales que pretendían resolver esos problemas casi milagrosamente. Pero la gente no es ingenua y se dio cuenta de eso. Cambiar una Constitución no significaba, por sí solo, mejorar las pensiones ni resolver los problemas de salud que afectaban a las familias.
También hemos tenido gobiernos que se han ido a los extremos, sin que eso termine siendo la solución. Cuando se alcanzan acuerdos, son los sectores más moderados los que permiten construirlos. Para ello hay que conversar con quienes piensan distinto y aceptar que una solución compartida exige que todos estén dispuestos a ceder.
El país perdió confianza y sus efectos todavía se sienten en la inversión, tanto interna como externa. Para que las personas y las empresas vuelvan a invertir se necesita un país que entregue certezas y confianza. Recuperarlas requiere tiempo y señales consistentes que permitan mirar el futuro con seguridad.
También se quebró parte del pacto social. Esa pérdida de confianza favoreció los individualismos y fortaleció los extremos. Cuando disminuye la confianza de las personas en las instituciones y en la capacidad del país para avanzar, se hace más difícil construir soluciones compartidas.
Muchos sueños de sectores medios también se vieron truncados o frustrados. Personas y familias que durante años habían logrado avanzar sintieron que parte de esas expectativas retrocedían. El intento de buscar atajos terminó generando nuevas frustraciones.
Con el tiempo, varios de los problemas esgrimidos han ido mejorando, pero no de forma mágica, como algunos pretendían, sino con acuerdos, conversación y seriedad. Esa es la manera de avanzar.
Uno de los ejemplos más claros está en la protección social. Crear la Pensión Garantizada Universal durante el gobierno del presidente Sebastián Piñera significó un logro importante. Más tarde, el acuerdo alcanzado en materia previsional permitió que más de dos millones de personas estén recibiendo nuevos beneficios. Son cambios que requirieron acuerdos y capacidad de construir soluciones.
Pero el 18-O también dejó costos que se sienten. Los problemas que dieron origen al malestar siguen requiriendo respuestas. Algunas se han ido construyendo y otras todavía están pendientes.
Si comparamos cómo estamos hoy en esos temas con lo que ocurría hace siete años, hay avances. Pero los avances no se consiguen con violencia. La experiencia de estos años muestra que los más importantes han llegado cuando ha existido disposición a alcanzar acuerdos y construir soluciones que puedan sostenerse en el tiempo.
Por Pedro Pizarro, vicepresidente Instituto Libertad
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