Opinión

El niño que nadie quiso ver

Los dimes y diretes no ayudan, menos las peleas por redes sociales; el tono beligerante y divisivo no solo no contribuye, sino que obstaculiza. Socavan toda posibilidad de sacar adelante al país en esta materia tan seria, como es el efecto del cambio climático, y en todas las cosas que importan.

16.10.2026 Limpieza de calles en Las Condes - Post aluvión Foto: Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

El efecto fue devastador, traumático. En pocas horas, el agua y el granizo golpearon a Santiago de un modo inédito; al menos en décadas. No se podía creer. Y la vida en las comunas afectadas, quedó, de un momento a otro, suspendida. El barro, el agua, las inundaciones, fueron la única noticia.

Estos eventos climáticos fueron inesperados, sí, pero no eran imposibles de predecir. El aluvión de la semana pasada, y las intensas lluvias de esta, son lo que los expertos denominan “sorpresas predecibles”. Aquello que se sabe que puede pasar, pero que no se quiere asumir. Y, por tanto, al evitar enfrentarlo se deja de administrar.

Que el efecto del fenómeno de El Niño iba a afectar a Chile de modo intenso, y que debía ser una prioridad, no es sorpresa. Lo dijo en estas mismas páginas, hace menos de un mes, Helen Czerski, destacada física británica, que también es oceanógrafa, divulgadora científica y presentadora de programas de ciencia de la BBC, e investigadora en el Departamento de Ingeniería Mecánica en la University College de Londres. “El Niño es el mayor problema para Chile y deberían preocuparse”, dijo a La Tercera. “Esto es lo que sucede cuando se inyecta energía extra en el océano y luego cambia cómo funciona el sistema. Y (ustedes) van a estar en primera línea de lo que eso significa, no es aleatorio. No es como si algún dios hubiera tirado un dado y hubiera dicho: “Oh, ya sabes, vamos a tener El Niño y todo va a ser muy difícil”, explicó.

El cambio climático ha sido desplazado de la agenda pública, pero no por ello ha desaparecido; al revés. Eso tampoco es una novedad (salvo para los negacionistas climáticos). Y la influencia de este en El Niño lo hace aún más intenso. Al combinarse con el cambio climático, los episodios de El Niño dificultan aún más las condiciones de vida. “Nuestro clima global ya registra temperaturas elevadas, y el calentamiento provocado por El Niño en el océano Pacífico ejerce una presión adicional sobre la vida silvestre, las personas y la infraestructura” (WWF).

Avisados ya estábamos, por científicos extranjeros y chilenos.

Además de esto, instituciones chilenas alertaron sobre los lugares de riesgo. La Tercera publicó el viernes la minuta de la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP que informó en agosto de riesgos aluvionales en Las Condes. Como allí se afirma, desde finales del año pasado, “tras un incendio que quemó la cobertura vegetal en la zona precordillerana se preveía que podría haber un aluvión y distintas entidades emitieron advertencias al respecto”.

Pero, o no se quiso ver, o no se asumió la gravedad. Y vino la “sorpresa”.

Lo peor es que la reacción ex post de las autoridades no da luces de que habrá un cambio de mentalidad en el manejo de la disrupción climatológica. En primer lugar, se ha visto pugna entre las autoridades: en vez de unión y colaboración, álgidas disputas. La alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, acusó al gobernador Claudio Orrego de no estar presente (¿sirve de algo endosar responsabilidades?). Luego, el gobernador y el intendente entraron en polémica por quién tiene que comprar los radares meteorológicos que podrían avisar tempranamente…

No ayuda para nada que cada cual esté viendo el tema desde su parcela, desde su nicho, en el corto plazo, sin mirar el panorama general. Y el panorama general es que estos temas no se resuelven con mentalidad de silos, sino de cooperación y convergencia. Cooperación y acuerdo entre países, por eso el Acuerdo de París es tan importante. Y colaboración dentro de cada país. Los dimes y diretes no ayudan, menos las peleas por redes sociales; el tono beligerante y divisivo no solo no contribuye, sino que obstaculiza. Socavan toda posibilidad de sacar adelante al país en esta materia tan seria, como es el efecto del cambio climático, y en todas las cosas que importan.

Por último, es desolador que, mientras aún se termina de limpiar el barro, se informe que el gobierno actual le ha recortado en el Presupuesto los recursos al Ministerio de Medio Ambiente justamente en materia de cambio climático, calefacción sustentable, además de omitir la glosa para el Acuerdo de Escazú. Un 60,32% menos en la asignación de Cambio Climático y NDC (planes y compromisos que cada país presenta en el Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático); 54,47% menos en Calefacción Sustentable, y 19,40% en Programas de Fiscalización Ambiental.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El cambio climático es una realidad que impactará cada vez más, especialmente gracias a la proliferación de liderazgos que niegan –o le bajan el perfil– a sus efectos. No es una batalla perdida, hay medidas individuales, sociales y políticas que se han tomado y que hay que defender. Y otras que deben tomarse hoy, sin divisiones y sin peros.

Porque cuando la naturaleza se expresa, es imposible no escucharla.

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