¿Dónde está la oposición?
La encuesta CEP nos trae malas noticias en el plano económico. La percepción sobre la actual situación económica del país y personal cayó significativamente respecto de septiembre-octubre del año pasado. Ello se condice con las cifras macroeconómicas. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de abril cayó 1,2%, la tasa de desempleo para el trimestre móvil febrero-abril fue de 9,1%, la más alta en los últimos cinco años, el Índice de Precios del Consumidor (IPC) de abril sufrió una variación de 1,3%. Nuestra economía se contrae, la vida se encarece y hay más personas sin empleo. Este escenario nos pilla en un momento de estrechez fiscal, dejando poco margen al gobierno para implementar una política económica expansiva.
Sin embargo, lo más preocupante es la pérdida de esperanza. El año pasado, ante un cambio de gobierno, mejoraron las expectativas económicas de la población de forma importante. Pero, a tres meses de que asumiera el nuevo gobierno, las expectativas se desplomaron, aumentando de 15% a 31% quienes piensan que la situación económica del país empeorará y de 5% a 12% quienes creen que su propia situación empeorará. La frustración, el miedo y la ausencia de expectativas es una combinación explosiva que la política está llamada a atender con urgencia.
Ante este escenario, ¿dónde está la oposición? Podremos tener críticas al gobierno, pero al menos no ha sido indolente. La Gran Reforma busca reactivar la economía y fomentar el empleo. Por cierto, no está exenta de problemas. Una de las principales preocupaciones es la deuda pública, dada la menor recaudación que implica el proyecto. ¿Cuál ha sido el aporte de la oposición? Ninguno. En buena hora les importa el equilibrio fiscal, después de haber incumplido la meta durante tres años consecutivos, pero sus propuestas para compensar brillan por su ausencia.
Preocupado por la situación fiscal, el gobierno, después de tres meses de advertencias, ha decidido utilizar medidas de ultima ratio para con los deudores del CAE, embargando las cuentas corrientes de quienes tienen remuneraciones sobre los 3 millones de pesos mensuales. Ante ello, la oposición acusa al gobierno de inhumano. La moralización es típica entre quienes ostentan superioridad moral, pero siguiendo el juego, ¿no es acaso más inhumano que el 10% más rico no pague una deuda, cuya tasa de interés ya subsidiamos todos los chilenos, sabiendo que con esos recursos se financian las políticas sociales para los más pobres? ¿En qué minuto la oposición se olvidó de los más pobres para defender a los deudores que ganan seis veces el sueldo mínimo? La promesa irresponsable de condonación del CAE hizo aumentar exponencialmente la morosidad, alcanzando la deuda los 4 billones de pesos. ¿Dónde está la autocrítica? La frivolidad alcanza su grado máximo cuando el expresidente Boric le echa la culpa a la derecha de no haber querido legislar para tener un nuevo sistema de financiamiento. Me gustaría recordarle que fueron ellos los que se negaron a legislar tanto en su gobierno como en el del Presidente Piñera, pues efectivamente existe consenso técnico en que un crédito contingente en el ingreso es el mejor instrumento, instrumento al cual siempre se negaron.
Ante la Ley “Escuelas Protegidas”, la oposición reclama que la revisión de mochilas estigmatiza a los jóvenes y vulnera su dignidad. ¿Por qué la revisión en aeropuertos y estadios no estigmatiza y en la escuela sí? ¿Acaso la oposición ignora el amplio acceso a armas blancas y de fuego que tienen hoy los jóvenes? Frente a la violencia, que es la principal preocupación ciudadana, el Frente Amplio con el Partido Comunista proponen derogar la “legítima defensa privilegiada” de la ley Naín Retamal. En los diferentes frentes, las propuestas de la oposición están completamente desintonizadas del sentir de la ciudadanía. Esto es preocupante, porque para salir de la situación en que nos encontramos no basta el gobierno, necesitamos ambas fuerzas.
Por Sylvia Eyzaguirre, investigadora del CEP
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