Indemnización laboral y pensiones: una discusión necesaria
La propuesta de reemplazar la actual indemnización por años de servicio por un sistema de indemnización a todo evento abre un debate relevante en Chile. Hasta ahora, la discusión se ha concentrado en la protección de los trabajadores y en los costos para las empresas. Pero hay otra dimensión, menos visible y no menos importante: su eventual efecto sobre la continuidad de las cotizaciones y, en el largo plazo, sobre las pensiones.
Hoy, la indemnización por años de servicio beneficia solo a quienes terminan su relación laboral por necesidades de la empresa o desahucio del empleador, y según antecedentes del Ministerio del Trabajo, cerca del 80% de los trabajadores nunca accede a este beneficio. La alternativa en evaluación, en cambio, apunta a una cuenta individual financiada con una cotización adicional del empleador de 1,8%, cuyos recursos podrían retirarse al término del vínculo laboral cualquiera sea la causal.
Más que pronunciarse aquí sobre cuál sistema debiera adoptar Chile, importa advertir que las reglas laborales también pueden tener efectos previsionales. En los sistemas de capitalización individual, la pensión no depende solo del salario ni de la tasa de cotización, sino también de cuántos meses una persona cotiza efectivamente en su vida laboral. Por eso, las lagunas previsionales, la informalidad y las transiciones prolongadas entre empleos debilitan directamente las pensiones autofinanciadas.
Desde esa perspectiva, una indemnización a todo evento merece atención. Si el trabajador puede cambiar de empleo sin perder el ahorro asociado al término de la relación laboral, disminuye un costo que hoy puede desalentar la movilidad. Y si la empresa enfrenta un costo más predecible, también podrían moderarse ciertas rigideces de contratación. La evidencia comparada aconseja prudencia, pero no invalida esta hipótesis.
El caso más citado es Austria. Su reforma de 2003 reemplazó el antiguo esquema de indemnización, ligado a permanencia y despido, por aportes del empleador a cuentas individuales portables entre empleos. La literatura encontró un aumento sustantivo de la movilidad laboral tras la reforma, especialmente entre trabajadores más expuestos a perder su empleo. Algo parecido muestra el seguro de cesantía chileno: un estudio encontró que el uso de cuentas individuales reduce los incentivos a demorar la reinserción laboral, por lo cual cuando el beneficio se percibe como ahorro propio, la búsqueda de empleo tiende a ser más rápida.
Con todo, la evidencia internacional muestra, por un lado, que los esquemas portables pueden aumentar la movilidad laboral y, por otro, que las trayectorias laborales continuas son clave para mejores pensiones en sistemas de capitalización individual. El vínculo directo entre ambos fenómenos no ha sido probado de manera empírica directa, pero la hipótesis que los conecta es razonable y merece ser parte del debate.
Además, en Chile conviene recordar un punto poco conocido: una forma de indemnización a todo evento ya existe. Se trata de la indemnización sustitutiva, que puede pactarse para trabajadores dependientes y que, desde el séptimo año de la relación laboral, permite al empleador aportar entre 4,11% y 8,33% de la remuneración imponible, con tope de 90 UF, a una cuenta administrada por la AFP. Esos fondos pueden cobrarse al terminar la relación laboral, sea por renuncia o despido. A diferencia de la propuesta en discusión, sin embargo, se trata de un mecanismo voluntario y no de una cotización obligatoria adicional del empleador.
La discusión de fondo, entonces, no debiera agotarse en comparar quién gana o pierde con un cambio en el régimen de indemnización. También debiera preguntarse si ciertas reglas laborales ayudan o dificultan trayectorias más formales, continuas y compatibles con mejores pensiones futuras. En un país con densidades de cotización aún insuficientes, esa pregunta es central.
*El autor de la columna es gerente de estudios FIAP
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