Opinión

El rodaje de los debutantes

Foto: Mario Téllez MARIO TELLEZ

Cuando eligieron a José Antonio Kast como Presidente, gran parte de los chilenos lo hizo anhelando un mejor futuro y mayor tranquilidad. A 27 días de asumir el gobierno, la ciudadanía se alejó fuertemente de esa aspiración. Hoy, según la última encuesta Cadem, 52% cree que Chile va por mal camino, esto es, 26 puntos más que cuando asumió la nueva administración.

La planificada táctica de “copamiento” comunicacional impulsada por La Moneda, que intentó sobreestimular la agenda con anuncios, la exacerbación de la idea de crisis y crítica al gobierno anterior, el shock del alza de los combustibles y un cúmulo de sucesivos errores, catapultaron una de las caídas de expectativas ciudadanas más abrupta registrada por un gobierno debutante.

Cualquier nueva administración, sea en el Estado o en una empresa, requiere de un periodo de rodaje. El problema es que, en este caso, un “Kast modo campaña” sembró la ilusión que en su caso eso no existiría, pues bajo su liderazgo, Chile comenzaría a vivir una nueva era, gracias a una disciplinada narrativa en torno a la emergencia y un diagnóstico sin matices.

Los gobiernos de derecha suelen prometer más orden y mejor gestión. El republicanismo redobló esa apuesta. En su primer discurso, Kast fue claro: su batalla era entre el caos (que heredaba) y el orden que su administración nos llevaría. Pero esa promesa ha mostrado sus primeros signos de desgaste. En lo más básico, las salidas de libreto y equivocaciones se proyectan no solo como desorden, sino que dan la idea de una ausencia de estrategia y alimentan el pesimismo. Lo que ocurre con la gestión de seguridad, que estuvo en el corazón de la campaña de Kast, es el ejemplo más evidente. Combatir el avance del narcotráfico y disminuir la percepción de inseguridad de las personas, no se logra enfocándose en descoordinaciones institucionales, sino que, en desplegar y visibilizar una estrategia sólida.

El gobierno de Kast no tiene tanto tiempo para instalarse. No más del 25% de la ciudadanía votó por él en primera vuelta; el resto, un electorado pragmático y desleal, ya le está cobrando muy rápidamente la cuenta porque ve un Ejecutivo en conflicto y disputa permanente, antes que “trabajando para Ud”. Activar la economía y el empleo, mitigar la violencia y formular una política de seguridad integral y sustantiva, son algunos de los tantos retos complejos que requieren de un gobierno que sume -no reste- a más actores.

Tampoco se trata de “reconstruir” Chile -como se bautizó el programa de 40 medidas que el gobierno pronto lanzará- sino que de algo más simple: volver a dar esperanzas que Chile puede, en conjunto, en su diversidad, crecer. Para ello, Kast deberá asumir y conducir políticamente la heterogeneidad de la derecha y de todo el espectro político, para lo cual ya no sirve su liderazgo incubado hasta ahora en la disciplina de solo quienes comparten sus mismos valores. Debe ir más allá. Debe ser Presidente de todos los chilenos como él mismo se comprometió a horas de resultar electo.

Por Magdalena Browne, Decana Escuela de Periodismo y Comunicaciones UAI

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