GAM, ¿una oportunidad?
Hay un anhelo transversal de ver terminado el GAM, y eso mueve voluntades. La ministra Parot ha asegurado que en estos cuatro años “esto no va a quedar botado”, y que se buscarán fórmulas, sin que ello “implique privatizar”. ¿Pueden aportar los privados al financiamiento de la cultura, al tiempo que su programación se mantiene abierta y diversa?
Veamos casos. La reconstrucción de Notre Dame en París logró movilizar cerca de mil millones de dólares en donaciones privadas, tanto que se generó un excedente presupuestario. El Whitney Museum for American Art en Nueva York depende en una gran proporción de fondos privados; el High Line (también en la gran manzana) —hoy uno de los espacios públicos más visitados del mundo— nació de una iniciativa ciudadana financiada en gran parte por filantropía; el Stavros Niarchos Foundation Cultural Center en Atenas (que incluye la Biblioteca Nacional y la Ópera Griega) fue íntegramente financiado por esa fundación privada y luego donado al Estado. El Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles fue financiado en principio por una donación de U$50 millones, que luego se completó con fondos públicos. El Museo Guggenheim de Bilbao tuvo una importante inversión de empresas privadas del País Vasco, pero la administración y propiedad recae en una fundación pública. Paris Musées es la institución pública que gestiona los museos de la ciudad, permitiendo a empresas comprometerse a través del mecenazgo. La gestión y operación del Teatro Mayor de Bogotá se realiza mediante una asociación público privada entre la alcaldía y la familia Santo Domingo.
Las fórmulas son variadas (mecenas, donantes, filántropos, patrocinadores), y hay muchos casos exitosos. Estos ejemplos muestran que, bien manejado, el aporte de empresas y personas al financiamiento de la cultura no implica (a menos que se trate de museos o instituciones netamente privadas) el reemplazo de lo público, del espíritu abierto e inclusivo que eso supone. Al contrario, lo amplifica, extiende su alcance, permite la materialización de obras que de otra manera serían imposibles. Chile ha estado lejos de esa lógica, al menos en esta escala mayor. Sin embargo, algo parece empezar a moverse. Un proyecto como la nueva sala del GAM difícilmente podrá financiarse íntegramente por aportes privados, pero lo relevante es el cambio de lógica hacia una inversión que puede ser compartida.
Tal vez lo ocurrido no sea solo una pausa, sino una invitación a repensar cómo financiamos estas inversiones culturales que transforman ciudades, y que no tienen por qué depender de una sola billetera. En ese tránsito, Chile podría estar dando un paso que no solo destrabe un proyecto particular, sino que inaugure una nueva forma de aportar a la cultura desde el mundo privado, una que aliente que las personas contribuyan, y que fortalezca la identidad e imagen de las empresas y organizaciones, promoviendo la filantropía como estrategia económica que refuerza el valor intangible de las marcas. ¡Esa es la invitación!
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
Lo último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE