Opinión

Ilusiones de igualdad (de género)

Sería un error dar por cerrada la polémica generada por las palabras que algunos líderes de derecha emitieron sobre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei. Unos recién llegados a la política se dieron el lujo de incurrir en un machismo y edadismo de libro contra mujeres de sobrada capacidad y experiencia. Pero podría ser también un error zanjarla como señales de un retroceso que es producto de la “ola reaccionaria” en curso. Porque hablar de retrocesos supone que, en materia de derechos y oportunidades, las mujeres habríamos experimentado logros y avances. Sin embargo, existe información, no suficientemente debatida en su momento, que invita a ver el asunto de otras formas.

En ese marco, cabe recordar un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del año 2023. En él, se evaluaban actitudes y creencias en política, educación, economía e integridad física, utilizando datos de la Encuesta Mundial de Valores que abarcaba al 85% de la población mundial. El resultado era demoledor: 9 de cada 10 personas (casi 90%) tenían al menos un sesgo o prejuicio arraigado contra las mujeres, una cifra sin cambios en comparación a datos reportados de una década atrás. Por otro lado, los sesgos prevalecían casi en la misma medida entre hombres y mujeres (alrededor del 90% de los hombres y el 87% de las mujeres). Llegados aquí, resulta difícil ver las salidas de tono de Olivares, Kaiser y Carter como excepción cuando parecen formar parte de una porfía de estereotipos de género más difundida de lo que nos gustaría.

Enfrentarla con honestidad supondría salir de actitudes entre las que destacan el repliegue pendular y la inmunidad crítica. Ejemplo de lo primero es esperar a que regrese una izquierda que, cuando es gobierno, se solaza en medidas de corte simbólico sin lograr hacer mella en ese patriarcado que denuncia como estructural. En cuanto a segunda, contribuyen a ella afirmaciones como las de Laura Bates. Autora de “La nueva era del machismo”, advierte de la importancia de apartarse de “enmarcar el momento de retroceso como una especie de fallo de los movimientos feministas”.

Sucede que el trabajo por la igualdad de género, sustentado en muchos casos por agentes del feminismo, ha venido mostrando cierto extravío. Adoptar un afrontamiento estratégico llevaría a distinguir lo accesorio de los síntomas y éstos, de las causas mayores. Muchas veces, el énfasis en las brechas como síntoma, o en canales como el lenguaje, ha llevado a subdimensionar verdaderos problemas de fondo. Es el caso de la persistente desvalorización de las tareas asociadas a la reproducción, al cuidado y la crianza. En esta materia, hablan por sí solos los casi veinte años que lleva el proyecto de Sala Cuna Universal discutiéndose en el Congreso.

Por María de los Ángeles Fernández Ramil, doctora en Ciencia Política.

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