Opinión

Incertidumbre y crecimiento económico

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Hace dos días que asumió el gobierno del país José Antonio Kast y es sabido que excepto por situaciones puntuales -como, por ejemplo, las relacionadas con el cable de Hong-Kong a Concón- los dos principales problemas que debe enfrentar el gobierno entrante son el de la inseguridad y el de la baja tasa de crecimiento económico.

En esta última materia, una condición necesaria para tener una significativamente mayor tasa de crecimiento es tener la situación macroeconómica bajo control. Si bien en Chile la tasa de inflación está dentro del rango objetivo del Banco Central, la situación fiscal requiere de urgentes medidas correctivas. Mantener un déficit estructural de 3,6 por ciento del PIB, como el que tuvo el país en 2025, es simplemente insostenible.

Pues bien, es sabido que para crecer se requiere de aumentos del empleo, de mejoras tecnológicas, y de incrementos de la tasa de inversión. Esta última tasa, medida por las variaciones en la formación bruta de capital fijo, aumentó vertiginosamente entre 1990 y 2012, para luego -coincidiendo aproximadamente con la evolución de la tasa de crecimiento económico- prácticamente estancarse (base de datos del Banco Central). ¿Qué cambio se produjo entonces entre uno y otro período?

Lo que sucedió es que se perdió el consenso nacional existente en torno al modelo -una variante de una economía de mercado con un rol subsidiario (positivo) del Estado- que tan buenos resultados nos dio en términos de crecimiento económico y reducción de la pobreza. Se empezaron a tomar medidas que desalentaron el emprendimiento y que señalizaron la posibilidad de un cambio de sistema económico-social, a uno en que el Estado -en vez de los mercados- jugaría un rol preponderante en la asignación de los recursos. Esto generó un importante grado de incertidumbre económica, que hizo huir a los inversionistas.

En efecto, entre 1990 y 2014 -la era de la Concertación y la del milagro económico chileno- la incertidumbre en Chile parecía ser incluso menor a aquella de los EE.UU., en cambio en la actualidad aquella de Chile supera largamente a la de los EE.UU. (Clapes-UC y QJE, 2026). Tal incertidumbre es probablemente la principal explicación de las relativamente bajas tasas de inversión y crecimiento de Chile.

Si Chile desea escapar del síndrome de los países de ingreso medio, tendrá que, uno, sanear su situación fiscal y dos, consensuar y explicitar - en el marco de una economía social de mercado- las características generales de un modelo económico-social. Ello reducirá la incertidumbre económica y generará las condiciones para un aumento significativo de la inversión. En ese sentido, la invitación del Presidente de la República a restablecer la amistad cívica y a buscar acuerdos lo más transversales posibles, merece todo el apoyo ciudadano.

Por Rolf Lüders, economista

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