¿Qué necesita la Presidencia?
La pretensión de controlarlo todo desde el Segundo Piso, denunciada por el diputado Diego Schalper, recoge una inquietud que ronda a la clase política desde que Ricardo Lagos decidiera trasladar hacia ese lugar la asesoría presidencial, produciendo la primera mutilación de calado en las atribuciones de la otrora todopoderosa Segpres de la era Boeninger. Pero también en los medios, ávidos de escudriñar por dónde circula la verdadera influencia.
El espacio se justifica por su función de apoyo directo al Presidente, pero no deja de ser perturbador, sobre todo si, como sucede con el actual, se le presume todopoderoso. Desde su origen, y con distintos grados, no ha dejado de generar tensiones, más allá del ámbito en que se entiende su funcionamiento. Nos referimos a la idea de “centro de gobierno”. Con ella, se alude al conjunto de organismos que apoyan a la máxima autoridad de un país en la coordinación estratégica y política. En Chile, aparece vinculado a un entramado institucional más amplio integrado por la propia Segpres, Interior, Hacienda y Segegob.
La conformación del equipo presidencial ha variado en el tiempo: desde el énfasis en políticas públicas y visión estratégica de Lagos y el foco en el delivery de Piñera, hasta la función de contención en tiempos de Bachelet —siendo apodado “entremés” o “entrepiso” por su supuesto bajo tonelaje político—. En el mandato de Boric, recibió críticas por su falta de experiencia y de gestión. En definitiva, su conformación responde a un diseño más integral de gobierno, influido directamente por el estilo y la personalidad del Presidente.
Para el caso del de Kast, y hasta la rebelión oficialista de días pasados, se proyectaba con una aspiración de supervisión y control de todo el Ejecutivo, con énfasis especial en ordenar la comunicación.
Los cuestionamientos habrían resultado, en principio, en reacomodos que han llevado a que el Ministerio del Interior asuma un rol más decidido en la coordinación política y articulación con el Congreso. Sin embargo, si se trata de una reacción puntual o bien de una nueva configuración de poder que cristalizará con el tiempo, es algo que solo descifrará el actual inquilino de La Moneda.
Los últimos sucesos han revelado que habría que poner mucho más cuidado en las posibilidades de riesgo y de crisis, tal como lo mostraron el “bencinazo” y la necesidad de aportar certidumbre. Si aceptamos, como postula Mario Riorda, que todo gobierno puede ser visto como “una institución propensa a las crisis”, la asesoría presidencial debiera, en un nuevo reparto de roles, colocar esfuerzos especiales en atender ambos aspectos. De este modo, resultará más útil para la toma de decisiones en un contexto global de alta vulnerabilidad crítica y sistémica.
Por María de los Ángeles Fernández R. y Fernando Rubilar L., cientistas políticos
Lo último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE