Santiago desde el aire
Una serie de teleféricos a lo largo del país van a cambiar la forma en la que nos movemos: Iquique-Alto Hospicio, Talcahuano, Puerto Montt, Barón-Placilla; todos ellos permitirán conexiones eficientes y limpias. Y en Santiago, el de Pío Nono y, sobre todo, el Bicentenario, conectarán puntos clave. Pero no solo harán eso: también permitirán otra lectura de la ciudad, esta vez desde la altura.
Mirar la ciudad desde arriba es algo nuevo en la historia. Hasta antes de los vuelos regulares, solo unos pocos globos y sus afortunados pasajeros pudieron admirar y entender las urbes desde esa perspectiva, con una comprensión de su trazado y geografía que solo es posible cuando el ojo se despega del suelo. Y es que cuesta hacerse a la idea, pero nadie vio las grandes ciudades de la Antigüedad, de la Edad Media o el Renacimiento así, a menos que algún cerro próximo permitiera miradores. En las ciudades de las grandes llanuras americanas eso no existía y en Europa eran excepcionales. En 1923, la célebre fotografía aérea “The Heart of the empire” mostraba el Támesis sinuoso atravesando el abarrotado Londres por primera vez. En esos mismos años, los “aeropintores” futuristas italianos se fascinaron con la posibilidad que los aviones entregaban de ganar esa nueva perspectiva y velocidad, y mostraban ciudades aceleradas, girando, en caída libre desde esos ojos que, por primera vez, lograban verlas desde arriba. Muchos recordamos la fascinación de descubrir el mundo de esa manera cuando, en 2005, se lanzó Google Earth y desde nuestras pantallas pudimos saltar por primera vez desde las calles rectas de Manhattan a los ejes de París sin ningún esfuerzo. Yo llevaba cerca de una década haciendo clases de urbanismo para ese momento, y el cambio para los estudiantes a partir de esa herramienta fenomenal fue increíble; las ciudades se entendían, se medían, se comparaban sin esfuerzo como nunca fue posible.
Por supuesto, Santiago no tuvo que esperar al teleférico para verse desde arriba. Para eso estaban los paseos por el San Cristóbal, los aterrizajes en el aeropuerto o el Sky Costanera. Pero lo que va a ocurrir a partir de la pronta llegada de esta nueva forma de movilidad es diferente; tiene otra envergadura, otro alcance. Hasta seis mil pasajeros por hora verán la ciudad desplegarse a lo largo del río, sobrepasar el cerro, recortarse contra la cordillera de fondo. Compararán la urbanización al sur y al norte del cerro, los parques que desde hace un siglo hemos construido en las riberas del Mapocho, la altura de los edificios en el sector financiero contra la gran mancha baja y extendida. Y es que Santiago es una de esas ciudades en las que esta lectura es especialmente clave; sus cerros islas elevándose desde los barrios, sus montañas gigantescas, la potencia de su geografía.
Además de un aporte a la movilidad, el teleférico será una clase de urbanismo diaria para una buena parte de la población de la ciudad que rara vez tuvo la oportunidad de ver su ciudad de esta manera.
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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