Cuando el sexo duele (y cómo hacerlo para que deje de doler)

El dolor que puede generar tener relaciones sexuales muchas veces es un tema pasado por alto. No hablarlo responde a la poca educación sexual y al temor social a abordar el tema porque no hay evidencia física del dolor. De hecho, existen parejas que viven años con relaciones sexuales dolorosas y otras que simplemente renuncian a ella. Conocer sus causas y enfrentar el problema es fundamental para una vida sexual sana.




Para muchas personas, el sexo es un importante parámetro de bienestar imprescindible para la vida. Sin embargo, ocurre que durante el coito pueden producirse dolores, especialmente en las mujeres. Que el sexo duela no es lo ideal y muchas mujeres que deciden evadir este tema conviven con esas molestias durante años, manteniendo relaciones dolorosas e insatisfactorias.

“El dolor no se consulta, se perpetúa en el tiempo", explica la terapeuta sexual, Claudia Hurtado. "He visto en mi consulta mujeres que llevan 20 años manteniendo relaciones sexuales dolorosas o mujeres que han tenido que dejar de tener relaciones porque ya no dan más, pero que no han consultado porque creen que son las únicas que tienen ese problema o que se debe a una deformidad. El problema se debe a que nadie visibiliza que el sexo puede generar dolor”.

Los diagnósticos que más se repiten cuando hay dolor en la sexualidad de la mujer son dispareunia y el vaginismo. El primero se puede dar tanto en hombres como mujeres y consiste en un dolor profundo o molestia antes, después o durante la unión sexual. En cambio el vaginismo consiste en una contracción involuntaria de los músculos de la vagina, imposibilitando la penetración.

Según explica la kinesióloga de piso pélvico, María José Quiñinao, en estos diagnósticos -a diferencia de otras enfermedades- el gran problema es que no existe una evidencia física que los acredite, ya que cuando las mujeres acuden al ginecólogo por dolores, los doctores examinan y no encuentran pruebas físicas de que algo este mal. Debido a esto, muchas mujeres pensarán que físicamente está todo bien y hay algo malo en ellas.

“Las mujeres que habitualmente sufren de esto tienden a peregrinar por muchos médicos sin diagnóstico, en vez de que decirles que sí, efectivamente pueden sufrir de vaginismo, por ejemplo. Hay factores emocionales y sicológicos súper importantes y a la vez un componente biológico que se desconoce”, describe la ginecóloga Loreto Vargas.

Las especialistas concuerdan que el principal tema de fondo es que las mujeres no se conocen a ellas mismas. Cuando hay relaciones heterosexuales con coito, por ejemplo, la mujer puede no saber sus preferencias o no ha experimentado una etapa de excitación suficientemente buena, por ende, no se generará la lubricación necesaria, lo cual puede provocar dolor.

“Las mujeres deben entender que el piso pélvico es una musculatura que abraza todo el canal vaginal, prácticamente dos tercios de ese túnel, entonces, cuando está más activo hace difícil la penetración”, comenta Quiñinao. De acuerdo a María José, existen muchos factores que pueden activar el piso pélvico. De la misma forma en que nos duele los hombros o espalda cuando estamos tensos, también puede ocurrir que ciertos escenarios activen esa zona. “Como la mujer no se conoce, tiene relaciones, le duele y no entiende qué es lo que está pasando. Entonces entra inmediatamente en un ciclo de dolor, porque una vez que le duela, el cerebro guardará esa experiencia como dolorosa y probablemente en la siguiente relación, la mujer vaya con más cuidado”, explica.

Las disfunciones sexuales se pueden provocar por distintos factores, tanto en hombres como en mujeres. Los más comunes se pueden deber a malas primeras experiencias sexuales, abusos, timidez, traumas vaginales como el posparto, creencias religiosas estrictas o diversas inseguridades, como, por ejemplo, no cumplir con las expectativas o no tener un cuerpo deseable.

Para su tratamiento, según explica Claudia, es muy importante estudiar la biografía sexual, es decir, explorar cuáles fueron los hechos que construyeron la identidad sexual: desde la primera persona que le gustó, la relación con masturbación, la primera relación sexual, relaciones de pareja tóxicas, crianza, inseguridades y un gran etcétera. Así mismo, la terapeuta asegura que se debe cuestionar las creencias limitantes que existen sobre la sexualidad, es decir, “que a las mujeres que les gusta el sexo son fáciles”. “De la mano de esto, se debe explicar cómo funciona la sexualidad y hacer un plan de autoexploración para que se conozcan a ellas mismas, qué es lo que les gusta, qué necesita para su fase de excitación. Es un trabajo paso a paso que también se da de la mano de un kinesiólogo de piso pélvico”, explica.

El tratamiento kinesiológico para el dolor en la sexualidad de la mujer, al igual que en la psicología, parte por la educación. “Se enseña la anatomía para que la mujer baje un poco esa ansiedad. Es un trabajo para que entiendan cómo funciona sus genitales y su canal vaginal, porque finalmente hay un dolor pero ningún daño evidente que ellas puedan ver. Además, se hacen muchos ejercicios de activación y movilidad con prioridad en relajar el piso pélvico para que ellas pueden tener control de ese espacio y su musculatura”, comenta Quiñinao.

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Estas tres especialistas en conjunto con otras mujeres han formado un equipo multidisciplinario que se dedica a educar sexualmente a la mujer en todas sus etapas y tienen una cuenta en Instagram.

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