Qué hay detrás del ‘Celibato Voluntario’
Este término, que hace referencia a la decisión de no participar de encuentros sexoafectivos con hombres, se ha popularizado en redes sociales, sobre todo entre mujeres cada vez más jóvenes, lo que parece estar indicando un nuevo precedente en el mundo de las relaciones heterosexuales.
A fines de noviembre pasado, la edición británica de Vogue público un artículo que tituló con la pregunta: ¿Es vergonzoso tener novio hoy? La publicación generó una ola de cuestionamientos, críticas y hasta un trend de TikTok en el que parejas heterosexuales compartían momentos de felicidad y compañerismo, cuestionando: ¿cómo aquello podría ser calificado de vergonzoso?
El interés mediático fue de tal magnitud, que la autora publicó una “aclaración” donde explicaba que en ningún momento proponía que fuera vergonzoso tener novio, sino que más bien aludía a dos fenómenos que le parecían constantes. La creciente elección de múltiples mujeres de postear poco o nada a sus parejas en redes sociales, y en el otro extremo, quienes se convertían en personas tediosas de seguir, pues perdían su esencia, a favor de la identidad de su pareja.
Dos meses más tarde, la misma autora publicó en Vogue otra columna declarando el 2025 como el año en el que las mujeres se eligieron a sí mismas, argumentando que una serie de nuevos patrones relacionales e indicadores culturales, avalaban la teoría de que las mujeres heterosexuales, habían llegado a la conclusión de que la opción más chic se ha convertido en elegirse a una misma, a modo de auto preservación de la salud mental, física y espiritual.
Prueba de aquello es el surgimiento de dos conceptos: “Boysober”, práctica que consiste en pausar las citas además de las relaciones románticas para centrarse en una misma; y el auge en el discurso público sobre el “Celibato voluntario”.
Pero, en una sociedad como la nuestra, donde también hemos apelado al libre ejercicio de las relaciones sexuales casuales; cómo, cuándo y con quién queramos, ¿es la práctica del celibato voluntario una verdadera forma de autocuidado o más bien una consecuencia del hetero fatalismo en el que parecemos estar viviendo?
Fue en 2019 que el columnista Asa Seresin se refirió al termino “hetero pesimismo” como la decisión activa de desvincularse de la heterosexualidad por arrepentimiento, vergüenza o desesperanza con la experiencia hetero, pero sin un abandono de la preferencia sexual en sí.
Entre la decepción, la preservación personal y ser “excesivamente selectiva”
“Tomar esta decisión realmente fue como un cariño al corazón”, así califica su experiencia con el celibato voluntario María Inés, joven de 23 años y estudiante de cuarto año de ingeniería civil mecánica.
“Mane” cuenta que desde los 14 años siempre había estado en “algo con alguien”, ya fuera saliendo o texteando con hombres. Fue posterior al término de una relación de tres años que se percató de que nunca había estado completamente sola. Por lo que, en conjunto con amigas de la universidad, tomaron la decisión de practicar la abstinencia sexual de forma voluntaria, por tres meses.
Su única regla para romper la práctica era si la invitaba a salir alguien con quien estuviera ciento por ciento segura de salir.
Al finalizar esos tres meses, esa salida ocurrió, sin embargo, comenta que fue “súper decepcionante” porque volvió a lo mismo: desilusiones amorosas y comentarios fomes. Desde entonces lleva cinco meses célibe.
“Personalmente encuentro que es una forma de autocuidado a la que recurrí para probar. me metí al gimnasio, estoy boxeando, tengo mucho tiempo para estudiar y aprender idiomas nuevos” explica.
En cuanto a si su decisión va desde un lugar de desencanto con la cultura hetero, dice que no se identifica con este concepto, pues sigue siendo una romántica, fanática del amor a la antigua y dice que algún día, le gustaría casarse.
Sobre cómo ha cambiado la relación consigo misma desde que es célibe, manifiesta que ha logrado una mirada introspectiva. “No había momento en el que me mirara hacia adentro y pensara en cómo me sentía, qué tenía ganas de hacer, qué quería comer. Mi mente siempre estaba sobrepensando en un tercero. Ahora el foco está en mí”, dice.
En cuanto a lo más difícil de ser “VolCel”– abreviatura de “Voluntary Celibate”–, dice que primero está el aprender a decir que no y, por otro lado, el lidiar con la vergüenza que se siente al explicarlo. Relata que se ha topado con todo: hombres que se rieron de ella, hasta otros a quienes califica de sensibles, que manifestaron curiosidad sana por su decisión.
Javiera también tiene 23 años. Tiene sus estudios de psicología congelados y practica el celibato de modo voluntario. Pero atribuye su decisión a ser “excesivamente selectiva”.
Relata que siempre había salido con gente que conocía de algún lado, a riesgo de no salir con desconocidos. También dice que nunca le han gustado las mentiras, los celos y la falta de comunicación. Cosas que, para ella, lamentablemente siguen presentes en las relaciones.
Habla de sus padres, quienes se amaban mucho hasta que su padre falleció, por lo que su concepción del amor es la de un amor sano y para siempre. Es esta combinación de factores a la que atribuye su dificultad para permanecer emparejada por periodos largos.
Fue hace dos años y medio que tuvo una relación donde puso a prueba si sus reglas eran lo que la hacía estar muy sola. Con el propósito de ser menos “intolerante”, dejó pasar tres situaciones puntuales que no le gustaron, pero tras un cuarto incidente, donde estuvo a punto de ser agredida físicamente, comenzó a ser el doble de cuidadosa.
“Odio este vacío de cuando te das cuenta de que algo no funcionó y te quedas con esa sensación horrible de ¿por qué esto no dura más?, o ¿por qué no es tan importante para ti este vínculo como lo es para mí? Eso me hace sentir desechable”, detalla.
Intentó conocer gente por Tinder, uno de ellos planeó una cita, sin embargo, la canceló para, posteriormente, escribirle a la una de la mañana pidiéndole “salir”. Cambió de ambiente de nuevo, salió con gente del gimnasio, pero dice que fue más de lo mismo, desde entonces, también lleva cinco meses célibe.
“Siempre me he tenido una estima muy grande como mujer, persona y pareja. No es que yo evite a los hombres, es simplemente un autocuidado mental, porque las relaciones pasajeras desgastan y te duelen. Despertar en la cama de un desconocido ¿qué satisfacción te da? Si al final te devuelves sola. Creo que es tratar de llenar un vacío que nunca se llena” analiza.
Tanto Mane (@manearz) como Javiera (@javcrebo) hicieron público en sus cuentas de TikTok la decisión de practicar el celibato voluntario. Ambas expresan que la respuesta por parte de sus comunidades, compuestas casi exclusivamente por mujeres, ha sido positiva y que no solo han inspirado a otras mujeres a tomar la misma decisión, sino que parece ser que a todas les hace sentido su decisión. “Es algo más que personal, es colectivo, como muy de gente de la generación de los 20”, dice Mane.
Coincide con esta teoría, la sexóloga argentina Analía Pereyra, quien propone que el celibato voluntario vendría a ser típico de la generación Z –nacida entre 1997 y 2012– pero, que existen discrepancias respecto a cuán consciente es esta decisión, pues cree que en parte la determinación a participar en esta práctica guarda relación con la estructura patriarcal y la socialización entre hombres y mujeres en la esfera heterosexual.
“El hombre esta socializado como quien debe tener el poder, siempre son su prioridad por lo que no saben empatizar, enamorarse o sentir. Por otro lado, como mujeres somos socializadas para estar disponibles para un otro, ser mamás, ser pareja, y esta mezcla hace que el hombre vea a la mujer como un cuerpo al ser utilizado” detalla Pereyra.
Manifiesta que, a raíz de aquello, ve en su consulta muchísimas mujeres de entre 20 a 35 años que no se quieren vincular con hombres porque, aunque se sientan atraídas, ellos parecen no empatizar y sobre todo no conectar con la sexualidad de ellas.
¿Qué ocurre con la conexión emocional y sexual?
Florencia Grebe, terapeuta sexual y de pareja, explica que precisamente uno de los factores más comunes en cuanto a la insatisfacción sexual de la mujer es, primero, la falta de autoexploración, que decanta en no saber qué es lo que se quiere y cómo pedirlo. Y, por otro lado, la falta de escucha activa por sus parejas, quienes tienden a tener una visión coito centrista, penetrativa y pornográfica del sexo, lo que inevitablemente lleva a una desconexión.
Conexión emocional que va estrechamente vinculada al deseo, punto donde coinciden ambas especialistas.
“Los humanos tenemos sed de piel, estar con un otro implica utilizar todos los sentidos y la erótica esta precisamente ahí, pero en un encuentro donde el otro te registre, que exista realmente alguna conexión, aunque sea una sola vez, para que sea placentero, cuidado y amoroso”, declara la sexóloga trasandina.
Esto no quiere decir que no podamos disfrutar del sexo casual sin emociones, ya que hay quienes pueden compartimentalizar sus emociones a la hora de tener sexo. Pero tal como dice Analía, la otra persona al menos debe registrarte.
A la hora de tomar una decisión como la de ser célibe, Grebe llama a explorar las experiencias previas en orden a identificar si la determinación está mediada por el miedo que lleva a un escenario evitativo, o desde el autocuidado y entendimiento pleno de los costos y beneficios a nivel vincular que trae el VolCel.
“Toda conducta que se rigidiza con el tiempo termina siendo problemática, somos seres sexuales, y la gracia de la sexualidad está en vivirla desde la fluidez y la flexibilidad de permitirse habitar diferentes estados, probar y seguir explorando”, determina Florencia.
Mientras a Mane la rodea de duda hasta dónde podrían extenderse los plazos y límites de su celibato, Javiera sostiene que quiere aprender a estar sola para no tener que depender de otros tipos de amor. Si no llega nunca, no llegará, pero por lo menos ella se siente en paz consigo misma.
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