¿Por qué se nos pone la cara roja?




Todos lo hemos vivido. Una situación intimidante, un error frente a otras personas que nos hace sentir vergüenza, un momento de risa intensa o un susto. Quizás incluso el simple recuerdo de un momento estresante, una rabia o otra emoción desagradable e incluso algo tan sencillo como un cambio de temperatura repentino pueden bastar para que nuestro cuerpo reaccione de distintas maneras. Para algunos es el sudor en la frente o el temblor en las manos lo que los deja en evidencia. Para otros, rápidamente las mejillas se vuelven rojas delatando esos sentimientos incómodos que preferirían ocultar.

Si bien se trata de manifestaciones que pueden resultar desagradables e incluso pueden generar ansiedad, son todas reacciones normales de nuestro sistema nervioso. Cuando nos vemos en una situación de estrés o en un momento de tensión se activa el mecanismos de respuesta o de huida que prepara al cuerpo para correr o atacar. Dentro de las distintas acciones que se gatillan como parte de este estado de alerta esta la dilatación de venas y vasos sanguíneos a lo largo de todo el cuerpo que aumenta el flujo de sangre a las distintas áreas, incluido el rostro. Esto produce un incremento temporal de la pigmentación roja de la piel, especialmente en las mejillas.

Pero, además de los detonantes psicosociales, existen diversas condiciones dermatológicas que afectan a muchas personas y que producen que el efecto de la cara roja no sea solo más intenso, si no que también se propague por otras zonas del rostro y perdure en el tiempo. La dermatóloga de la Clínica Santa María, Carla Muñoz, explica que las caras rojas pueden verse en cuadros de dermatitis alérgicas o irritativas, de dermatitis seborreicas, lupus y acné severo entre otras condiciones. Sin embargo, aclara que, sin duda, una de las causas más frecuentes de rojez en el rostro es la rosácea.

La rosácea es una condición crónica que afecta a la piel de las personas y que se caracteriza por el enrojecimiento y la inflamación de diferentes zonas del rostro. Para la mayoría comienza con una híper pigmentación de las mejillas o la nariz pero que, con el paso del tiempo, se vuelve intensa y persistente. Si bien no es una condición congénita, es decir, no nacemos con rosácea, aquellas personas que tienen madres o padres con esta condición tienen una predisposición a desarrollarla a lo largo de sus vidas. Por eso es importante conocer de qué se trata y limitar la exposición a los factores gatillantes.

Sentir que la piel del rostro se vuelve de un color rojo intenso cuando estamos en medio de una reunión, una conversación u otra situación social puede hacer sentir a quienes viven con rosácea tremendamente incómodos y solos. Pero la realidad es que están lejos de ser un caso aislado. Según cifras obtenidas en una investigación publicada en 2018 en la Revista Británica de Dermatología, más de un 5% de la población mundial vive con esta condición. Se trata de un cuadro tan común, que muchos artistas, cantantes y personajes populares como Renee Zellweger, Mariah Carey y Lady Diana han vivido con ella.

Y así como es un cuadro común, también es uno que se manifiesta de formas diversas. Existen distintos síntomas de rosácea y muchas veces los pacientes se sienten confundidos y deciden actuar sin consultar a un especialista generando todavía más complicaciones. Algunas de las formas que puede tomar la rosácea y que no asociamos típicamente a ella son delgadas venas rojas, la aparición de granos tipo acné, en engrosamiento de la piel de la nariz o irritación de los párpados y la zona ocular.

La dermatóloga Carla Muñoz explica que, precisamente uno de los principales problemas es que los pacientes, antes de consultar, interpretan por su cuenta el origen de los síntomas de la rosácea. Especialmente el eritema o enrojecimiento atribuyéndolo a alergias o dermatitis. “Muchas veces los pacientes creen que su cuadro se trata de una dermatitis alérgica y usan corticoides tópicos lo que empeora mucho la situación”, comenta.

La especialista agrega que existen otras creencias erróneas respecto a los tratamientos para la rosácea y los resultados a los que es realista aspirar con ellos. “Las pacientes piensan que con tratamiento tipo láser van a eliminar completamente la rosácea. Pero la rosácea no es una enfermedad sino una condición de la piel por lo que uno no se mejora sino que se mantiene controlada”, explica Carla. Y aclara que el objetivo de un tratamiento láser —y cualquier otro tratamiento para esta condición— es disminuir las lesiones inflamatorias o espinillas y el rojo basal, pero no erradicar por completo.

Otro error frecuente es no cumplir con las medidas generales como evitar duchas calientes, ambientes calurosos, calor directo, exposición solar, consumo alimentos irritantes como ají, pimienta, mostaza, frutos secos, alcohol, entre otros. “Las medidas generales son fundamentales para un tratamiento adecuado y muchos pacientes piensan que solo se deben tomar medicamentos, pero las medidas generales son clave”, aclara Carla.

Y es que, al tratarse de una condición crónica, la rosácea no tiene cura pero sí tratamiento. Por lo que es muy importante conocer su diagnóstico y seguir un procedimiento médico y estilo de vida adecuado que permita mantenerla a raya. Quizás podemos pensar que solo se trata de una nariz o unas mejillas un poco rojas, pero los efectos de la rosácea se van intensificando cada vez más con el paso de los años. Y no siempre es posible revertirlos.

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