La biotech chilena que está erradicando enfermedades en granjas de Brasil

Pablo Cifuentes, Hans Pieringer y Nicolás Ferreira, fundadores de PhageLab.

Ante la creciente resistencia a los antibióticos que se está percibiendo en los microorganismos que afectan la ganadería, PhageLab utiliza una alternativa que, con el uso de IA, permite crear cócteles de bacteriófagos altamente específicos diseñados para combatir infecciones. Acaba de terminar una ronda de financiamiento por US$ 11 millones, que incluye el apoyo de nombres como Kevin Efrusy, uno de los primeros inversores de Facebook.


El origen de PhageLab se remonta a 2010, cuando Hans Pieringer, Pablo Cifuentes y Nicolás Ferreira, tres compañeros de la universidad, comenzaron un proyecto de investigación. Su objetivo era entender cómo podían usar los bacteriófagos o fagos, virus que infectan exclusivamente a las bacterias y que funcionan como predadores natural de estas.

“Los fagos se intentaron utilizar por muchísimos años. De hecho, se descubrieron antes que los antibióticos, pero son muy específicos, lo que es una ventaja y desventaja a la vez”, explica Pieringer.

“Por un lado, te permiten diferenciar entre una bacteria patógena y una beneficiosa -lo que no hace un antibiótico-, pero si la diversidad es muy grande, es muy difícil descubrir todos los elementos que quieres controlar en un lugar”, contextualiza.

Cuando comenzaron, estuvieron alojados en la Fundación Ciencia & Vida y el primer producto que desarrollaron fue un desinfectante para verduras que no logró despertar el interés de la industria.

“No lo compró nadie. Fue terrible”, recuerda ahora Pieringer.

PhageLab comenzó como un proyecto de investigación en torno a los bacteriófagos.

De todos modos, la experiencia les permitió llegar a un mercado donde su solución podía ser mejor recibida: el ganadero.

En 2013 lograron aplicar por primera vez su solución de la industria bovina, con un aditivo alimentario que controlaba la salmonella y la escherichia coli. En 2016, Bayer los contactó y llegaron a un acuerdo para distribuir este producto internacionalmente.

Potenciados por la IA

Aunque siguieron comercializando este producto, el mercado bovino se les hizo chico. En 2019 decidieron explorar otras aplicaciones de su tecnología, llegando al mercado de los pollos y creando un producto similar, destinado al control de las mismas bacterias.

En 2021 llegaron a acuerdos con algunos de los productores de pollo más grandes de Brasil, a la vez que cerraron una ronda de levantamiento de fondos donde se unió como inversor Kaszek Ventures, prestigiosa compañía latinoamericana de capital de riesgos.

La entrada a este nuevo mercado y el apoyo de Kaszek posibilitó también mejoras en las soluciones que ofrecía PhageLab, incorporando el uso de Inteligencia Artificial.

El trabajo con fagos requiere una abundante cantidad de ensayos de prueba y error. Normalmente se utilizan colecciones de cerca de 50 bacterias para hacer los testeos.

“Parte de los objetivos de la inversión de Kaszek era ocupar la base de datos que estábamos formando, expandirla con los nuevos clientes y empezar a predecir qué fagos y bacterias están presentes, porque la caracterización de bacterias por bioinformática tampoco es tan fácil. En todos esos elementos ocupamos Inteligencia Artificial y machine learning para poder procesar esta gran cantidad de datos que estamos sacando de los clientes”, dice Pieringer.

El fundador explica que al trabajar con fagos hay que hacer constantemente ensayos de prueba y error para dar con aquel que pueda hacer efecto sobre una bacteria específica. Normalmente se utilizan colecciones de cerca de 50 bacterias para hacer los testeos.

“Propusimos que ese muestreo debía hacerse desde granjas, o sea, debían ser muestras reales y una colección bien abultada; por ejemplo, de 700 bacterias. Además, teníamos una colección muy grande de fagos, alrededor de 700 más. Hacer ese cruce de 700 versus 700, entendiendo que cada uno toma ocho horas, es un montón de trabajo, por lo que se hacía impracticable la idea de poder sostenerlo en el tiempo, en especial si la promesa es que íbamos a hacer un producto a la medida para cada cliente.”, explica Pieringer.

En este contexto, el uso de Inteligencia Artificial ha ayudado a caracterizar de manera mucho más expedita las bacterias que hay en cada granja, generando un mapa de riesgo que permite saber cuáles son los objetivos que hay que eliminar.

Con el apoyo de un inversionista de Facebook

De la mano de la tecnología, PhageLab ha tomado un buen ritmo en Brasil, aunque el recorrido no ha estado exento de obstáculos.

“El año pasado fue súper desafiante por el contexto farmaceútico de un producto como este. Primero, hicimos pruebas de campo con el productor más grande de Brasil y salieron resultados increíbles, donde prácticamente erradicamos la salmonella de muchas granjas. Después de eso recibimos la aprobación por la autoridad sanitaria, que es como el SAG. Es súper complicado tramitar autorizaciones y recibimos el permiso de venta del producto a mediados del año pasado”, resume Pieringer.

Así, han ido asociándose con algunos de los productores más grandes del país. Uno de ellos, por ejemplo, cría más de 2.000 millones de pollos al año. La idea, es continuar con ese ritmo en 2024.

“Este año la idea es tener mucha, mucha penetración y actividad en Brasil. Ya tenemos todas las cosas para vender y ya tenemos deals andando; ahora queremos hacer la expansión definitiva, trabajando con los players más grandes que son con los que tenemos contrato hoy día”, adelanta Pieringer.

El fundador de PhageLab reconoce que han contado con aliados clave en este proceso. Uno de ellos es Endeavor, que los ha acompañado en el trabajo de aceleramiento y los ha vinculado con expertos de la industria.

Bajo la misma, línea, la biotech acaba de terminar otra ronda de financiamiento, esta vez por US$ 11 millones, incluyendo el apoyo de nombres como Kevin Efrusy, uno de los primeros inversores de Facebook.

Hans Pieringer se ilusiona con poder llevar la tecnología de PhageLab a la salud humana.

“La plataforma está funcionando muy bien y los clientes le están tomando mucho valor a eso. Hoy en día en 45 días podemos tener solución a un outbreak, que es una nueva variante de bacteria que no está en el sistema”, cuenta Hans Pieringer.

“En términos estrictos, una nueva molécula de antibióticos se demora diez años en salir. Entonces, cuando les aparece una infección nueva que no la pueden controlar, tienen que apostar de que el producto que van a lanzar este o el próximo año les sirva para controlarlo. De otra forma, tienen que quemar todo y partir desde cero. Y son pérdidas gigantes”, explica Pieringer.

El próximo aterrizaje: EE.UU.

Además de la consolidación en Brasil, PhageLab tiene otros planes en carpeta. Por ejemplo, ya están en conversaciones para aterrizar en Estados Unidos, con el foco puesto en Boston. Paralelamente, la idea es seguir afinando su tecnología, con la meta de que en 2026 puedan demorarse menos de un día en encontrar una solución para un outbreak.

Al mismo tiempo, hay otra ambición que ronda en la cabeza de sus fundadores, que sería a más largo plazo: la de llevar sus soluciones a la medicina humana. El hito podría ser revolucionario, pero también requiere más tiempo y dinero, considerando lo complicado que es testear este tipo de innovaciones en seres humanos.

Aún así, Pieringer se ilusiona. “Esto aplicado en el futuro a la salud humana tiene muchas historias bonitas que imaginar, como alguien con acné que va a un centro comercial, se toma una muestra y al otro día tiene una solución; o alguien que tiene una condición crónica de infección urinaria y en un día podría tener una cura”, dice, y agrega: “Tiene que ver con un montón de valores con los que siempre soñamos los científicos: poder hacer un cambio en la calidad de vida de las personas”.

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