Política

Francisco Covarrubias: “Nadie podría decir que los seis meses de Kast han tenido una pulsión autoritaria; este es el primer paso en falso”

El rector de la UAI piensa que el proyecto de reforma constitucional es un error del gobierno, pero discrepa de quienes lo califican de iliberal. Pide que el gobierno desista y advierte de los riesgos que puede acarrear: "Lo más peligroso es que un presidente tenga un poder excesivo sin contrapesos".

Francisco Covarrubias, rector de la UAI. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Las sombras avanzan sobre el cerro y a lo lejos se encienden las luces de la ciudad. El rector Francisco Covarrubias camina por el edificio de artes liberales, de sinuosas paredes blancas, en Peñalolén. De algún modo, la visión humanista y liberal es el sello de la UAI. Y esa visión parece colisionar con las últimas medidas del gobierno de José Antonio Kast, especialmente con el proyecto de reforma constitucional de seguridad.

En columnas recientes, Covarrubias había relevado cierta moderación del gobierno de Kast. Eventualmente, la nueva iniciativa, que crea otro estado de excepción y le entrega atribuciones excepcionales al presidente, parece ir en sentido contrario:

-El proyecto de reforma constitucional es un paso en falso y un error del gobierno. Contradice lo que han sido estos seis meses -dice.

En lo sustancial, el proyecto crea un estado de excepción que podría extenderse por ocho meses y le permite al presidente, sin consulta al Congreso, restringir libertades fundamentales: detener, impedir reuniones, intervenir comunicaciones, entre otros. La propuesta ha generado rechazo en la oposición y en gran parte del oficialismo, especialmente entre Chile Vamos.

Según el exministro Álvaro Elizalde (PS), se trata de la primera reforma “iliberal” del gobierno. Si bien el presidente se defendió argumentando que siempre ha respetado la libertad de prensa, así como la institucionalidad democrática, no bastó para atenuar las críticas.

En una columna a mitad de semana, el rector de la UDP, Carlos Peña, argumentó que la reforma “deja poco espacio para negar la inspiración iliberal del gobierno”.

Más allá de las inspiraciones, en estos seis meses no ha habido, ni en las formas ni en el fondo, nada que deteriore algún valor democrático. Nada que pudiera sindicarse como iliberal.

Francisco Covarrubias observa que en los primeros seis meses de gobierno se pueden encontrar reflejos con los de Gabriel Boric: “Paradójicamente, este gobierno es como el espejo —o, en matemática, diríamos el inverso— del gobierno de Boric con el Socialismo Democrático. El Socialismo Democrático es al gobierno de Boric lo que Chile Vamos es a este gobierno. Puede haber personas con pulsiones ultras, pero, de alguna manera, tanto Boric como Kast, por las razones que sean, se moderaron en la Presidencia”.

¿Este proyecto revela las pulsiones iliberales del gobierno?

Sobre un punto no se puede hacer una recta. Y este es un punto.

¿Se equivoca Carlos Peña?

Más allá de las inspiraciones, que son difíciles de medir, en estos seis meses no ha habido, ni en las formas ni en el fondo, nada que deteriore algún valor democrático. Nada que pudiera sindicarse como iliberal. Hasta ahora. El proyecto sí va en la dirección equivocada, pero todavía no marca tendencia.

Lunes 23 de marzo Entrevista rector Francisco Covarrubias EducaLT Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Si bien no se trata de una idea, es algo concreto: un proyecto de reforma constitucional.

Si el gobierno persevera en este tipo de cosas, entonces sí podríamos decir que hay una tendencia. Hasta ahora, no. Yo espero que el gobierno recapacite, que se dé cuenta del error. Y lo que me temo es que un proyecto como este pueda tener un apoyo amplio de la población. Hemos visto en América Latina que las personas están dispuestas a sacrificar muchas libertades en pos de la seguridad. Ese es un problema y es un error profundo. Creo que, incluso si el proyecto actual se aprobara, no tengo duda de que el gobierno actuaría prudentemente, o de que el gobierno de Boric lo habría hecho prudentemente si hubiera tenido esta herramienta. Pero tenemos que preparar la institucionalidad para cuando no estén los prudentes. Eso nos enseña la historia. Entonces, esta pasa a ser una herramienta inadecuada, peligrosa.

Yo espero que el gobierno no persevere. Si persevera, espero que el Congreso no lo apruebe.

Desde su punto de vista, ¿qué es ser iliberal?

Una condición básica de una democracia liberal es cómo los ciudadanos se defienden del Estado. Cuando tú le das al Estado, o a quien detenta el poder, facultades excesivas, el ciudadano se ve desprotegido. Y uno puede decir: no, son herramientas excesivas que se van a usar prudentemente. Pero nada asegura que se usarán prudentemente. Por lo tanto, ni a las policías ni al Estado se les pueden dar atribuciones excesivas, por mucho apoyo que pueda existir. Lo más importante para resguardar una democracia liberal es que los ciudadanos estén protegidos del abuso de poder, que haya contrapesos, que haya una división clara de poderes. Uno no podría decir que con este proyecto se está poniendo en riesgo la democracia, ni mucho menos, pero sería una señal equivocada.

Si este proyecto se aprueba, ¿seguiríamos siendo una democracia liberal?

Yo espero que el gobierno no persevere. Si persevera, espero que el Congreso no lo apruebe. Si se aprueba, tendríamos que pensar si se ha traspasado o no el límite. Pero reitero que sobre un punto uno no puede hacer una recta ni decir que, a partir de ese momento, se ha roto la democracia, ni mucho menos. Sería una atribución riesgosa.

Las atribuciones excesivas del Estado son peligrosas en manos de la izquierda y de la derecha. Esto no es una cuestión de color político.

¿Una democracia donde el presidente puede declarar un estado de excepción prolongado y suprimir libertades a su arbitrio?

Yo creo que es una facultad inapropiada para un presidente. No sé si esto da para catalogar a la democracia en su conjunto, pero sí es una facultad inapropiada que, mal usada, puede terminar generando un riesgo importante. Por lo tanto, es necesario que el gobierno rectifique en esto.

¿Que no insista?

Que no insista en ningún caso. Un presidente no puede tener a su arbitrio la capacidad —bueno, esto se ha ido modificando con el paso de los días— de interceptar comunicaciones, de intervenir determinados barrios. Uno siempre piensa que estas atribuciones se van a usar para otros. Vi una declaración del senador Cruz-Coke que no me gustó. Era como decir: “Oye, esto en manos de la izquierda es peligroso”. No. Las atribuciones excesivas del Estado son peligrosas en manos de la izquierda y de la derecha. Esto no es una cuestión de color político. La institucionalidad se tiene que resguardar para quienes sean imprudentes, fanáticos, ultras.

Se busca reabrir una discusión constitucional -erróneamente, a mi juicio- y además se hace de manera atolondrada, porque se va corrigiendo en el camino.

La derecha fue muy insistente en decir que los problemas del país no pasaban por la Constitución. ¿Ve una incoherencia ahora con esta reforma?

Por supuesto que veo una incoherencia en todos lados. Una incoherencia en la derecha, que ahora quiere usar la Constitución, y una incoherencia en la izquierda, que dice: “No, la Constitución no es para eso. No se toca”. Hay incoherencia en todos lados. Yo creo que los anuncios de seguridad han sido performáticos. Es muy difícil cambiar la realidad y, por lo tanto, los gobiernos legítimamente buscan cambiar las percepciones, porque ambas cosas están relacionadas. Entonces, un exceso performático al llevar a los presos de alta seguridad, bueno, uno podría discutirlo, pero son cosas menores. Esto no. Esto no es una cosa performática ni menor. Acá hay un tema de fondo. Se busca reabrir una discusión constitucional -erróneamente, a mi juicio- y además se hace de manera atolondrada, porque se va corrigiendo en el camino. No se ven las consecuencias que esto tiene en la división del oficialismo ni la poca probabilidad que tiene de conseguir apoyo. Entonces, la pregunta es: ¿Para qué?

Lunes 23 de marzo Entrevista rector Francisco Covarrubias EducaLT Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

¿Cree que hubo improvisación?

Yo creo que se ha improvisado bastante en este tema. A diferencia de lo que ha ocurrido desde la llegada del ministro Martín Arrau, que me parece que ha ido armando un plan mucho más coherente, aquí veo improvisación. Y me temo que propuestas como esta, no sé si la reforma constitucional propiamente tal, pero sí propuestas como darles grandes facultades a los militares para que puedan intervenir barrios, tengan un alto apoyo en la población.

Este gobierno generó una controversia sobre un tema que no tiene posibilidades de ganar, que no le aportará ningún capital político y que levantará la sospecha de que no es democrático ni liberal.

El gobierno aprobó la megarreforma económica con la idea de que no importaba ganar por un voto. ¿Podría aplicar el mismo criterio ahora?

Se puede aplicar a este caso, pero sería una votación legitimada democráticamente que genera un riesgo para la democracia. Muchas veces las mayorías se han equivocado. Por lo tanto, lo que uno debe buscar es que la institucionalidad contrarreste esa dictadura de la mayoría que se puede generar, como decía John Stuart Mill. Para mantener una democracia liberal, tenemos que defender a las minorías, procurar que estén resguardadas. Conceptualmente es legítimo que un gobierno apruebe algo por un voto, pero eso no significa que esas decisiones sean correctas. Pueden ser errores.

No caigamos ahora en lo mismo, en decir que Kast es igual a Pinochet.

¿Qué le parece más grave o delicado del proyecto?

A mi juicio, hay dos errores. El error de fondo del proyecto: lo más peligroso es que un presidente tenga un poder excesivo sin contrapesos. Pero también hay un error político: este gobierno generó una controversia sobre un tema que no tiene posibilidades de ganar, que no le aportará ningún capital político y que levantará la sospecha -como ya se ha dicho y se ha tratado de tildar- de que no es democrático ni liberal. Pero no caigamos de nuevo... A mí me chocó mucho escuchar una vez en el estadio a la gente gritar: “Piñera, dictador, igual que Pinochet”. Y yo decía: bueno, esta gente no conoció a Pinochet. Porque si Pinochet hubiera sido Piñera, entonces ¿de qué estamos hablando? No caigamos ahora en lo mismo, en decir que Kast es igual a Pinochet. No caigamos en eso.

¿No reconoce en el presidente un perfil autoritario?

Yo creo que el Presidente Kast ha mostrado sensatez y moderación. Por supuesto que hay cosas con las que uno está de acuerdo o en desacuerdo. Pero nadie podría decir que los seis primeros meses de José Antonio Kast han tenido una pulsión autoritaria. Este es el primer paso en falso y espero que se corrija.

¿Cuáles son las líneas rojas para un liberal?

Son muchas. La primera, que es la esencia, es partir de un cierto escepticismo respecto del Estado; de esa concepción de que cualquier ley soluciona todo, de que el Estado puede solucionarlo todo. Ese escepticismo es la base de un liberal. Después está la defensa de los proyectos de vida individuales, que permitan a cada uno seguir sus propios sueños. Desde la institucionalidad, está la división de poderes, la libertad de prensa, la libertad de asociación, la libertad en general. Entonces, proyectos como este, si bien están acotados a ámbitos, periodos y lugares específicos, atentan contra eso. No es que haya una gran línea roja: hay muchas líneas rojas.

¿Un liberal no debería aprobar esta reforma?

Ni un liberal ni un conservador. Un liberal, por supuesto que no, porque le da un poder excesivo al Estado. Pero un conservador tampoco. Reitero: no por el uso que pueda hacer este gobierno —que posiblemente no haría un mal uso—, sino porque se le firma un cheque en blanco a un futuro gobierno para que haga un uso inadecuado de este poder. Y eso, por definición, un conservador no debiera quererlo.

Este proyecto reveló y expuso las diferencias entre las dos almas del gobierno. ¿Puede abrir tensiones profundas?

Es evidente que hay dos almas. Más bien, lo que debiera hacer el gobierno es explicitar que existen: este es un gobierno de dos almas, republicanos y Chile Vamos. Cada uno tiene su identidad y están gobernando juntos. Es normal en el mundo que gobiernen grupos distintos para conformar una mayoría. Pero cuando eso no se explicita, cualquier discrepancia da una sensación de desbande, de pelea. No es así. En un proyecto como este debió existir un acuerdo entre Chile Vamos y republicanos para avanzar. Eso no ocurrió y, por lo mismo, aparece esta controversia entre ellos.

Hace algunos años escribió que Chile Vamos tenía que poner una muralla china con republicanos.

Bueno, depende del momento. Hoy ambos son gobierno. Creo que republicanos es un poco distinto de lo que fue en sus inicios. Una parte importante del partido original —el sector más radicalizado— emigró a una colectividad que hoy no está en el gobierno. Entonces, el Partido Republicano, si bien representa una derecha conservadora, juega perfectamente dentro de los lineamientos democráticos. Chile Vamos tiene que ver cuáles son los puntos de conexión o intersección que les permitan gobernar adecuadamente, pero sin perder su identidad. Si no, el riesgo es que ocurra lo mismo que en el gobierno anterior con el Socialismo Democrático: se desdibujó y se hizo indistinguible una persona del PPD de una del Partido Comunista. Y eso desconcierta a la ciudadanía.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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