Osvaldo Andrade y rol del PS: “La oposición necesita un primus inter pares que conduzca al sector”
El extimonel socialista -quien es coordinador de la "conferencia" del partido, instancia que busca reflexionar sobre su rumbo- apuesta a que la colectividad asuma el liderazgo en la izquierda que permita que se recuperen del fracaso presidencial. "Fue una derrota política de lo que hemos construido", lamenta.
Con el mandato de colaborar en la conferencia del Partido Socialista -una instancia de debate que contribuye a la reflexión del rumbo de la colectividad-, el exministro Osvaldo Andrade (PS) ha vuelto a asumir roles de responsabilidad en el partido.
Desde su posición de coordinación del proceso de reflexión, el otrora parlamentario debe recoger distintos debates que van más allá de lo contingente, como la propia pregunta de qué significa ser socialista hoy en día y la manera en la que se debe enfrentar al gobierno del Presidente José Antonio Kast.
¿En qué consiste esta conferencia?
Corresponde a un mandato de la dirección del partido de hace bastante tiempo, que intenta actualizar los principios básicos del socialismo en este siglo. No es un momento de evaluación crítica del partido, de logros y malos momentos. Es un momento en que nos hemos hecho la pregunta básica de qué es ser socialista.
¿Cómo ve el rol que está jugando actualmente el PS?
Tenemos un gobierno que se caracteriza por un cierto nivel de dogmatismo, que repiten un poco lo que fue la experiencia del gobierno anterior, que ‘sabemos más que todos ustedes’. En ese cuadro no es fácil ser oposición constructiva, porque uno no encuentra en el gobierno una disposición a escuchar y llegar a algunos acuerdos. Entonces, para el PS no es fácil ser oposición con un gobierno así. Por eso, el PS no puede seguir asumiendo ser un factor sólo de articulación, debe pasar a ser un partido de conducción. La oposición necesita un primus inter pares, que conduzca al sector y no solo que facilite el diálogo, sino que dé una cierta orientación. Todavía está pendiente que asuma ese rol.
¿Y qué tipo de oposición cree que han sido hasta ahora?
El carácter de la oposición tiene mucho que ver con quien dirige el país. Si uno encuentra que en el gobierno hay una actitud de disposición al diálogo, naturalmente va a encontrar una oposición dispuesta al diálogo. Si uno encuentra al frente un gobierno que no tiene esa matriz, la oposición colaboradora se desvirtúa.
Dentro del PS se ha hablado mucho de estas dos almas: una más dura (Manouchehri-Cicardini) y otra más dialogante (Vodanovic). ¿Cuál cree que se ha impuesto?
Esa es una creación artificiosa. Yo no creo que existan esas cosas. Milito en el PS desde el año 69 y toda la vida he escuchado esto de las almas. Ahora, que tienen estilos distintos, claro, pero en qué parte eso no pasa. Hay senadores, diputados, cada uno tiene su forma. La oposición debe velar por hacer presentes los errores que comete el gobierno, y vaya que es fácil ser oposición con este gobierno a propósito de eso.
¿Se puede convivir con estos dos estilos?
Absolutamente. No solo eso. Creo que es bueno, o sea, es deseable que convivan, porque además son representaciones de tonalidades distintas, pero respecto de un propósito común. Cuando fui presidente de partido le daba duro todas las semanas a Piñera, pero eso no impidió que pudiéramos conversar.
Si el gobierno mantiene la intransigencia que plantea, ¿el PS debería atrincherarse?
Se trata simplemente de hacer presente el punto de vista nuestro y operar en función de aquello. Y en el Parlamento habrá que votar en contra de aquellas cosas que nos parezcan que son malas para Chile. Ser oposición no es difícil, el desafío de ser oposición es tener la vocación de dejar de serlo. Para eso hay que ser muy duro, pero al mismo tiempo mostrar a la ciudadanía que hay propuestas.
¿Comparte que hay dos almas en el gobierno?
El gobierno tiene un problema estructural inicial: intentó construir un gobierno prescindiendo de los partidos. Incorporó a los representantes de los ricos al propio gabinete. Entonces, este es un gobierno que ha tenido poco de política y por eso ha tenido tanta relevancia la actuación del ministro Alvarado, porque le pone más política que el propio presidente.
Hay quienes lo consideran como parte de un diseño, del “bueno” encarnado en Alvarado, mientras que el “malo” sería Quiroz.
Este gobierno tiene un solo ministro: se llama Quiroz, y el resto son acompañantes. Lo digo con el afecto que les puedo tener a algunos de ellos. Él es el dueño del proyecto más relevante del gobierno. Y él ha dicho que no va a aceptar nada que desnaturalice el proyecto.
¿A qué partido se siente más cercano dentro de la oposición?
Creo que el desafío del socialismo es su propia identidad: esta idea del partido conductor. Eso significa que el partido no tiene que estar pensando con quién se va a juntar ahora, sino en cómo fortalece su rol. Ese eje debe ser el PS. Entonces, el desafío no es esto del SD, no es si estás más con el FA, el PC. No. El desafío del PS es su propia identidad y desde ahí generar condiciones para construir una oposición lo más unida posible.
El FA recalcó su carácter como partido socialista…
A mí me parece muy bien que haya un partido como el FA que declare su convicción socialista. No lo veo como una amenaza, salvo con una prevención: que si la teoría está en el reemplazo no nos vamos a encontrar.
¿Comparte la idea de gente como Tohá, que a diferencia del SD y el FA, el PC no es parte del mismo proyecto político?
El PS y el PC siempre han sido distintos, lo que no ha sido un obstáculo para que hayan podido construir alianzas electorales e incluso de gobierno. Mi punto es que se necesita un eje y ese desde dónde es el PS, ese es el desafío. Hay que pensar un poquito también en eso que hemos dejado de lado, el mundo social. Es interesante lo que hace el FA con las microempresas.
A la oposición le ha costado coordinarse. ¿Cuál es su diagnóstico?
Es que la derrota fue muy fuerte. No es solo una derrota electoral, también fue una derrota política de lo que hemos construido: los 30 años, la Concertación y una derrota cultural. Fue muy contundente y hay que darle un tiempo a la oposición para que se organice. Por eso es tan importante un partido conductor.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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