A lo largo de la historia moderna, difícilmente ha habido un cambio más trascendente a nivel de ciencia que la publicación en 1543 de “De revolutionibus orbium coelestium” de Nicolás Copernico, que cambió la manera en cómo pensábamos a partir de la observación, chequeo científico y contexto que favorezca el surgimiento de ideas que interpreten la realidad. En esos tiempos, las pasiones se enfrascaron en guerras religiosas, pero entre los estados Teutones de Prusia Oriental y Polonia, existió el principado de Elm, que abrazó la neutralidad, lo cual, unido al surgimiento de la imprenta, permitió que un desarrollo independiente fuese validado en muchas latitudes, para finalmente legarnos el convencimiento de que la Tierra no era el centro del Universo.
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