Diana Aurenque y la mirada de la filosofía por el incumplimiento de las cuarentenas: “Sería tosco e injusto decir que todos los que incumplen son egoístas, ¿tenemos datos empíricos para probarlo?”

Foto : Andres Perez

Antes de sobremoralizar y responsabilizar a los individuos hay que ser cuidadosos, indica la filósofa de la U. de Santiago. Salir, dice, también es dejar un hogar con violencias o cuando la salud mental peligra en espacios minúsculos, "uno podría incluso ir más allá y decir que al ser humano no le es natural el encierro".




Una cuarentena por Covid-19 no es fácil. Eso es lo que diversos estudios sobre bienestar han recalcado desde distintos ángulos en los últimos meses. Volver al confinamiento luego de que se vivió una cierta sensación de “luz al final del túnel” en la pandemia, tampoco lo es. El encierro que las autoridades imponen es un llamado al cuidado personal. Igualmente, han resaltado, implica un servicio a los demás, protegiéndonos cuidamos al resto.

Pero también es un enfrentamiento, indican especialistas en temas sociales. Porque la pérdida de libertad hace que impulsos más primarios y conflictivos emerjan. Fiestas clandestinas (hasta fines de marzo las polícias ya registraban más fiestas clandestinas que en todo 2020), incumplimiento de medidas incluso por parte de miembros de Carabineros o fiscales. ¿Es un enfrentamiento entre egoísmo y altruismo? ¿Es posible hablar de un ‘buen’ o ‘mal’ comportamiento en una crisis sanitaria?

Sin duda se trata de un tema que necesita ser analizado antes de cualquier conclusión. Eso es lo que aclara la Directora del Departamento de Filosofía de la Universidad de Santiago, Diana Aurenque, que en entrevista con Qué Pasa, mira desde una perspectiva filosófica cómo hemos enfrentado esta crisis que a diferencia de otras, ha resultado más compleja porque un virus ha sido la amenaza y el contacto social el riesgo permanente.

-A la hora de reflexionar sobre los malos resultados en el manejo de la pandemia y el incumplimiento de medidas sanitarias, ¿considera que se puede vincular a los valores actuales de nuestra sociedad? ¿Se puede hablar de individualismo?

-Pienso que en esto hay que ser muy cuidadosos. Sobre todo evitar caer en sobremoralizar y responsabilizar a los individuos. Porque el manejo de la pandemia antes que una cuestión que tiene que ver con valores individuales y opciones personales, es una tarea política. Así, es la gestión de las autoridades lo primero que debe ser examinado. Y en esto no cabe duda de que los mensajes han sido erráticos.

Por cierto, no contaban con un manual para una situación tan inesperada; pero la autoridad es la primera que debe hacer autocrítica. Luego, es evidente que en sociedades diversas como la nuestra los individuos profesan diversos valores. Y eso no es malo, nos hace más humanos ser y respetar nuestras diferencias. Pero, por otro lado, sí es cierto que en nuestro país regido por un sistema económico neoliberal, los valores solidarios o comunitarios escasean. Pero aquí, vemos de nuevo y con más claridad, que el asunto es político, y no uno meramente individual valórico.

-En esa misma línea, ¿somos intrínsecamente egoístas y por lo mismo es difícil cumplir con las medidas de cuidado como cuando dicen ‘quédate en casa’?

-Si algo hemos aprendido los filósofos bien, es a aceptar que toda determinación esencialista del ser humano -que por naturaleza sea egoísta, altruista o razonable- queda corta para determinar cabalmente lo que somos; porque somos seres tremendamente multidimensionales. Y también sería tosco e injusto decir que todos los que incumplen son egoístas. ¿Tenemos datos empíricos para probarlo?

- ¿No es posible generalizar en una crisis cómo la actual?

-Quizás algunos lo hacen porque en su hogar viven violencias o porque su salud mental peligra cada vez que habitan espacios minúsculos, hacinados con otros; o quizás porque algunos no sienten que tengan una vida digna de proteger. Finalmente, uno podría incluso ir más allá y decir que al ser humano, si queremos dar con algo más o menos esencial, no les natural el encierro. Mucho menos en un hogar que se ha transformado de ser espacio privado y de resguardo, a ser un lugar controlado por lo público.

- En relación con eso, ¿cuesta empatizar y seguir medidas de cuidado si la muerte en el caso de esta enfermedad está de algún modo ‘escondida’?

-Pienso que la muerte más que nunca, a un año de pandemia, está más presente que nunca. Si antes nos parecían casos ajenos los que enfermaban o morían por Covid-19, hoy desgraciadamente casi todos lo hemos experimentado de más cerca. Entonces, no creo que se esconda la muerte. Pero pienso que el temor a morir se vuelve realmente fuerte cuando nos importa la vida; cuando la amamos y deseamos mantenerla. Tengo la impresión de que la muerte importa en cierto modo menos, porque la vida que estamos viviendo la cuidamos como cuestión biológica, pero no como la vida humana que nos motiva. Basta saber que la salud mental de los chilenos se ha deterioridado dramáticamente, o considerar que hoy nos sentimos mucho menos felices que antes, para comprender que en algo, la vida perdió un poco su gracia. Y ahí, precisamente, la muerte pierde su potestad.

Diana Aurenque, académica del Departamento de Filosofía y vicedecana de Investigación y Postgrado de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago.

-¿Se hace más difícil aún cumplir con medidas que vienen desde autoridades? Incluso hay voces que desacreditan a la Organización Mundial de la Salud y llaman a desconfiar del discurso oficial.

-Ciertamente vivimos tiempos donde planetariamente se ha perdido confianza en las instituciones; esto no es solo un tema nacional. Pero a ello, se le suma que el manejo de la pandemia es un esfuerzo completamente experimental. La OMS se contradijo en ocasiones, muchos gobernantes no tomaron en serio el Covid-19 en declaraciones públicas e incluso filósofos de renombre erraron al considerar esto como una mera gripe.

- ¿En esta crisis hemos asumido más el peso de aquello de que “errar es humano”?

-Errar es esperable y comprensible. Pero lo importante es aprender de ellos, corregir, revisar la información científica, considerar no solo criterios sanitarios y económicos, sino complejizar el análisis e integrar más perspectivas.

Nueva normalidad

- ¿Las consecuencias de la pandemia de Covid-19 representan un impacto en cómo se sustenta la vida contemporánea?

-En realidad ya contamos con datos. Sabemos que el costo de la pandemia no solo es económico o vinculado estrictamente al Covid-19. Los adultos mayores, los niños, los jóvenes, los adultos, todos se han visto afectado en su calidad de vida producto de esta pandemia. Los enfermos crónicos que interrumpieron sus tratamientos, pero también los sanos que han pospuesto sus exámenes preventivos. Probablemente en poco tiempo tendremos datos, duros y terribles, que nos digan cuánta salud en sentido amplio, cuánta expectativa de años vida, nos costó este encierro.

-A más de un año de pandemia, ¿es adecuado el objetivo de volver a la normalidad o, en cambio, deberíamos buscar remodelar la normalidad misma?

-Esa es una pregunta clave. Hoy pienso que quizás el error más grave en el manejo de la pandemia radica justamente en la esperanza ilusa de un “volver a la normalidad”. Más que mantener una melancolía utópica por el pasado, lo que nos cabe ahora, especialmente a las autoridades, es reconocer de una buena vez que la pandemia es nuestra realidad; una nueva normalidad.

Esto, que puede sonar muy catastrófico, no lo es, porque puede ser decisivo para un manejo más adecuado de la pandemia. Comenzar ya no a simplemente creer que la pandemia es un estado de excepción, sino nuestra cotidianidad, y desde ahí, diseñar nuevas protecciones sociales, económicas y políticas que permitan que la vida vuelva a ser una vida humana deseable. Donde de nuevo, la muerte nos importe.

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