Experto en contagio de Covid-19 por el aire: “La OMS y los ministerios no dicen que el virus va por el aire y la gente no se puede proteger, por eso no paramos la pandemia”

El químico analítico y atmosférico de la U. de Colorado Boulder, EE.UU., José Luis Jiménez es parte de los de 239 científicos que en 2020 enviaron una carta a la OMS instándola a reconocer la trasmisión aérea de Covid-19. Hoy, dice, el desconocimiento sobre ello es lo que en gran medida explica que no se avance.




¿Qué puede decir sobre la transmisión de Covid-19 la química analítica y atmosférica? Mucho. Eso es lo que desde hace más de un año sostiene el químico analítico y atmosférico de la Universidad de Colorado Boulder, José Luis Jiménez.

Desde marzo de 2020 el investigador en aerosoles en la atmósfera de la Tierra cambió su foco para analizar el comportamiento de Covid-19. Desde entonces, ha instado tanto a la Organización Mundial de la Salud, como a los Centros para el Control de Enfermedad en Estados Unidos (CDC), a que adviertan e informen a la población sobre el riesgo que implica el contagio del virus Sars-CoV-2 a través del aire y por aerosoles.

En julio del año pasado Jiménez fue parte del grupo de 239 investigadores y científicos de diversas áreas que firmaron una carta abierta titulada Es hora de abordar la transmisión aérea de la enfermedad por coronavirus 2019 (Covid-19) a ambas agencias para que actualicen sus indicaciones sobre el contagio del virus.

Hoy Jiménez es uno de los cinco expertos más nombrados en tema de aerosoles a nivel mundial con 63.758 citas según Google Académico, el buscador de Google enfocado y especializado en la búsqueda de contenido y bibliografía científico-académica.

Es tal el nivel de consultas que recibe, tanto de medios como de personas que buscan saber más sobre el tema, que junto a sus colaboradores crearon un documento público en Google con preguntas y respuestas sobre el contagio de Covid-19 a través de aerosoles.

¿Qué son los aerosoles? Un aerosol es una partícula de saliva o fluido respiratorio muy pequeña que flota en el aire y que nos infecta cuando lo inhalamos. De esa forma el coronavirus se transmite por el aire, y es capaz de viajar distancias mucho más allá de los dos metros en esos diminutos aerosoles que se liberan cuando las personas infectadas hablan, gritan, cantan o simplemente respiran.

Son diferentes a las gotas que se puede liberar al toser y que se comportan como un proyectil que infecta al golpearnos ya sea en los ojos, las fosas nasales o la boca. El potencial de exposición por inhalación a un virus en aerosoles a distancias cortas a medianas hasta varios metros, es un riesgo en espacios cerrados y también en abiertos. Y es un riesgo que existe en el caso de Covid-19.

El potencial de exposición por inhalación a un virus en aerosoles a distancias cortas a medianas hasta varios metros, es un riesgo en espacios cerrados y también en abiertos. Y es un riesgo que existe en el caso de Covid-19.

La trasmisión área es un factor significativo en la pandemia y el desconocimiento sobre ello es lo que en gran medida explica que no se logre avanzar, explica José Luis Jiménez a Qué Pasa.

“Los aerosoles son la gran mayoría de la transmisión de Covid-19, esta enfermedad se transmite sobre todo porque hay algunos enfermos, no todos, que exhalan aerosoles que tiene el virus y esto se comporta como el humo del cigarro en una habitación”, indica Jiménez. Es decir, el virus se queda flotando en el aire y según las corrientes se acumula en los espacios interiores, mientras en los exteriores se disipa mucho mejor. Nos infectamos entonces al respirar esas partículas de aerosoles.

Hoy una gran cantidad de pruebas, dice Jiménez refuerzan que los aerosoles son la forma de transmisión dominante. “Pero no es lo que nos dijeron al principio de la pandemia”, aclara. En ese momento se difundió que el riesgo de contagio era a través de las superficies, pero hoy se sabe que si bien esa vía es posible, se da muy poco. “Eso que las superficies transmiten poco ya lo dice la CDC por ejemplo desde mayo de 2020”, indica Jiménez sobre una actualización que asegura tardó en llegar.

Y los avances no se detienen. El lunes 5 de abril, los CDC publicaron nuevos antecedentes que establecen que “el riesgo de transmisión por superficies es bajo comparado con el de transmisión aérea”.

Pero la OMS, indica Jiménez, no ha tenido la misma actitud. “Lo de la transmisión por gotas grandes que decía la Organización Mundial de la Salud, es un error histórico”, sostiene.

La información dada en un inicio de que se transmite solo si alguien estornuda en la cara o muy cerca de otra, añade, “es un bulo, una desinformación”. En realidad, “los aerosoles son la gran mayoría de la transmisión y el problema es que tanto la OMS como los ministerios no dicen que el virus va por el aire y la gente no se puede proteger y es una cosa importante por la cual no paramos la pandemia”.

El riesgo de los aerosoles

En una acción que Jiménez califica como “uno de los errores más grandes de la historia de toda la salud pública”, el 28 de marzo la OMS de 2020 dijo que era un hecho que Sars-CoV-2 “no se transmitía por el aire en absoluto y decir que se transmitía por el aire era desinformar y que le ayudásemos a luchar contra esa desinformación”.

Es un virus que se transmite sobre todo por el aire, dice Jiménez, pero dijeron que no, “que estaban seguros, y que decir que se transmitía por el aire era desinformar”. Aquello, resalta, fue “un error garrafal, tremebundo, enorme y catastrófico”.

Los mecanismos de transmisión del virus son tres. Está el rol que tienen las superficies o fómites (objetos inanimados que pueden llevar y extender enfermedad y agentes infecciosos). Luego el spray de gotas que es básicamente, dice Jiménez, cuando alguien tose y salen gotas lo suficientemente grandes para verlas y vuelan como un proyectil, “que es el mecanismo de transmisión por gotas o gotículas que dice la OMS que es el mayoritario”.

Pero también están los aerosoles. La inhalación de aerosoles es otro mecanismo por separado, explica, que consiste en que se liberan los aerosoles que no se comportan como un proyectil ni se caen al suelo, al contrario que las gotas, “sino que se quedan flotando en el aire y nos infectamos al inhalarlos, al respirarlos, sobre todo si estamos hablando cerca de alguien”.

Una imagen que Jiménez indica ayuda a entender cómo se comportan los aerosoles es imaginar cómo es hablar con un fumador, “si estamos hablando muy cerca estamos inhalando mucho más humo, mientras que, si estamos en una habitación compartiendo el aire, la habitación tiene que estar mal ventilada para que se acumule ese humo en la habitación”.

Negativa de la OMS

Sin embargo, poco se habla sobre ese tercer mecanismo. Diversos estudios realizados por los 239 firmantes de la misiva a la OMS y otros científicos han demostrado más allá de cualquier duda razonable, sostiene, los virus se liberan durante la exhalación, el habla y la tos en microgotas lo suficientemente pequeñas como para permanecer en el aire y representar un riesgo de exposición incluso a distancias superiores a 1 o 2 m de una persona infectada.

Esos trabajos muestran que se ha detectado en el aire ARN viral asociado con gotitas menores a 5 micrómetro, micrón o micra, una unidad de longitud equivalente a una milésima parte de un milímetro (<5 μm). Se ha demostrado además que el virus mantiene la infectividad en gotitas de este tamaño y que otros virus sobreviven igualmente bien, si no mejor, en aerosoles en comparación con las gotas en una superficie.

¿Por qué no lo reconocen? Para el investigador si bien no ha existido un reconocimiento oficial y masivo, sí han existidos ciertos avances. Por ejemplo, dice, en julio luego de la carta la OMS pasó de decir que era imposible y que era desinformación a decir “que bueno era tal vez posible en alguna situación muy rara, pero que no se sabía”.

Posteriormente, en noviembre la OMS comenzó a difundir información sobre la importancia de ventilar, un elemento que para Jiménez resulta muy significativo: “Dijeron que era muy importante y no dijeron por qué. Pero si uno sabe de esto, dice si un virus está en la superficie le da igual que se ventile o no, si alguien tose y sale un proyectil a otra persona en el ojo, da igual que ventiles o no. Sin embargo, si hay humo en la habitación, este humo invisible de los aerosoles ahí es muy importante ventilar”.

Esa sola recomendación es para Jiménez un paso en admitir lo importante que es la transmisión por aerosoles, “pero no lo quieren decir”. La razón de aquello admite, aún no la entiende. “No sé porque no lo quieren decir. Oigo rumores de que hay gente con el ego muy grande dentro de la OMS que no quieren admitir el error, no quieren admitir que tuvieron esa ‘metida de pata’ tan tremenda, que es uno de los mayores errores de la historia de la salud pública, y no lo quieren admitir”, sostiene.

Históricamente se negó la transmisión por el aire, explica el investigador, por el temor que ese conocimiento podría producir en la población, “si iba por el aire cómo te ibas a proteger”.

Pero el resultado de no explicar ha sido una visión que él define como fantasmagórica o de Hollywood, “de que va a venir el virus por el aire a tres kilómetros y no es así, te infecta sobre todo cuando estás justo delante cuando estás inhalando el aire de la persona infectada o si compartes el aire que está atrapado en una habitación por bastante tiempo”. Por ejemplo, un estudio encontró que dos hombres en China hablando cara a cara durante al menos 15 minutos era suficiente para propagar el virus.

La transmisión por el aire es la dominante. Desconocer eso, dice Jiménez, está creando muchos problemas, “porque al no explicarle a la gente cómo se transmite no entienden las medidas, no entiende por qué hay que llevar las mascarillas, ni cuándo”.

Desconocer que la transmisión por el aire es la dominante, dice el investigador está creando muchos problemas, “porque al no explicarle a la gente cómo se transmite no entienden las medidas, no entiende por qué hay que llevar las mascarillas, ni cuándo”.

Hoy se comunica lo que hay que hacer, pero no por qué. El resultado, dice el investigador es que no se entienden esas medidas y la población no las cumple o las resisten porque parecen arbitrarias y tampoco las saben adaptar a situaciones concretas. “Si te explican cuál es la razón lo puedes pensar, no es tan difícil. Pero si es algo arbitrario la gente no sabe protegerse y eso ha causado muchísimos más contagios y más muertos, lamentablemente”.

Evitar riesgos

Jiménez es claro en enfatizar que tener conocimiento sobre los aerosoles y el rol que juegan en la transmisión del virus es lo que permite evitar comportamientos de riesgo. “Es fácil de entender si piensas que la gente con la que te encuentras está como exhalando un humo invisible y tú tienes que hacer lo posible para no respirarlo”.

¿Qué funciona? Estar al aire libre dice Jiménez es un espacio de menor riesgo. “Funciona bien estar al aire libre con mascarilla bien ajustada y con distancia, pero cuidado que al aire libre sin mascarilla y sin distancia hay bastantes contagios”.

En el caso de ir y estar en interiores, la recomendación es permanecer la menor cantidad de tiempo posible, con la menor cantidad de personas y estar constantemente ventilando. Lo anterior Jiménez explica quiere decir abrir las ventanas o algún sistema mecánico que saque el aire que está dentro de ese espacio y que pueda ingresar aire de afuera sin virus, “eso es ventilar, no usar un ventilador eso simplemente es mezclar el aire”.

Otra medida importante que entrega Jiménez es medir los niveles de CO2 presente en interiores, “una cosa muy útil y de bajo costo que nos permite saber si hay mucho aire exhalado en un sitio y si es una situación de peligro”.

El CO2 las personas lo exhalan cuando respiran y el gas se acumula en espacios interiores que no están bien ventilados, alcanzando concentraciones muy por encima del nivel de referencia del aire exterior.

Un monitor de CO2 muestra una lectura que se debe manter por debajo de 400 partes por millón, solo un poco más alto que los niveles en el aire exterior. Al aire libre, por ejemplo, hay 400 partes por un millón, dice Jiménez, “pero en las muchas escuelas se ven 2.000, 3.000 a 4.000 partes por millón, niveles altísimos exhalados, eso quiere decir un porcentaje importante del aire ya ha estado dentro de los pulmones de alguien y puede haber salido con virus”.

Conocer esos niveles permite evitar situaciones de contagio como la de súper propagadores en coros, iglesias, u otros lugares, donde había esta acumulación de aire contaminado y eso es lo que hay que evitar, señala el investigador “situaciones donde hay mucha gente en espacios mal ventilados sobre todo si hablan fuerte o gritando o sin mascarilla, o puede ser un bar, donde se quitan la mascarilla para beber, esas son las situaciones donde se ven muchos contagios”.

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