Mi yerno se fue en la pandemia… ¿qué hago con mi hija? (2ª Parte)

Nuestros hijos, nuestros discípulos, cualquiera cuya vida hayamos rozado es nuestra continuación. (Thich Nhat Hanh)



Llegaron las vacunas chinas, los indicadores Covid de la Región Metropolitana mejoran, aumenta la demanda de camas UCI en la Araucanía y una inédita lluvia veraniega conmociona nuestra precordillera. Fuera de Chile, Alexis Sánchez corre como loco sin encontrar el gol, los amantes del tenis se preguntan si habrá Australian Open, Jeff Bezos anuncia que va a dejar de ser CEO y en nuestro continente el presidente venezolano promociona las goticas milagrosas contra el Covid.

De vuelta en nuestro país, entre temblores, aluviones, inundaciones, cortes de agua y de luz, nuestra tercera edad sonríe tras el pinchazo, un alcalde promociona un cuestionado fármaco ruso y Carmen, una clienta que la semana pasada estaba desesperada con la llegada de su hija y nieto a su casa, declara, nada más empezar nuestra segunda sesión virtual, que “esta ha sido la semana más tranquila de mi vida”.

¿Qué cambió?

De partida Felipe, el marido… perdón… ex marido de la Moni… se llevó a mi nieto a la playa. No te voy a pagar para mentirte; ha sido una bendición no escuchar sus gritos ni las peleas con la Moni. Y sin él, las revoluciones de mi hija han bajado y algo hemos podido hablar. La he visto más depre. Cómo que recién le cayó la teja.

¿Qué entendió?

Creo que estando con la adrenalina a mil no había pensado en todas las tonteras que ha hecho. Mi nieto se fue feliz con su papá y me imagino, porque a mí nunca me pasó, que eso duele. No hizo ningún berrinche. Al revés, estaba fascinado con esto de hacer su maleta, su mochila y subirse al auto de papá. Y se fue y la Moni ha sentido el vacío. Sus hermanas y sus más amigas están con sus parejas -no se me vaya a ocurrir decirles marido- y las únicas que la han llamado y que han venido a verla son sus amigas del colegio, las que por supuesto, la Moni no siente tan cercanas. Ellas se han portado regio con mi hija y yo creo que eso es lo que más le duele.

¿Qué le duele?

No sabes cómo me gustaría que ella hablara contigo. Yo solo hago suposiciones, pero conociendo a la Moni, se debe sentir pésimo, pues si hay algo que le preocupa es la consecuencia, cosa que a mí, tu comprenderás, hace años me resbala. Pero no. Para la Moni ser consecuente lo es todo, y ahora sus paños de lágrimas son esas mismas que pelaba. Por cómodas, por tradicionales, por poco jugadas. Y aunque sabe que ellas adoraban a Felipe, la apoyan. No la critican. En cambio, sus “buenas amigas”, la felicitan, la llenan de palabras incendiarias contra los hombres, la familia y el sistema, pero después desaparecen con sus parejas y si te he visto no me acuerdo.

¿Y a ti qué te pasa con todo esto?

Eres bien preguntón. Me gusta, pero antes de responder necesito fumar.

Acto seguido Carmen saca un cigarro, ladea la cabeza y prende un gigantesco fósforo, que asumo es de la cocina. Exhala y por instantes, desaparece de la pantalla.

Cigarro, cigarrillo

Qué horror estos fósforos. Seguro que estos hacen peor que los cigarros. ¿Dónde estaba? Ah… sí… qué me pasa a mí. Debo confesarte que son raras tus preguntas. Solo mis más amigas las hacen… las demás… asumen o que no me pasa nada o que directamente no me importa. Y claramente se equivocan. A mí, la verdad, toda esta situación me da pena. Mucha pena, pero me carga. Mis niñitas no tienen idea cómo es el mundo real. Ni el equilibrio o las cosas a medias. De niñas iban a colegio de monjas. Cantaban en inglés y competían en atletismo. Y de repente entraron a la universidad, se cortaron la chasquilla y renunciaron a su pasado. Durante años les di vergüenza. No invitaban a nadie para acá y ellas se pasaban en casas de compañeras y compañeros más acordes a su sueño universitario. No hubo punto medio y aunque no les guste reconocerlo, se niegan a renunciar a las bondades de los dos mundos. Y este año, por primera vez, no se fueron con nosotros de vacaciones a Pucón. Lugar que supuestamente les cargaba, pero que no se perdían ni ellas ni sus pololos. Y este año tuvieron un baño de realidad y se dieron cuenta que es difícil pensar.

¿Pensar?

Pensar dónde se pueden ir de vacaciones, hacer cálculos, organizar, coordinar, cosas que ellas y sus respectivas parejas daban por sentado. Ha sido un caos y con mi marido hemos tomado palco. Y aunque suene cruel, ha sido divertido, pues el único que tenía iniciativa de todos ellos era Felipe. Él se arrendó un departamento en la playa, se fue con el niño e invitó a una pareja de amigos con sus hijos. Y estos zánganos se deben estar retorciendo, porque si hubiera estado con la Moni, ellos hubieron sido los invitados y las cosas no hubieran cambiado tanto. Mis otros yernos, supuestamente tan inteligentes, no piensan. Solo critican y echan todo para abajo. No saben hacer nada y mis hijas se han dado cuenta. Las dos ya me comentaron lo de Felipe y la envidia que les da. Y yo espero que de alguna manera la Moni se dé cuenta que con ese discurso igualitario, las que más pierden somos nosotras. Disculpa que te lo diga, pero el hombre promedio, es flojo. Y a los más flojos les encantan las mujeres trabajadoras. Y si no me crees, pregúntale a mi marido.

¿Y qué va a pasar cuando vuelva tu nieto?

No se te pasa una. Bueno, a mí tampoco y ya hablé con la Moni y ella, con nuestro apoyo, se va a endeudar, como la mayoría de los chilenos, y se va a comprar un departamento. Mi esperanza es que esto haga sentir mal a sus hermanas y se den cuenta que la Moni quedó en la calle, mientras ellas y sus maridos están cómodamente en nuestros departamentos. Sebastián, yo me he sacado la mugre y mis dos departamentos eran una inversión para mi vejez, pues podrás comprender que con la jubilación de un profesor universitario de arte no se pagan ni los remedios. Si a mí me pagaran arriendo, yo podría vivir muy tranquila. Podría hasta jubilar. Y estos huevones, porque eso son, dan cátedra desde la comodidad de Providencia y mis hijas los miran con cara de admiración.

¿Y tu marido que piensa de todo esto?

He reflexionado harto, pues generalmente yo terminaba enero reventada y en febrero nos instalábamos en Pucón… para no pensar. Y funcionaba. Harta vida social y aperitivos. Exquisito, pero no puedo dejar de ver a mi marido sentado en el quincho con mis hijas y sus pololos hablando, tomando y fumando marihuana de espalda al lago. Es medio patético si quieres, pero a Gerardo… así se llama mi marido… le gusta esa onda y es feliz con las niñitas y sus pololos. Goza y lo pasa mil veces mejor con ellos que con mis amigas o familia. Ahí le celebran todas sus tonteras y él se entusiasma y saca sus vinos y ellos le aportan los pitos. Durante años luché contra esto, pero ya cuando la más chica salió del colegio me rendí. Y aun así, nunca pensé en separarme de Gerardo. Lo encuentro un viejo huevón y punto. ¿Y qué viejo no es huevón? Trabajo rodeada de hombres y soy la secretaria del número uno del Holding. Y antes fui la secretaria del otro número uno. Su papá. Y todos tienen sus cosas y nunca se me ocurrió renunciar o divorciarme. Y ahora resulta que la que está mal soy yo, pero cuando se emparejan mis hijas las tengo que mantener. Y cuando se separan, también. Y por eso, espero que la Moni se dé cuenta de la trampa, pues Felipe no será el mejor ingeniero, ni salió de la mejor universidad, pero puede pararse solito en sus dos pies. Nunca necesitó papás ni suegros para hacerlo. Y logró entrar a una buena empresa, mantenerse y hacer carrera. Fue papá y se preocupaba de la Moni y de la guagua. ¿Qué más quieres?

Silencio, segundo cigarro y segundo fósforo gigante. Tras el humo, veo que Carmen se sirve el primer vaso de agua.

Se me secó la garganta de tanto pelar. Qué atroz, pero no hay otra alternativa. A mis hermanas les pasó lo mismo. Se separaron y a sus ex maridos les va regio y a ellas pésimo. Y mis hijas parecen que no han aprendido nada de nosotras. Ni lo bueno, ni lo malo y juran que se las saben todas y que nosotras somos taradas. Los hombres, en su gran mayoría, descansan en nosotras. Y cuando no son flojos, no los sabemos valorar. Te aseguro que mi mamá me hubiera rogado que me casara con un tipo como Felipe y que yo me habría opuesto para hacerlo con un huevón como Gerardo. Y la maldición se repite y parece que finalmente Felipe fue eso, un accidente, una excepción en nuestra historia familiar. A nosotras nos gusta sufrir y cuando no sufrimos, nos aburrimos y nos convencemos que tenemos que buscar el verdadero amor.

Tras cortar, tuve que abrir la ventana y respirar el calor de la terraza. En mi exhalación, se me vinieron a la mente las siguientes palabras de Charles Bukowsk : “Las relaciones humanas son extrañas. Quiero decir, estás con una persona un tiempo, comiendo, durmiendo y viviendo con ella. Amándola, hablándole, yendo a lugares juntos y luego, ya no”.

Continuará…

Lea la primera parte de esta columna en este enlace.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.