Qué dice la ciencia sobre el Avifavir, el medicamento contra el coronavirus de la Municipalidad de Recoleta

Un experto señala que la evidencia científica del medicamento contra el Covid-19 es muy insuficiente, y acusa de "irresponsable y populista" la medida tomada por el municipio del alcalde Jadue. El ministro de Salud, Enrique Paris, y la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, tampoco recomendaron su uso.




Este lunes, la Municipalidad de Recoleta anunció la utilización del medicamento Avifavir (Favipiravir) para tratar cuadros avanzados de coronavirus, una medida gratuita que beneficiará a todos los habitantes de la comuna.

El medicamento, uno de tantos que ha sido probado desde mediados de 2020, había tenido la aprobación del Instituto de Salud Pública (ISP) en agosto pasado, pero sólo para estudios clínicos y no para su uso contra el Covid-19, algo que más tarde fue confirmado por el ministro de Salud Enrique Paris.

“Este medicamento fue sometido, a petición de un grupo de médicos, al registro o investigación del ISP. Y el ISP en la actualidad dio autorización sanitaria, transitoria, para su uso en estudios clínicos, como también para su uso en pacientes dentro del contexto acotado establecido por dos autorizaciones de uso provisional entregado por el ISP”, sostuvo el ministro.

“Está aceptado como estudio clínico. Si ese estudio es satisfactorio obviamente que podría ampliarse su uso. Este es un medicamento muy antiguo, Favipiravir, originado en Japón en 2014, al que se autorizó su uso para la influenza. No tiene un uso autorizado en nuestro país para el coronavirus”, indicó la autoridad sanitaria.

Similar opinión tuvo la presidenta del Colegio Médico de Chile, Izkia Siches, quien este martes aseguró que como organismo “vamos en la misma línea que la Sociedad Chilena de Infectología”, en cuanto a no recomendar el uso del medicamento.

“Los estudios que existen son estudios muy pequeños que no nos dan tanta fuerza para poder prescribirlo, y creo que tenemos que aprender de otros medicamentos que han pasado en esta historia del Covid-19 en donde todos parecían ser la panacea y la solución, como la Hidroxicloroquina, el Remdisivir, anticuerpos monoclonales y otros, y que lamentablemente con el pasar del tiempo no se han ido consolidando sus recomendaciones, y de hecho hay algunos que han tenido efectos contraproducentes para los pacientes”, explicó.

Escasa evidencia

El Avifavir (nombre de fantasía del Favipiravir) se hizo conocido en Rusia a fines de mayo, cuando los contagios se encontraban en su punto más alto en todo el mundo y varios países comenzaron en medio de la desesperación -y la insistencia de mandatarios como Donald Trump-, a probar diversos medicamentos para combatir la pandemia.

Así, el medicamento, proclamado como “el primer fármaco para el tratamiento del covid-19”, comenzó a suministrarse a los pacientes de Covid-19 en Rusia el 11 de junio, con buenos resultados en las etapas inicial y media de la enfermedad según autoridades locales, pero sin evidencia científica concluyente a pesar de los más de 25 ensayos clínicos a los que fue sometido alrededor del mundo.

Otros medicamentos corrieron igual suerte.

El Remdesivir, que incluso llegó a ser evaluado por el Ministerio de Salud, no continuó más allá, así como el Sarilumab y el Regeneron, también con pruebas por parte del organismo sanitario chileno. En tanto, la hidroxicloroquina, interferón o la combinación de lopinavir-ritonavir, derechamente fueron considerados como de “poco o ningún efecto”, según constató en octubre la Organización Mundial de la Salud.

Hasta el 1 de diciembre del año pasado, el último estudio relacionado al Avifavir había sido realizado por el Departamento de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Salud Basada en Evidencia del Ministerio de Salud, a través de un análisis de cinco estudios con 500 personas en total, buscando disminuir la mortalidad, y requerimiento de ventilación mecánica. Y la evidencia no fue suficiente.

El experimento

“Lo que está haciendo el alcalde Jadue es un poco irresponsable. Porque él, por cuenta propia, está corriendo un experimento con las personas de su comuna”, dice el Dr. Leonel Rojo, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago.

“Cuando se autoriza un medicamento para su uso en Chile, tiene que pasar por una serie de análisis del ISP donde se prueban dos cosas: que sirva para el Covid, y que sea seguro. Para este caso, no está probado que tenga eficacia, y eso está verificado en base aspectos como muerte, complicaciones respiratorias por Covid, y el requerimiento de medidas más agresivas de rescate. En ninguna de aquellas es mejor que los soportes que se le dan actualmente al paciente y por el contrario, añade efectos adversos gastrointestinales, malestar general, puede dañar al bebé en mujeres embarazadas y no sabemos su seguridad con adultos mayores”, señala Rojo, licenciado en Farmacia y doctor en Farmacología.

“En el fondo, lo que está haciendo el municipio es experimentar con la población de la comuna, porque la evidencia científica no apoya su uso”, sostiene.

“Uno al mirar la iniciativa rápidamente y sin analizarlo mucho podría decir que se está recurriendo en ayuda de la población, pero en la realidad no mejora lo importante, como requerir ventilación mecánica y la mortalidad. En todo eso, la evidencia es muy baja”, dice Rojo.

En su sitio, la Municipalidad de Recoleta indica que “el medicamento ayuda a disminuir la carga viral hasta en un 90% los primeros cuatro días del tratamiento de una persona contagiada, y de esta forma reducir las posibilidades de agravamiento de la enfermedad”. Sin embargo, el académico de la Usach no está de acuerdo.

“No conozco esa evidencia y habría que ver cómo midieron la carga viral, pero estoy seguro que en el municipio donde se está utilizando, nadie se encargará de eso. El que diga que midió la carga viral mientras estaba administrando el medicamento está mintiendo; imaginemos lo que cuesta hacer un examen PCR en Chile”, indica Rojo.

“La pregunta entonces sería: ¿midieron la carga viral a todas las personas en el lugar donde están administrando el medicamento? No. Porque apenas podemos hacer exámenes de presencia del virus. Lo que sí ha establecido es que al principio la dosis tiene que ser alta para poder tener algún efecto, y en ningún caso en 14 días el tratamiento completo. Y eso no garantiza que la mortalidad sea distinta y que el número de pacientes que requiera ventilación mecánica sea significativamente diferente”, agrega.

“Por un lado está la evidencia científica, y por otro lado un grupo de personas que quiere usar el medicamento de forma masiva sin que haya pasado por los mecanismos que tiene el país para poder aprobarlo. Eso es un experimento. Y los experimentos pueden salir bien, pero también pueden salir mal”, dice.

“La gente tiene que estar dispuesta a experimentar, pero lo que no debe hacerse bajo ningún punto de vista es propagandear esto como una solución para el Covid. Y menos decir que un grupo de personas sí tiene protección contra la enfermedad, tienen el tratamiento garantizado y gratuito, y otras personas por vivir en otro lado no tienen derecho a acceder a un tratamiento eficaz, porque eso es engañar a la población”, asevera el académico Usach.

Rojo explica que lo que sí fue aprobado es el uso compasivo: “Es una forma de adquirir medicamentos cuando no están disponibles oficialmente en el país. Por ejemplo, si en el caso de un cáncer existe un medicamento que ‘pudiese’ servir, pero que no ha sido aprobado en Chile, una persona puede hacer que su médico tratante le permita usar el medicamento. Con esa receta uno va al ISP, éste analiza, busca las evidencias y responsabiliza al médico por lo que pueda pasar al paciente. No es una vía que se use todo el tiempo”.

“Pero en este caso, me parece una medida populista y aventurada decirle a la gente que ‘aquí esta la cura para el Covid’, eso no se debe hacer”, sostiene.

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