Qué consecuencia tiene la fuga de 900 mil salmones no aptos para el consumo desde Isla Huar

Autor: Daniela Silva

Marín Katz, Greenpeace.

Al estar en tratamiento con altas dosis de antibióticos, los salmones no solo representan un peligro para los humanos, sino también para el ecosistema.


El jueves pasado, y producto del mal tiempo, alrededor de 900.000 salmones de la empresa Marine Harvest escaparon desde las jaulas del centro de cultivo Punta Redonda ubicado en Isla Huar, en la Región de Los Lagos,

Greenpeace calificó este hecho “de máxima gravedad”, pues, explicaron, se trata de un potencial desastre medio ambiental ya que los salmones estaban siendo tratados con una alta dosis de antibióticos y no pueden ser consumidos.

Desde Marine Harvest aclararon que efectivamente, 463 mil de los salmones que escaparon estaban en pleno tratamiento con altas dosis del antibiótico Florfenicol, el cual tiene una carencia de aproximadamente 30 días, haciéndolos no apto para el consumo humano por estar todavía con bacterias que representan un peligro para la salud humana.

La empresa indicó el pasado lunes que se están realizando labores de recaptura con embarcaciones de pescadores artesanales y así trasladar a los peces hasta otro centro de la empresa en el sector Huelmo. Hasta el viernes pasado, indicaron, habían recuperado 250 mil peces del total.

Potencial peligro medioambiental

Además del peligro que significan si alguien llega a consumirlos, especialmente si se trata de embarazas o niños, la presencia de estos salmones en el mar chileno representa un peligro para el equilibrio del ecosistema marino.

Los salmones, explica en un comunicado Estefanía González, coordinadora de océanos de Greenpeace, si no se recuperan comenzarán a actuar como depredadores, generando así graves consecuencias medioambientales en los peces de la zona.

González hizo un llamado para que las autoridades investiguen las causas de las fugas y apliquen las sanciones correspondientes, pues según indicó, “es evidente que hay normas de seguridad y de impacto ambiental que no se están cumpliendo” por parte de la salmonera.

El caso de Washington

En Washington, Estados Unidos el año pasado se fugaron alrededor de 250 mil salmones desde la empresa de cultivo Cooke Aquaculture tras el colapso de una red. Una fiscalización del lugar reveló que las redes no habían recibido la mantención correcta y la responsabilidad fue centrada en el centro de cultivo.

Tras la investigación, los legisladores del estado tomaron la decisión en marzo de este año -ocho meses tras la fuga de los salmones – de terminar con las salmoneras para el año 2025

Con esta medida se daría por finalizado tres décadas de cultivo en el estado de Washington.

Según indicó el gobernador de Washington, Jay Inslee, al medio NPR, el riesgo de fuga de los salmones es algo que “no pueden tolerar”, pues ponen en peligro a los salmones silvestres presenten en el zona, siendo una grave amenaza al ecosistema.

Pese a la decisión de Inslee y a la propuesta del resto de los legisladores de analizar la situación más adelante cuando existan más estudios al respecto, desde la salmonera indicaron que podrían demandar a los oficiales de Washington bajo el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica por tratar de terminar sus operaciones.

“Nuestra compañía y nuestros empleados de pesca rural están muy decepcionados con la decisión del gobernador al ignorar la ciencia y firmar el mandato”, indicó un representante de Cooke Aquaculture en declaraciones con NPR.

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