El Niño: del fenómeno climático más pop y nuestra obsesión con la lluvia
El Niño no solo es un fenómeno climático que ocurre en el océano Pacífico y altera el clima global. En Chile lo asociamos a temporales, desbordes y aluviones, pero también a una ansiedad colectiva por la lluvia. Desde el origen de su nombre hasta el icónico Mini cayendo al Mapocho en 1983, revela cómo los chilenos (y sobre todo los santiaguinos) miramos el cielo con esperanza, miedo y fascinación.
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Esta edición de Curio trata sobre un fenómeno climático que:
- Altera el clima global
- Puede provocar inundaciones y sequías al mismo tiempo
- Posiblemente influyó en la Revolución Francesa
- Y genera algunas de las notas más leídas de internet en Chile
Mi niño Godzilla se llama Milan y tiene tres años y medio. Últimamente desarrolló una fascinación por apretar botones, particularmente los rojos, haciendo increíblemente estresante andar con él en ascensores y escaleras mecánicas.
Hace unas semanas estábamos en una tienda del mall y empezó a sonar una alarma (¿de incendios? No sé). Mi pobre marido, que esperaba para pagar, inmediatamente pensó que el responsable de ese pequeño caos podía ser nuestro adorable hijo.
Pero este newsletter no se trata de los niños Godzilla que estresan a padres alrededor del mundo, sino de El Niño: ese fenómeno que nos hace escribir compulsivamente en Google “¿cuándo va a llover?”.
El Niño en una línea (o casi)
El Niño es un fenómeno climático en el que el océano Pacífico ecuatorial se calienta más de lo normal, alterando el clima del planeta.
Habitualmente, los vientos empujan las aguas cálidas hacia Asia y permiten que frente a Sudamérica suba agua fría desde las profundidades, manteniendo una especie de equilibrio oceánico. Pero durante El Niño esos vientos se debilitan y parte del agua cálida se desplaza hacia este lado del Pacífico, alterando esa “bañera climática” global.
Aunque ocurre principalmente en el Pacífico tropical, frente a Perú, Ecuador y hacia Oceanía, sus efectos terminan sintiéndose en buena parte del planeta.
Una historia que comenzó en Navidad
Durante años pensé queEl Niñotenía relación con la lluvia. Quizás porque en Chile el fenómeno suele asociarse a temporales e inundaciones,mi cerebro construyó intuitivamente una explicación propia: algo “mojado”, como esos accidentes infantiles que acompañan a muchos niños pequeños que usan pañales o están aprendiendo a dejarlos (como el mío, que obliga a cambiarle pantalones al menos una vez al día).
Nada más lejos de la realidad.
El nombre surgió hace siglos entre pescadores de Perú y Ecuador, quienes notaban que cada cierto tiempo aparecía una corriente cálida que afectaba la pesca. Como el fenómeno tendía a manifestarse cerca de Navidad, lo bautizaron en referencia al Niño Jesús.
Hoy los científicos hablan del sistema ENSO (El Niño–Southern Oscillation), pero el nombre original sobrevivió intacto en todos los idiomas.
En este Curio descubrí que…
La meteorología está llena de palabras heredadas de culturas locales.
Y muchos de esos nombres sobreviven intactos en la literatura científica global. Además de El Niño, otros casos similares son monzón, que viene del árabe, y huracán, heredado de lenguas indígenas del Caribe.
US$5,7 billones
Es el costo estimado que habría tenido para la economía global el Super Niño de 1997-98, según un estudio publicado en Science. La cifra es equivalente al valor de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, y es superior al PIB anual de Alemania o Japón.
Alias del fenómeno
- El Niño débil
- El Niño moderado
- Super Niño
- Y mi favorito: el mediáticamente maravilloso “Niño Godzilla”
El desastre en nuestras memorias
Aunque pareciera un fenómeno lejano, El Niño altera el clima globalmente. En Perú, Ecuador y parte del sur de Estados Unidos suele provocar lluvias intensas e inundaciones. En Australia, Indonesia y zonas del sudeste asiático, en cambio, puede traer sequías e incendios forestales.
Cuando el calentamiento del Pacífico supera los 2 °C, los científicos hablan de un “Super Niño”, eventos poco frecuentes pero muy destructivos. En los últimos 50 años sólo han existido tres: 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
El climatólogo Raúl Cordero, académico de la Universidad de Santiago y probablemente una de las personas que más veces ha respondido preguntas periodísticas sobre El Niño, dice que en Chile asociamos automáticamente el fenómeno a “desastres húmedos”: aluviones, desbordes de ríos e inundaciones.
Todos los chilenos de mediana edad tienen en su memoria colectiva el desborde del Mapocho, con el Mini cayendo al río, durante el Super Niño de 1982-83.
Mucha lluvia, mucha lectoría
Incluso cuando no viene acompañado de una catástrofe, El Niño genera una fascinación enorme. Los medios publican muchísimo contenido sobre el fenómeno porque la gente lo busca y lo lee MUCHO más de lo que uno imaginaría para noticias relacionadas con el clima.
Patricio Lazcano, exeditor de ciencia de La Tercera, me contaba que las notas sobre El Niño podían llegar a quintuplicar el rendimiento normal de la sección.
Y eso, no es casual.
Las sequías suelen ser más destructivas, pero sus efectos son lentos y dispersos. En cambio, los aluviones tienen imágenes inmediatas, evacuados, barro, autos flotando y rostros reconocibles del desastre.
Pero también hay algo muy santiaguino en todo esto: nuestra obsesión real probablemente no es El Niño, ¡es la lluvia!
Cosas que pasan en Santiago cuando anuncian lluvia
📱 Mandar al WhatsApp familiar: “¡Junten agua!”
👨🍳 Comprar sopaipillas
💻 Cargar celulares y computadores por si se corta la luz
🚗 Quedar atrapado en tacos infinitos
👩💻 Googlear “¿a qué hora llueve?”
El factor calentamiento global
En el newsletter Climate Forward del New York Times explicaban que, aunque no existe evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia de El Niño, sí puede amplificar sus efectos.
Los episodios más intensos de El Niño de los últimos 50 años elevaron las temperaturas globales en más de 2 °C sobre lo normal. Y algunos pronósticos estiman que el próximo gran evento podría empujar esos récords hasta los 3 °C.
Y si históricamente el fenómeno ha sido vinculado a la caída de antiguas civilizaciones en Perú e incluso a malas cosechas que podrían haber ayudado a desencadenar la Revolución Francesa (en serio), es difícil no preguntarse qué podría provocar en un planeta mucho más caliente que antes.
En el caso de Chile, enfrentamos este escenario después de años de sequía. Suelos degradados, laderas sin vegetación y ciudades construidas en zonas de riesgo hacen mucho más peligrosas las lluvias intensas. Expertos advierten un alto riesgo de deslizamientos en sectores de Ñuble y Biobío, afectados por los incendios forestales del verano pasado.
Entonces… ¿ya llegó?
Todavía no oficialmente.
Varias agencias climáticas monitorean constantemente las condiciones de El Niño, pero el gran referente mundial es National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).
Según su último reporte, las condiciones siguen siendo “neutrales”, aunque existe un 82% de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio.
Lo único que puedo prometerles es que, cuando NOAA haga el anuncio oficial, probablemente lo leerán primero en La Tercera… justo al lado de la inevitable nota:
“¿Cuándo llueve en Santiago?”
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4.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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