La cucaracha: Ian McEwan y su sátira sobre el Brexit

Ian McEwan Libro La Cucaracha

En su nuevo libro, el autor de Expiación convierte a una cucaracha en el primer ministro británico, quien debe hacer frente al "reversalismo", un sistema económico donde la gente paga por trabajar.


Una mañana, después de un sueño intranquilo, Jim Sams se despertó sorprendido. Por entre las sábanas se dio cuenta de lo sucedido. Ya no era una cucaracha. Se había convertido en una criatura gigantesca e incluso todavía más monstruosa: un ser humano. Y no cualquier ser humano, sino el primer ministro de Inglaterra.

De esa forma comienza La cucaracha, lo nuevo del novelista británico Ian McEwan, una novela con el tono satírico de Jonathan Swift o Mark Twain y la cual usa la nouvelle de Franz Kafka como punto de partida.

"Esta es una obra de ficción", anuncia McEwan en una nota al inicio de La cucaracha. "Los nombres y personajes son producto de la imaginación del autor y cualquier parecido con cucarachas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia".

Aunque claro: no es necesaria una aguda lectura para comprender que Jim Sams -un tipo "inteligente pero de ninguna manera profundo"- es una proyección de Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido y exalcalde de Londres. Y que La cucaracha (próximamente al español por Anagrama) se escribió sobre la marcha, a modo de respuesta literaria sobre lo que sucederá cuando el Reino Unido corte lazos con Europa.

Esto porque La cucaracha no solo es la historia de un bicho convertido en el primer ministro inglés (su único consuelo, al investigar su nuevo cuerpo, es que su cabello jengibre es del mismo tono que su cáscara de bicho). Asimismo, en la novela de McEwan se narra el tejemaneje de un gobierno que manipula a sus ciudadanos. Esto al hacerles creer que la mejor forma de progreso es el "reversalismo", una doctrina "que no tiene pies ni cabeza pero que, de pronto, se convierte en política invencible".

El "reversalismo" es una doctrina económica que invierte el flujo de dinero. En esta la gente tiene que pagar por trabajar. Y algo similar deben hacer los prestadores de servicios: "Los gerentes del hotel traen el mejor champán, las sábanas más suaves, las orquídeas raras y el mejor trompetista de la mejor orquesta de la ciudad, para que el hotel pueda pagar a sus huéspedes".

Gracias a este sistema económico, asegura Sams, el Reino Unido se purificará, se purgará de lo absurdo, del despilfarro y de la injusticia. "Al final de una semana laboral, un empleado entrega dinero a la compañía por todas las horas que ha trabajado. Pero cuando va a las tiendas, es generosamente compensada a precios minoristas por cada artículo que se lleva".

Así, en las primeras páginas de La cucaracha Jim Sams se despierta no solo convertido en un humano, sino también a cargo de un plan que ayudará a la alicaída economía inglesa y de paso afectará al mundo. Esto pese a un problema: según las últimas encuestas, aquella misma gente que votó por el "reversalismo" ya no está tan segura. "Hay cansancio general. Miedo a lo desconocido", se da cuenta Jim Sams. "Hay ansiedad por lo que votaron, lo que han desatado". ¿Y cómo lo soluciona la ex cucaracha convertida en primer ministro? Echando a andar rumores falsos que vía Twitter la gente cree verdaderos. "No había nada más liberador que una secuencia de mentiras muy unida", reflexiona Sams. "Ah, por eso la gente se convierte en escritores".

Si la primera parte de La cucaracha se mueve entre el parlamento británico y las consecuencias locales del "reversalismo", en la segunda el escritor inglés describe convenciones de presidentes, embajadores y primeros ministros del mundo. Ian McEwan sigue a Sams por entre cenas y cocteles en que se desperdicia la comida, el lobby de las empresas multinacionales o una imitadora de Gloria Gaynor canta "I Will Survive". Es una postal de lo burdo que son los encuentros de líderes globales; y de cómo en estos un populista de derecha se hace paso. "Para 2050 es más que posible, y menos que imposible, que el Reino Unido sea la economía más grande y próspera de Europa", le asegura Sams a sus pares mundiales. "Nos encontraremos en el centro de una nueva red de acuerdos comerciales de flujo inverso".

Además de todo aquello el último libro de Ian McEwan es una crítica velada sobre los mismos medios de comunicación digitales y no digitales; estos, en La cucaracha, distorsionan la realidad. Impulsan a que la gente se convenza de que revertir la economía es una buena idea. "¿Cómo podría una nación hacerse esto a sí misma?", se pregunta en un momento el narrador de esta novela. "Era algo trágico. Risible. ¿Seguramente los griegos tenían una palabra para eso de actuar en contra de los propios intereses? Sí, la tienen. Era akrasia. Perfecto. La palabra comenzó a circular en los medios de comunicación".

La cucaracha ofrece más risas que reflexiones políticas aplicables a nuestra realidad. No es una novela, como las anteriores de McEwan, con una prosa sumamente delicada y una historia con espesor y profundidad. Este es un libro urgente y satírico. Y muy contingente. Y si bien en sus últimas páginas McEwan resuelve algunas de las preguntas iniciales (¿qué sucederá con Inglaterra una vez funcione el "reversalismo"?, ¿volverá Jim Sams a su estado de cucaracha o será para siempre un monstruoso humano?), principalmente es una novela que nos refugia de estos tiempos en que la realidad ya no tiene mucho sentido.

"Creo que cuando uno cae en la desesperación, especialmente con la política, algo viene por otro lado, y eso es la risa", le dijo Ian McEwan a la agencia Euronews. "En el encuentro entre la desesperación y la risa, a veces aparece la literatura".

La cucaracha.

Ian McEwan.

112 páginas, 2019.

Disponible sólo en inglés a US$ 8.35 por amazon.com.

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