Culto

Charly García y Mercedes Sosa: la última y emocionante grabación que hicieron juntos

Acogido por Palito Ortega tras su internación, Charly se preparó con esmero para recibir a la "Negra". Un hito que repasa la nueva biografía La indómita luz, de Pablo Plotkin, sobre la sesión de 40 minutos que dejó una huella imborrable.

Para enero de 2009, Charly García estaba residiendo en la quinta de Palito Ortega. El hombre de Prometimos No Llorar había retirado a Charly de la Clínica Psiquiátrica Dharma (con autorización judicial), para que pudiera recuperarse de sus problemas siquiátricos en un entorno más amigable. Cuando nadie quería hacerse cargo de Charly, ahí apareció el tucumano.

“Fue un momento delicado, todos habían desaconsejado que mi viejo se llevara a Charly a vivir con él –recuerda el director de cine Luis Ortega, hijo de Palito, en la reciente biografía La indómita luz (Ediciones UDP), de Pablo Plotkin-. Estaba demasiado frágil la situación. Circulaba en la tele esa imagen de Charly maniatado en una camilla mientras lo bajaban de un helicóptero. Yo le decía a mi viejo que existía esa canción (de Charly) No te mueras en mi casa y él me decía sí, pero ‘Yo tengo fe’, o sea, me contestaba con su canción. Al final se lo llevó igual y la jueza le hizo firmar un papel que decía que era el responsable absoluto. Yo no conozco a nadie que hubiese firmado ese papel. Pusieron policía en la puerta, enfermeros”.

Foto: Archivo Histórico – Cedoc Copesa.

El cambio a Charly le sentó bien, más allá de uno que otro episodio de violencia a costas de la residencia de Palito. Lo recuerda su guitarrista Fernando Kabusacki en la biografía: “En un momento de un cambio de medicación, Charly tuvo un brote y rompió todo el estudio. Le digo a Palito ‘che, qué cagada’. Y él: ‘No importa. Lo importante es que Charly esté bien’. Creo que para él fue algo así como una misión cristiana. Dijo ‘yo me hago cargo de este tipo, no lo puedo dejar tirado’”.

Sin embargo, algo que le aliviaba la pesadez mental a Charly, y lograba alejar los demonios que tenían tomado su cuerpo, era la música. Entrar al estudio que tenía Palito Ortega en su quinta -Los Pájaros- ponía a Charly como un niño en recreo.

“Podían ser las 3 de la mañana y de pronto me decía ‘vamos al estudio’. Yo creo que el estudio de grabación termina siendo la gran salvación para él, porque en los momentos de mayor angustia, lo único que lo calmaba era sentarse al piano. Yo iba con él, a cualquier hora de la madrugada, me sentaba en el control, abría un micrófono y lo dejaba tocar hasta que finalmente se quedaba dormido. Lo buscaba y lo llevaba otra vez al dormitorio. Yo nunca había escuchado tanta música clásica, y tampoco sabía del enorme conocimiento y el talento que tenía él haciendo música clásica. Ahí me entero, a través de un mensaje de la madre, de toda la formación académica que había tenido Charly de niño. Creo que fue su cable a tierra”.

Charly García Archivo Histórico/Cedoc Copesa

Un día de enero de 2009, la quinta de Palito Ortega recibió una visita ilustre, nada menos que Mercedes Sosa. La idea era aprovechar el estudio que tenía Palito Ortega en su casa -Los Pájaros- para registrar una canción entre la “Negra” y Charly, una canción que sería incluida en el álbum Cantora, un disco doble compuesto de duetos. “Ella también estaba muy frágil. Le quedaba menos de un año de vida y ese disco doble terminaría siendo su gran testamento”, señala Plotkin.

La canción elegida fue Desarma y sangra. En rigor, es una composición del acervo de Serú Girán, y que formó parte del disco Bicicleta (1980), el tercer álbum de estudio de la banda. Una canción conmovedora, en cuya grabación original solo participaron dos de los miembros del grupo: Charly García en piano y voz, y Pedro Aznar en teclados. Y en 2009, en vez de Aznar era Sosa quien se ubicó frente a Charly.

El hombre del bigote bicolor se tomó la sesión con esmero y profesionalismo. “Recuerdo que Mercedes tenía que llegar a las once, y Charly ya estaba bañado y cambiado desde las diez –dice Palito en la citada biografía–. Nunca lo vi tan preocupado por cuidar su aspecto como ese día”.

Mercedes Sosa - créditos a Andrea Cherniavsky

A cargo de las perillas en la consola estaba Jorge “Portugués” Da Silva, el ingeniero de sonido que había trabajado con Charly en el célebre álbum Piano Bar; y quien dirigía la sesión era Gustavo “Popi” Spatocco, tecladista de Mercedes, productor y arreglador del álbum Cantora. El destino quiso que presenciaran una colaboración magnífica.

“Registraron una versión descomunal de Desarma y sangra. Charly cantó en un tono sereno, controlado, adaptándose a la tonalidad más alta de la Negra, y ella alcanzó momentos de una expresividad conmovedora con el poco aire que le quedaba. La sesión en Los Pájaros duró unos cuarenta minutos, y fueron apenas tres o cuatro tomas”, señala Plotkin.

“Popi” Spatocco recordó a Plotkin, en el citado libro, cómo fue la sesión: “Fue un momento de mucha intensidad emocional. Vi la gran alegría de los dos al reencontrarse. Y vi también ese pudor, esa elegancia si querés, de verse el uno al otro en la fragilidad y no mencionar nada al respecto. Creo que fue un gesto de amor de ambos. Y fíjate que la versión termina con eso de ‘no existe una escuela que enseñe a vivir’. Está todo ahí. Mágicamente, la canción parecía compuesta para ese momento”.

Para “Popi”, la sinergia entre ambos fluía muy fácil, así lo cuenta en el volumen: “Mercedes tenía esa cosa maternal con Charly, que era una forma muy natural en ella de relacionarse con la gente. Pero en Charly veía también a un par. Mercedes no tenía muchos pares. Era una especie de monumento a la patria musical latinoamericana, encarnada en una señora muy fuerte y muy frágil. Y todas las relaciones con sus colegas tenían esa cosa de jerarquía, era como la Reina Madre. Pero con Charly no. Con Charly era una igual. Creo que eso los desarmaba a los dos. Yo que conocí a Charly de la mano de Mercedes, conocí al ser más hermoso, dulce, inteligente, educado, bondadoso, tierno. Podrías decir: no, ese no es Charly. Pero sí, ese era Charly”.

Mercedes Sosa falleció 10 meses después de aquella jornada en la quinta de Palito Ortega, el 4 de octubre de 2009. En el funeral, Charly se topó con Spatocco y en su estilo, le soltó: “Eh, Popi. La vida sigue”. Hasta hoy, “Popi” recuerda esas palabras y esa forma tan particular de Charly. “Todo mi duelo de Mercedes, que duró como diez años, fue tratar de entender esas tres palabras”.

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