Crítica de discos: Babasónicos se desorienta, Vuelveteloca adquiere nuevas rutas y The Smashing Pumpkins en la eternidad
Las novedades discográficas de los últimos días ofrecen un tropezón con la gran banda argentina de este siglo XXI, mientras que el conjunto de Billy Corgan camina sobre seguro al retornar a uno de sus grandes títulos. Los chilenos Vuelveteloca, por su cuenta, también gritan fuerte y sobresaliente.
*The Smashing Pumpkins - Mellon collie and the infinite sadness (30th anniversary edition)
Hay algo hermoso y fallido en este álbum doble excesivo, potencialmente magistral de haber sido un solo disco. Billy Corgan tenía que demostrar la condición de genio y figura sintetizando la furia y la desazón adolescente, la conexión sabática, la ambición progresiva, la melancolía al calor de The Cure, y la muralla sónica del shoegaze. El líder abarcó sin apretar. El material duro resiste el paso del tiempo por las guitarras acorazadas y diestras, y la batería de Jimmy Chamberlin, alquimista de empalme perfecto entre las florituras del jazz y el ataque metálico.
Algo parecido ocurre con los singles. Los mayores triunfos comerciales de la banda nunca alinearon con el perfil heavy, sino un pop pretencioso -Tonight, tonight- o la perfección del formato tallada en una de las canciones definitivas de los 90 como 1979. Pero el resto de las composiciones que perfila esa cara amable, resulta más lánguida que interesante, y los 30 años no varían la consistencia.
Si en Siamese dream (1993) el rumor aseguraba que Corgan ejecutó todos los bajos y guitarras, en este álbum eliminó la mayoría de las voces de la bajista D’Arcy, que habrían contribuido a matizar su voz chillona, cuyas modulaciones eran una pálida imitación de Robin Zander de Cheap Trick, también ídolo de Kurt Cobain. El material en vivo de esta edición aniversario es un mazazo superior al registro en estudio.
*Babasónicos - Cuerpos, Vol. 1
Acorde a la retórica babasónica tradicional, en este decimocuarto título de la banda confluyen “música y poesía” como “posición estética” con la intención de rehuir “la previsibilidad y saturación de los géneros”. En cualquier otro artista trasandino esta clase de definiciones caería fácilmente en el tacho del verso fácil, la palabra grandilocuente de buen agarre inicial y luego desechable, marca registrada al otro lado de la cordillera, un rasgo de reconocimiento internacional. Pero con Babasónicos siempre vale la pena detenerse.
Cuerpos, Vol. 1 modela la intención sincera de romper el estancamiento pero los resultados son inciertos, como un vehículo de arranque espléndido y confortable mediante reformas radicales con nuevas líneas aerodinámicas, pero que luego de un rato corcovea y tose aminorando la marcha.
Es un álbum escueto de apenas nueve temas en 33 minutos propuesto como una continuación de Trinchera (2022), desarrollado con economía de recursos instrumentales -el bajo nunca recuperó el peso desde la muerte de Gabo Manelli-, un borde melódico minimalista, percusión mayoritariamente electrónica sin mayor ingenio, y el desinterés por el estribillo tradicional. Hay algunas experimentaciones con tratamientos de la voz que no encajan y piezas que avanzan desorientadas, entre ellas una especie de sarcástico homenaje a Miranda! titulado Cocos.
*Vuelveteloca - Metales Pesados
“¡Desde 1999 la vida es pura basura!”, repite la voz de Tomás Olivos (guitarra, sintes) en el cierre de Efecto 2000, el último corte de este séptimo álbum de los nacionales Vuelveteloca, un mantra envuelto en un enjambre de guitarras ácidas, máquinas y teclados proclamando el futuro desde el ayer, un certero cortocircuito entre Depeche Mode y Primal Scream.
La banda reseteada en formato dúo entre Olivos y Marcos de Iruarrizaga (guitarras, drum machines, sintes, voces), radicados entre Barcelona y Madrid respectivamente, mutó hacia un nuevo sonido, un cambio notorio. El viraje también implica una metodología de composición a distancia con resultados más que alentadores. El stoner y la psicodelia se transfiguran en rock industrial con sobredosis lisérgicas, oscuridad, alteración, cachondeo y lírica pesimista.
“No puede ser, todo está mal”, canta Olivos en el hipnótico single Alacrán mediante guitarras taladradas en distintos planos. El disco se interna en ambientes diabólicos como ocurre en Carretera de la muerte con un riff de base convertido en zumbido y cambios de velocidad en cámara lenta, más un sugerente boleto a la perdición titulado Lucifer. La machacante Sombras chinas refuerza la sensación de acabose y precipicio mientras se reclama puño en alto. Metales pesados confirma las bondades de cambiar de página, salir del confort e incendiar la pradera con guitarras y secuencias.
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