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El regreso de Manuel Baquedano: la historia tras el último gran monumento bélico del siglo XX

Tras décadas de postergación y un intenso debate parlamentario, la obra de Virginio Arias consolidó en 1928 la simbología de la Guerra del Pacífico en el corazón de Santiago. El retorno de la pieza a su plaza original invita a redescubrir la figura del general "tropero", el financiamiento popular del monumento y las tensiones políticas que, desde su origen, han rodeado a este hito fundamental de la planificación urbana nacional.

El regreso de Baquedano: la historia tras el último gran monumento bélico del siglo XX

A contar de esta madrugada, la estatua ecuestre del general Manuel Baquedano regresó a su ubicación en la plaza que lleva su nombre, en el límite de las comunas de Santiago y Providencia. Acaso uno de los hitos centrales de la planificación urbana de la capital.

La estatua fue esculpida por el célebre Virginio Arias en 1928, con el fin de homenajear al general en un proceso que no estuvo exento de divergencias en el Parlamento. Así lo relata el historiador Gabriel Cid en su libro La Esparta americana. “Su historia muestra también lo escarpado del proceso y, sobre todo, lo complejo del consenso político en torno a su figura. Aunque tras su muerte en 1897 se había sugerido levantar un monumento, la implementación de esta idea se pospuso por décadas. Solo en 1922 el proyecto recuperó fuerzas y en 1926 adquirió el rango de ley de la república. De manera sugerente, el debate parlamentario puso en evidencia el disenso político sobre estos homenajes escultóricos y sus alcances”.

“Así, mientras el diputado Luis Pereira defendió el homenaje porque ‘la vida entera del General Baquedano, encarnación de nuestras más puras glorias militares, fue un ejemplo de amor y culto a la Patria, de abnegación y disciplina’, otros cuestionaron el monumento, aunque invocando razones diversas. Para el radical Eulogio Rojas Mery habría sido deseable homenajear al soldado desconocido antes que a un general; mientras que otro diputado sugirió que era preferible redirigir los recursos del monumento en ayuda a los veteranos e inválidos de la Guerra del Pacífico. Más crítico fue el diputado comunista Salvador Barra Woll, para quien levantar un monumento a un militar era lo mismo que levantar ‘un monumento al terror y la muerte’ agregando que Baquedano ‘conquistó su gloria dirigiendo matanzas de hermanos nuestros para beneficiar las ambiciones de los capitalistas interesados en la guerra’“.

Celebraciones de la caída de Berlín en Plaza Italia Foto: La Nación

Sin embargo, el Parlamento aprobó la construcción del monumento. “Su diseño fue encargado a Virginio Arias, quien supo expresar en la escultura el lenguaje nacionalista deseado por sus comitentes: en lugar de apelar a la tradición clásica de la coronación con laureles del héroe, nacionalizó la referencia estética escogiendo copihues. El monumento ecuestre fue emplazado en el corazón de la capital, reivindicando así el lugar de preeminencia simbólica que la Guerra del Pacífico había alcanzado en la configuración del imaginario chileno”, indica Cid.

La estatua se inauguró para las fiestas patrias de 1928. “Se llevó a cabo en una fastuosa ceremonia que de manera previsible significaba también una exaltación del Ejército como institución rectora de la grandeza nacional, discurso afín al régimen militar del general Carlos Ibáñez del Campo, que presidió las ceremonias en la que participaron de manera destacada los veteranos de 1879″, señala Cid. El monumento desplazó en el lugar central de la plaza a la escultura Monumento al Genio de la Libertad, conocido como “El ángel y el León” que coronaba el lugar desde 1910 y desde ahí tomó el lugar que se le conoce hasta hoy, en Plaza Italia.

La estatua de Baquedano fue el último monumento que se inauguró en homenaje a la guerra. “Es el último del gran ciclo de monumentalización de la Guerra del Pacífico hasta el Tratado de Lima de 1929, que cerró las controversias limítrofes sobre Tacna y Arica -señala Cid a Culto-. Hay otros más recientes, como el Monumento a los Héroes de Iquique emplazado en Santiago, inaugurado en 1962. Pero el de Baquedano es el último de esa gran fase de monumentalización bélica de las ciudades chilenas. Y se escogió a Baquedano como encarnación de la idea de nación victoriosa. Elogiar al general invicto era homenajear a la victoria colectiva de la nación. Ese fue el simbolismo de la estatua tal como fue concebida por Virginio Arias, en tanto conjunto escultórico. Una muestra de nacionalismo. Los materiales y los trabajadores que participaron en su confección eran todos chilenos. La mujer que corona a Baquedano con una corona de copihues era una exaltación de la mujer chilena. También el monumento tenía inhumado a sus pies al soldado desconocido, como reflejo de esta exaltación de la idea de nación en armas victoriosa".

AILEN DIAZ

El lugar de Baquedano

Manuel Jesús Baquedano González (nacido en Santiago en 1823), creció bajo la influencia de la vida militar, debido a que su padre, Fernando, era un destacado oficial que sirvió en varias campañas militares, desde la independencia. Por ello, cuando este fue convocado para la expedición chilena que iba a combatir a la Confederación Perú-Boliviana, en 1838, el hijo no dudó en seguirlo.

“Cuando las tropas parten al Perú al mando del general Manuel Bulnes, entre algunos polizones iba Manolito Baquedano que se había escapado de la casa para seguir a su padre en la aventura bélica, obviamente sin el permiso de su progenitor. Pero le fue bien y logró llegar hasta teniente”, cuenta el historiador Rafael Mellafe, especialista en historia militar.

Desde entonces, su actividad militar siguió en ascenso. Y como sucedía por entonces, esta se cruzó con los sucesos políticos de la época. Durante el motín de Urriola (20 de abril de 1851), un levantamiento provocado por los opositores al gobierno de Manuel Bulnes, era el oficial de guardia en La Moneda y bajo las órdenes del Presidente, se ocupó en sofocar la rebelión en las calles de Santiago. Posteriormente, tuvo participación en la Ocupación de la Araucanía.

Pero fue durante la Guerra del Pacífico cuando Baquedano entró definitivamente en la Historia. Fue nombrado comandante en jefe del Ejército en campaña el 3 de abril de 1880, por el ministro de guerra en campaña,Rafael Sotomayor, en reemplazo de Erasmo Escala. Su manejo fue clave para el posterior triunfo chileno en el conflicto bélico.

“De varias maneras se notó el cambio del general en jefe -señala Rafael Mellafe-. Primero, se rodeó de un Estado Mayor que tenía a oficiales brillantes, me refiero a un Maturana, Lagos, Velásquez, Martínez, todos apoyaron grandemente los panes de Baquedano. Segundo. Era un general muy querido por la tropa, firme, estricto, pero en términos militares un general ‘tropero’, es decir, preocupado por el bienestar de sus hombres. Tercero, supo guiar con inteligencia a los soldados en batalla, sacar lo mejor de una tropa muy valiente y decidida, pero mayoritariamente novata”.

General Manuel Baquedano Alamy Stock Photo

¿Cuáles fueron los aciertos y desaciertos de la gestión de Baquedano? responde Mellafe: “Tengamos en cuenta que el general Manuel Baquedano estuvo al mando del Ejército Expedicionario solo un año y tal es su importancia y trascendencia de su accionar que hoy, 145 años después, seguimos hablando de este gran general y aun más grande ser humano. Sus grandes aciertos fueron mantener en alto la moral de combate de una tropa que se encontraba a miles de kilómetros de su hogar, en un ambiente, clima y entorno que no tenía nada que ver con lo que habían dejado en casa. Como dije, supo guiar a su gente a través del campo de batalla y siempre hacerlos vencer”.

“Hay copia de unas palabras que dijo durante la cena que se lo ofrece cuando asume el mando en jefe del Ejército Expedicionario: 'Sin ustedes, amigos míos y queridos compañeros, les digo, no soy nada. Pero marchando todos de acuerdo llegaremos pronto a la victoria, que es a lo que hemos venido. ¡La Ordenanza! ¿La Ordenanza! ¡Unión! ¡Unión!’. El mensaje es claro, trabajar en equipo, con eso creó la unión que tanto se necesitaba para seguir marchando hacia el norte. Guió al ejército a las más grandes victorias en la batalla de Tacna y en la de Chorrillos y con eso se ganó el respeto del pueblo de Chile".

En cuanto a sus desaciertos. Pienso que el más grande de todos fue regirse estrictamente bajo la ordenanza y el reglamento haciéndolo rígido que más de una vez le jugó en contra sobre todo cuando tuvo desacuerdos con la autoridad política. Como ejemplo: una vez tomada Lima, el gobierno ordenó desmovilizar a la mitad del Ejército Expedicionario a lo que Baquedano se opuso ya que el Perú aun no estaba del todo vencido. Obedeció la orden, regresó a Chile, pero con esa reducción de contingente la guerra se alargó 3 años más en la llamada ‘Campaña de la sierra’”.

Sobre el regreso de la estatua a la plaza, Mellafe reflexiona como historiador: “La verdad es que tengo sentimientos encontrados. Por un lado me complace y enorgullece verlo en dicha plaza, pero por el otro está el temor que los vándalos de siempre vuelvan a intentar destruir ‘el mono’ como le decían, sin tener la más remota idea de quien fue el personaje. Creo que tenemos una labor pendiente la que es enseñar a los chicos quien fue realmente el general Manuel Baquedano González para que lo valoren por lo que hizo y no se compren el titular de ‘es un delincuente que cometió genocidio contra nuestras primeras naciones, que comandó la guerra de Pacificación de La Araucanía, que destruyó y quemó aldeas completas, que violó mujeres, que escondió cuerpos mutilados, que efectivamente robó tierras’. (Autor: Daniel Jadue entrevista radio Biobío). Estamos en eso”.

Gabriel Cid también se suma: “Por casi un siglo, el monumento no generó controversias, y su restitución es un intento de volver a la normalidad en términos patrimoniales. La plaza siempre fue concebida como un palimpsesto de memorias, de muchas capas de significado, que vincula los homenajes en tiempos del Centenario de las colonias francesa y alemana (también existió en su momento el de la colonia italiana, que simbolizaba la exaltación de la libertad), la exaltación de la nación en armas, y que culmina con la inclusión en ese espacio del monumento a Gabriela Mistral. Más que en términos de reemplazo partisano de una memoria sobre otra, creo que en la pluralidad patrimonial del espacio reside su valor”.

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