Moby Dick: 175 años de un clásico indomable que se mantiene vivo
Publicada en 1851, la célebre novela de Herman Melville sobre el capitán Ahab y la ballena blanca experimenta un renovado interés. Especialistas y figuras del mundo del libro en Chile analizan por qué esta monumental obra sigue hablándole al lector contemporáneo.
I
Hay una reunión en la cubierta del ballenero Pequod. Llevan poco tiempo de viaje, y el capitán Ahab, un respetado viejo lobo de mar le habla a su tripulación. El objetivo del periplo es uno solo: cazar a Moby Dick, el legendario cachalote blanco que navega por el corazón de la mar océano. Hay que darle muerte como sea. Tenerlo como un sangriento trofeo en la cubierta del barco. Con una mezcolanza de dolor y rabia, Ahab quiere tomarse revancha del formidable cetáceo. En el pasado, el animal le cercenó la pierna y lo condenó a llevar una prótesis de marfil.
El viaje es narrado por Ismael, un joven marinero que se embarcó en el Pequod por no tener mucho más que hacer en tierra. Ese viaje de caza y venganza es lo que el escritor Herman Melville narró en su célebre novela Moby Dick.
Pocas veces en el mundo editorial hay certeza exacta de la fecha de publicación de una novela, pero en este caso, el registro apunta que su primera edición fue el 18 de octubre de 1851, curiosamente, en Inglaterra. Hace 175 años. El hecho es llamativo pues Melville era estadounidense. Solo un mes después, llegaría a los Estados Unidos, y en la versión definitiva que es la que miles de lectores han leído a través de los años.
Como sabemos, los clásicos han experimentado una especie de revival en el público lector chileno, por lo que vale la pena preguntarse, ¿cuáles son las claves de Moby Dick? Responde a Culto la académica estadounidense Wyn Kelley, profesora emérita de Literatura del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), miembro de la Sociedad Americana de Anticuarios (American Antiquarian Society), y autora de la biografía Herman Melville: An Introduction. Es una de las mayores especialistas internacionales en la obra de Herman Melville y Moby Dick.
“Melville elige un narrador amigable y locuaz para enmarcar los elementos más inquietantes de la historia. Si bien los temas pueden ser opacos, el tono suele ser ligero y humorístico. A veces, los lectores suelen pasar esto por alto y creen que hay profundas reflexiones en cada página. ¡No se lo tomen demasiado en serio! Asimismo, Herman Melville utiliza un lenguaje bastante accesible a lo largo del libro, incluso en frases cortas. Comprender que Melville no pretende confundir a los lectores podría ser clave para entender la obra”.
Para Kelley, se trata de un libro que exige más bien una lectura reposada, y si fuese necesario, una relectura. “Ismael dice que le preocupa la existencia y sus preguntas sin respuesta. Ningún lector va a encontrar respuestas de una sola sentada en Moby Dick. Hay que estar preparado para leerlo de manera selectiva, para volver al libro a menudo y, en diversas ocasiones, tolerar cierta incomodidad. La comprensión surge con el tiempo”.
El escritor nacional Arturo Fontaine es un gran lector de clásicos, y Moby Dick uno de ellos. “Es una novela inmensa y multidimensional. Se trata de una navegación y de un fracaso épicos. Ismael, el narrador, se da maña para contar la historia a través de distintos procedimientos. Está lleno de disgresiones. Su comienzo es famoso: ‘Llámenme Ismael’. Interpela al lector directamente. Más adelante el narrador se pasa a la clásica tercera persona omnisciente. Muchas páginas se dedican a la forma en que se cazan las ballenas. Ser ballenero es un oficio difícil y arriesgado y descrito en detalle”.
“La ballena y, en especial, su aceite o sebo tenía entonces gran valor en el mercado. En el siglo XIX era el petróleo de hoy. Era el combustible que permitía la iluminación de calles y casas. Pero esa empresa comercial tiene otra cara: el capitán Ahab quiere vengarse de Moby Dick. Así, son dos navegaciones en una: la comercial y la vendetta personal del capitán. Hay conflicto entre esos dos propósitos”, añade Fontaine.
El poeta y editor Matías Rivas señala: “Creo que lo principal a la hora de leer Moby Dick es olvidarse de las ideas preconcebidas. Se trata de un libro poético, bíblico. Es para personas dispuestas a vivir una experiencia literaria extrema, inolvidable. Es una obra compleja, moderna, que fue un fracaso cuando apareció, pero que en el siglo XX fue redescubierta”.
“El capitán está poseído por el fanatismo del rencor -añade Fontaine-. Duda, pero el agravio se ha enquistado y su odio contagia a sus hombres que lo sienten como propio. ‘En la energía fija, intrépida y resuelta de esa mirada había una infinita fortaleza, una voluntad obstinada e indomable’. Dice Ahab: ‘la ballena blanca es ese muro que me aprisiona’. Sin embargo, en su ‘monomanía’ hay grandeza”.
II
La novela, decíamos, se publicó primero en Inglaterra y al mes siguiente en Estados Unidos. “Es cierto, y es una historia fascinante”, señala Kelley. ¿Por qué ocurrió? La académica lo explica: “Esta publicación simultánea o casi simultánea en Estados Unidos e Inglaterra protegía a los autores estadounidenses de la piratería y venta de sus libros por parte de impresores sin escrúpulos. Hasta finales del siglo XIX, Estados Unidos no contaba con una protección de derechos de autor tan sólida como Inglaterra, por lo que muchos escritores publicaban sus libros primero en Londres y luego con una editorial de renombre en Estados Unidos”.
De hecho, la primera edición inglesa no estaba completa, a diferencia de la norteamericana, hecho que suele pasarse por alto. “Lamentablemente, las ediciones actuales suelen recopilar ambas versiones sin explicar esta historia o bien utilizan únicamente la edición estadounidense, conservando así algunos errores que Melville u otro autor corrigió en la edición británica. ¡Sin duda, resulta confuso!”, dice Kelley.
Cuando apareció, Moby Dick fue un fracaso comercial. Solo el tiempo la puso en el lugar de novela canónica que ostenta hasta hoy. De hecho, el célebre crítico Harold Bloom la incluyó como parte de la literatura estadounidense fundamental en su ensayo El canon occidental. Sin embargo, que Moby Dick no haya vendido tan bien en su tiempo no significa que su autor haya pasado una vida de penumbras, como suele repetirse. Kelley es enfática es desmentir ese mito.
“Es cierto que Moby Dick no tuvo éxito, y es probable que las historias de conflictos familiares y alcoholismo sean ciertas, pero resulta difícil verificarlas o comprenderlas completamente en su contexto. Siempre soy cautelosa al aplicar juicios contemporáneos a hechos históricos. En cuanto a los problemas familiares, John Bryant escribió conmovedoramente sobre los últimos poemas de Herman Melville dedicados a ‘Winnifred’, su esposa Elizabeth Shaw, quien protegió su reputación con ahínco tras su muerte. Es difícil afirmar con certeza las penas que sufrió en su vida”.
¿Cuál era, entonces, el contexto real de Herman Melville al momento de escribir Moby Dick? Responde Kelley: “ En 1851, Herman Melville no atravesaba una época tan difícil como la que vivió unos años después, cuando sus deudas, un incendio en Harper’s que destruyó varias planchas de impresión, la ciática y la mala vista lo ralentizaron; con la muerte de su hijo (1867) y el país en guerra, recuperándose entonces de ella, la década de 1860 fue, sin duda, difícil”.
“La idea de que entró en un declive permanente tras el fracaso de Moby Dick, o que fue un autor deprimido durante el resto de su vida, es un mito popular -agrega Kelley-. De hecho, cuando comenzó a escribir Moby Dick, Melville venía de una racha bastante productiva, con cinco novelas en unos cinco años, pero las deudas de su granja, Arrowhead, eran realmente preocupantes. Cuando Moby Dick como su siguiente novela, Pierre o las ambigûedades, fracasaron, Melville se volcó en la narrativa breve, género en el que tuvo éxito y siguió publicando con regularidad durante la década de 1850, pero cada vez le resultaba más difícil hacer frente a sus problemas financieros. Su suegro financió un viaje a Grecia, Tierra Santa, Egipto y Europa que le proporcionó material para muchos poemas posteriores, y nunca dejó de escribir, ni de experimentar e innovar con nuevas formas e ideas”.
¿Por qué se sigue leyendo hasta hoy? Arturo Fontaine se juega: “Por su ritmo que es un oleaje que arrastra y arrastra. Sobre todo es ese ritmo y la imaginería. Luego porque interpretamos la persecución de esa ballena blanca como una metáfora, un ‘símbolo’, escribe Melville. El conflicto entre esas dos navegaciones en una, ¿qué quiere decirnos sobre lo que somos? Y ese blanco refulgente de la ballena, como el ‘de un glaciar recién caído de la montaña’, ¿evoca la vacuidad final de nuestros objetivos, como de repente sugiere el narrador?”.
Matías Rivas dice: “Tiene un componente de aventuras, es ambigua e impresionante. El capitán Ahab es un personaje inolvidable, un obsesivo peligroso, un demagogo loco. Moby Dick es un libro cuya lectura implica sumergirse en un lenguaje y un mundo que transforma nuestra percepción. Hacerlo es una odisea”.
Wyn Kelley tiene su mirada: “El libro es relevante para diferentes lectores de diferentes maneras. ¿Es razonable decir que el libro es relevante porque no parece ‘intentar’ ser relevante? Pienso en él como una especie de laboratorio de pensamiento (ThoughtLab), un lugar donde mentes ágiles (la de Ismael, principalmente, pero, mediante invitación, también las de sus lectores) experimentan con ideas de todo el universo del pensamiento”.
“Aunque el libro parece delimitado por su tema particular —la caza de ballenas del siglo XIX— y una trama claramente definida sobre un capitán decidido (evitaré la palabra ‘obsesionado’) y una ballena elusiva, aborda tantas otras áreas de la experiencia humana —y de la experiencia no humana, si se cuenta lo que Ismael observa de la vida de los cetáceos— que parece tener algo para todos. A menudo lo he enseñado, o he oído a otros profesores hablar de enseñarlo, como un libro que se podría dividir y distribuir para diferentes tipos de lectores: ecologistas, poetas, filósofos, científicos, artistas, etc. Muchos lectores —¡tan diferentes entre sí!— señalan que el libro parecía estar hablándoles a ellos directamente. Las líneas generales del libro no transmitirán necesariamente esa experiencia, pero toma un pasaje de casi cualquier página y, estoy bastante segura, parecerá escrito para ti. ¡Eso es relevancia!”.
III
¿Cómo circula hoy en día Moby Dick? En general, de forma moderada en comparación a otros títulos canónicos, según indican desde el mundo del libro. El librero Nicolás Letelier, de la librería Ulises, señala a Culto: “Actualmente, Moby Dick no tiene tanta demanda como otros clásicos y ha sido superado por obras de autores como Dostoievski, Tolstoi u otras novelas de época (como Orgullo y prejuicio). Hubo un periodo, hace unos 10 años, donde la demanda de Moby Dick fue significativamente mayor, sin una razón del todo clara más allá de su condición de clásico. En la actualidad no hay una gran variedad de ediciones disponibles, y la mayoría suelen ser bastante básicas “.
Por su lado, Daniela Mendez, gerente de la Categoría Libros de Buscalibre, nos comenta: “En Buscalibre hemos observado una demanda estable en comparación con el año anterior. Si bien Moby Dick es un título que siempre despierta interés entre los lectores, durante los últimos 12 meses hemos visto un mayor interés por los clásicos en general, una tendencia que también ha influido en la búsqueda de Moby Dick como próxima lectura, sin embargo no ha sido el protagonista o el título ganador de estos clásicos”.
De todos modos, Méndez indica que nuevas ediciones más cuidadas despiertan la curiosidad de los lectores. “En el caso de Moby Dick, hemos identificado que las ediciones nuevas o ilustradas suelen renovar el interés por su lectura y adquisición, no solo por el valor de la obra en sí misma, sino también porque se convierten en objetos valiosos para las bibliotecas de los hogares”.
“Durante los últimos 12 meses, se han vendido alrededor de 800 ejemplares de Moby Dick a través de Buscalibre, manteniendo un nivel de ventas similar al de 2025, cuando se comercializó una cantidad bastante parecida. Que un clásico como Moby Dick mantenga una demanda sostenida a lo largo del tiempo es, en sí mismo, un gran éxito”.
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