Un Hijo Propio: La Historia Tras el Titular
Maite Alberdi logra transmitir empatía y optimismo en Un Hijo Propio, docu-ficción acerca de una mujer que tras varios abortos espontáneos decide llevarse una recién nacida desde un hospital en Ciudad de México.
Hay muchas maneras para que el nombre de la mexicana Eleonor Alejandra Marín Mendoza deje de ser una identificación anónima en una crónica roja tradicional o un sinónimo de monstruo en un reportaje sensacionalista de la hora prime. Los estadounidenses han transformado los casos de este tipo en un género audiovisual conocido como “true crime” y el periodismo narrativo ha aportado reportajes devastadores.
En nuestro país, la cineasta Maite Alberdi acostumbra a recoger las historias de esta naturaleza para llevarlas a su propio cuarto de juegos y fantasías. Ahí, las transforma en cuentos de impecable factura técnica y con un contagioso optimismo en tiempos de tanta tragedia.
Así lo hizo con un profesional del salvataje al que no le gustaba meterse al mar en El Salvavidas (2011). Y cuando llegó el tiempo de rodar El Agente Topo (2020), decidió mezclar historia real con ficción a través de Don Sergio, un detective octogenario.
En Un Hijo Propio (2026), filmada en México y disponible en Netflix, realiza una suerte de docu-ficción a partir de la historia de la mencionada Alejandra Marín, una mujer que el 17 de junio del año 2009 se robó una guagua del Hospital General de México sólo para ser apresada al día siguiente y luego ser condenada a 13 años de cárcel. Aunque la justicia falló en su contra, Marín insiste hasta hoy en que ella no sacó a la recién nacida sin el previo consentimiento de la madre biológica, internada en ese mismo hospital. La progenitora, por el contrario, ha declarado que nunca hubo un pacto que implicara “regalar” a su hija.
Es evidente que Maite Alberdi toma partido por Alejandra. Empatiza con sus carencias y necesidades y se dedica a contar su punto de vista. Para ello se vale de los actores Ana Celeste Montalvo en el rol de Alejandra y de Armando Espitia como su esposo Arturo. Gran parte de la película es la recreación de las vicisitudes matrimoniales de Alejandra y Arturo en medio de esa carrera de obstáculos que es la “exigencia” de tener hijos en una sociedad al parecer más machista que la chilena.
Alejandra tiene dos abortos, pero ya a la tercera oportunidad decide que será la vencida, aunque echando mano a un plan arriesgado y algo delirante. Es así como en uno de sus tantos turnos laborales como enfermera conoce a Mayra (Luisa Guzmán), una mujer de similar edad que espera con escasa paciencia el llamado del altavoz para su turno en la ventanilla.
Entre ambas emerge un intercambio clave de palabras y después que Mayra le confiesa “espero un hijo que no quiero tener”, Alejandra le responde “y yo quiero un hijo que no puedo”.
En este punto entran en escena los auténticos personajes y sucesivamente van contando sus verdades los reales Alejandra, Arturo y hasta Mayra, que reticentemente decide dar su opinión frente a cámara.
La justicia mexicana decidió que no hubo ningún pacto comprobable entre ambas y la pena fueron 13 años de cárcel para la mujer que no podía ser madre. Lo curioso es que, aunque la historia con los auténticos protagonistas parece ser más dura que la de los actores en la primera parte, la atención y la calidez de la directora es la misma. Los tonos rosas de los fondos y de los objetos siguen siendo los mismos, aunque ahora la mujer esté tras las rejas y no protegida por la puerta de su casa. He aquí una historia que fue más allá del titular.
Lo último
Lo más leído
4.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE