Artista desmitifica y recrea el paisaje local del siglo XIX

<P>En el CA 660, Gonzalo Pedraza arma un escenario agreste como fue el Santiago original.</P>




Tras más de 130 años, el Real Jardín de Kew, un museo en Inglaterra, aún mantiene las 32 pinturas con las que la naturalista Marianne North registró el valle central de Chile, allá por 1884. La inglesa llegó al país por sugerencia de Charles Darwin, para llevar a cabo un registro detallado de la flora y fauna de Sudamérica. Los paisajes, sin embargo, están lejos de reflejar lo que vemos hoy como escenario natural de la capital: agrestes y más bien desérticos, el amarillo era el color que lo dominaba todo y que no se condecía a lo que luego sería el Santa Lucía de Benjamín Vicuña Mackenna, con sus verdes paseos, o los parques creados y cuidados por la familia Cousiño a la usanza europea.

Fue este dato, quizás anecdótico, el que funcionó como motor para el curador Gonzalo Pedraza (1982) en su primera instalación como artista. Colección natural, en el CA 660, recrea con materiales desechados ese paisaje que alguna vez contempló Marianne North, y que luego fue totalmente transformado con el fin de hacer de la capital del país un lugar más amigable. "Descubrí cómo todo lo verde que tenemos en Santiago es en realidad una invención de una burguesía que intentaba levantar el imaginario de una tierra fértil, un lugar próspero. Se comienzan a traer y plantar especies foráneas que terminan por contaminar y acabar con nuestra propia naturaleza endémica. El pino, el aromo, el loto de Japón son algunas. Lo verde siempre significa fertilidad, en cambio lo amarillo es peladero y muerto, pero ese es nuestro ADN", dice Pedraza.

En la primera sala del CA660 se escenifica una especie de jardín desolado y seco, decorado por esculturas griegas, tal como las que se instalaron en los nuevos jardines del siglo XIX en Santiago, traídas directo desde Francia de la famosa fundición Val d'Osne, y que Pedraza ha ido encontrando en talleres perdidos del barrio de Quinta Normal. El recorrido sigue con una sala, donde a modo de gabinete botánico, se exhiben diferentes especies de hojas endémicas "gruesas, pequeñas, espinosas y puntiagudas", que según Pedraza, y también Marianne North, reflejan lo que era esta zona en su paisaje pero también en su idiosincracia social. Lo primero que visita la inglesa al llegar es el Parque Lota, construido al estilo europeo por la familia Cousiño, dueña de las minas de carbón, que a ojos de North era el resultado del más extremo mal gusto.

"Hay un cultura de la imitación que ha escondido nuestra cultura original y que junto a sucesos inevitables como los terremotos hacen que nuestra memoria se pierda para siempre. Esta muestra habla de coleccionismo, porque reflexiona sobre lo que hemos querido conservar como país, como nuestra colección de arte, un concepto que también es súper relativo según quien lo mire", dice Pedraza, quien además lanza un libro con su investigación sobre el paisaje original de Santiago.

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