El cuento del lobo: cuántas veces podemos creer en lo mismo

<P>Las ardillas otorgan el beneficio de la duda 10 veces. Los primates, menos. Y para los humanos ¿"la tercera es la vencida"?</P>




LA historia de Pedrito y el lobo debe ser una de las más arraigadas en la cultura popular. Tanto es así que "el cuento del lobo" es sinónimo de una advertencia que, de tanto repetirla, pierde credibilidad.

Pero ¿cuántas veces estamos dispuestos a creer en algo o en alguien?, ¿cuántas veces renovamos la fe en una persona, en una causa o en lo que sea, antes de darnos por vencidos, de tirar la toalla?

Se trata de una respuesta difícil en el caso de los seres humanos. Aquí no nos enfrentamos sólo a un asunto de matemáticas, de probabilidades o de estadísticas ahora que la neurociencia comprobó, con imágenes y todo, que la razón pura y dura juega un papel mínimo al momento de decidir.

Podemos, eso sí, encontrar algunas pistas en la cultura popular. Por ejemplo, en la frase "la tercera es la vencida", uno de los proverbios más repetidos en Occidente. Su origen se remonta a la Edad Media cuando eran muy comunes los combates cuerpo a cuerpo. Estos torneos contaban con tres rondas de enfrentamientos y la última (es decir, la tercera) era la más importante, porque definía al ganador de la contienda.

Si vamos todavía más atrás en la historia y llegamos a Esopo (600 a.C.), nos encontramos con que en la mayoría de las versiones de su fábula El joven pastor anunciando al lobo (conocida popularmente como Pedrito y el lobo) aparece otra vez el "tres" : para la tercera vez que el pastorcito advierte falsamente "¡Viene el lobo, viene el lobo!", los aldeanos ya no le creen, aunque ahora sí la fiera se come a sus ovejas.

¿Es el "tres" entonces el número de veces en que estamos dispuestos a creer?

Veamos qué nos dicen la ciencia, las matemáticas y -lo más importante- el sentido común.

Ciencia: ardillas incrédulas

En un artículo publicado por New Scientist y titulado justamente "Cry wolf" (como se conoce en inglés al síndrome de Pedrito y el lobo), los científicos James Hare y Brent Atkins dieron a conocer un experimento que da algunas pistas sobre la naturaleza evolutiva de cuántas veces las criaturas están dispuestas a creer, por ejemplo, en una señal de peligro.

El pez cebra, uno de los animales más usados en los laboratorios, cree un número infinito de veces en la misma eventual amenaza. Sin embargo, Hare y Atkins, ambos de la Universidad de Manitoba en Winnipeg (Canadá), confirmaron que las ardillas dejan de prestar atención a los gritos de alerta de sus congéneres después de que la experiencia les demuestra que el peligro no es real. Para este experimento, los científicos usaron grabaciones de chillidos de auxilio reales de esta especie de animalitos y, como falsos depredadores, primero a un sombrero café y luego a un tejón de peluche.

¿Cuántas veces arrancaron ante la señal de peligro? La respuesta es 10. Después de ese número, las ardillas simplemente dejan de creer. ¿Demuestra este experimento que Alvin y su pandilla (los de la película animada) son criaturas de poca fe? No tanto. Después de todo, estudios con primates han demostrado que su nivel de credulidad es inferior al de los roedores.

¿Y qué ocurre entonces con los seres humanos?

Como ya dijimos, cuando se trata de Homo Sapiens el asunto se complica...

Matemáticas: ¡Viene el tsunami!

Si observamos los experimentos realizados con otros animales, podríamos inferir que entre más "arriba" se encuentra una especie en la escala evolutiva, menos veces está dispuesta a soportar los sinsabores del desengaño. Es más, de ser el hombre una criatura ciento por ciento racional, podríamos aplicar el modelo bayesiano según el cual, un individuo cambia su creencia inicial a medida que obtiene nueva información. Por ejemplo, cada vez que experimentamos una falsa alarma sobre tsunami, "actualizamos" nuestra impresión respecto de la veracidad de un nuevo anuncio con pitos, bombos y sirenas, y existe menos probabilidad de que esta resulte creíble.

El economista Carlos Rodríguez -doctorado en Cambridge en Ciencias del Comportamiento y Teoría de Juegos- pone un ejemplo presentando una situación "ideal":

Tienes una primera reunión a las nueve de la mañana con el ejecutivo de un banco y apuestas 100% a que será puntual. Sin embargo, llegas a su oficina y él está atrasado. Vuelves a una nueva cita, pero esta vez sólo le das 50% de crédito de que llegará a la hora acordada... y otra vez vuelve a fallar. Para la tercera reunión, tú ya has agotado las reservas sobre la puntualidad del ejecutivo y si se retrasa ya no volverás a creer.

Por supuesto que este modelo bayesiano funcionaría si fuéramos criaturas racionales, una especie de robots, y no los seres humanos que somos.

Otra cosa es la realidad.

Rodríguez -quien es profesor investigador de la UDD- explica que las personas tienden a construir una "burbuja" para proteger sus creencias iniciales, a pesar de que la evidencia les diga lo contrario. Si el ejecutivo del banco es, por ejemplo, el hermano de mi mejor amiga, quien destaca por su responsabilidad, aunque falle la primera vez, puede que yo no baje mis expectativas. Al revés, si de antemano pienso que el banco brilla por su mal servicio, la mínima falta me hará quitarle todo el crédito y no le daré ni siquiera una segunda oportunidad.

Sentido común: el tres

Como vemos, el Homo Sapiens con toda su complejidad, se mueve entre la fe ciega de un pez cebra y la incredulidad de un filósofo como Pirrón, quien decía que no había que fiarse nunca de nada ni de nadie, ya que esa era la única forma de alcanzar la felicidad (en la Grecia antigua esta era entendida como serenidad de espíritu).

El número promedio en que un ser racional puede creer sería tres (100% de probabilidades la primera vez, 50% la segunda y una última oportunidad, la tercera). Se podrían realizar en el pizarrón una serie de complicadas fórmulas matemáticas intentando dar con la cifra exacta, pero el sentido común nos indica que la pedestre filosofía de "la tercera es la vencida" entrega un promedio confiable.

Si no, pregúnteles a Pedrito, al lobo y sobre todo al Shoa.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.