El legado de Benedicto XVI

<P><span style="text-transform:uppercase">[analisis]</span> Probablemente es suficiente decir que Benedicto XVI hizo lo mejor que pudo y que tuvo el coraje para retirarse cuando creyó que lo mejor que podía hacer ya no bastaba.</P>




Al menos dos veces durante su cuarto de siglo como zar doctrinario del Vaticano, el celebrado y polémico Cardenal Joseph Ratzinger le dijo al Papa Juan Pablo II que quería retirarse y pasar sus años dorados ya fuera matando el tiempo en la biblioteca del Vaticano o regresar a Baviera y complacerse con libros, música y silencio. El retiro tendría que esperar.

Juan Pablo mantuvo a Ratzinger como su mano derecha hasta el final y el 19 de abril de 2005, a la edad de 78 años, Ratzinger fue elegido para sucederlo. Como Benedicto XVI, lideró un turbulento papado marcado por altos logros intelectuales, pero también profundas controversias, incluyendo los escándalos aún sin resolver por abuso sexual de menores y la tremenda crisis de los "Vatileaks". Ahora que Benedicto XVI está finalmente en una posición para cumplir su propio deseo de dimitir, el debate respecto a su legado está oficialmente abierto. Los fanáticos dicen que Benedicto fue un gran "Papa de enseñanza", quien también presidió una discreta limpieza de los establos de Augías de la Iglesia, promoviendo la transparencia financiera, comprometiendo a la Iglesia a emprender reformas en la lucha contra los abusos sexuales del clero, y desafiando a la cultura trepadora y de autoenaltecimiento del Vaticano -en especial, al estar dispuesto a renunciar a la cima del poder-. Los críticos pueden reconocer que Benedicto XVI es un hombre sincero y gentil, pero generalmente insisten en que presidió un pontificado polémico y a veces fallido. Eso tiende a ser un veredicto particularmente popular en más círculos liberales.

Estos observadores citan las medidas severas hacia las religiosas y a los teólogos liberales al examinar a Benedicto, la alfombra roja del Papa para los anglicanos tradicionalistas y su compromiso con los lefebvristas sin ninguna insinuación similar hacia la disidencia progresista, el resurgimiento de la vieja misa en latín, y su repetida insistencia respecto una "hermenéutica de la reforma... en la continuidad" para comprender el Segundo Concilio Vaticano (1962-65).

Respecto de los escándalos por abusos sexuales, los críticos dicen que cualquiera sea el progreso logrado por Benedicto, éste es más simbólico que sustancial. Juzgan que dejó demasiado sin terminar, comenzando por la rendición de cuentas de los obispos que metieron la pata. Citan el hecho de que en Estados Unidos, por ejemplo, el obispo Robert Finn, de Kansas City-St. Joseph, Missouri, condenado por no denunciar las sospechas de abuso infantil, no fuera removido de su cargo.

En el Vaticano mismo siempre hubo una sutil corriente que sostenía que Benedicto podía ser un intelectual de primer nivel, pero que estaba sobrepasado como director ejecutivo, dejando a veces sin timón a la Iglesia. Incluso su renuncia provocó un resentimiento a sotto voce, con la gente del Vaticano quejándose de que la coordinación del cronograma del cónclave para elegir a su sucesor debería haber comenzado antes en vez de quedar en suspenso. Como con cualquier ejercicio de un alto cargo, el momento en que las pasiones están en ebullición es a menudo el momento equivocado para hacer evaluaciones.

Sus admiradores creen que la reputación de Benedicto crecerá con el tiempo. A menudo señalan al Papa Pablo VI (1963-1978), que también sucedió a un líder carismático, Juan XXIII, y a veces sufrió las comparaciones. El papado de Pablo también estuvo envuelto en la polémica e inmerso en crisis internas, y muchos lo percibieron como frío, distante y aislado. Aun hoy, muchos recuerdan a Pablo VI como un héroe que mantuvo a la Iglesia unida durante los turbulentos años post-Concilio y es candidato a santo. Otro paralelo podría ser el Papa León XIII, el único Pontífice en los últimos 150 años que llegó a tener la misma edad que Benedicto estando aún en el cargo. En sus días, fue atacado por partidarios de uno y otro lado de la "cuestión romana" en Italia. Más de un siglo después, León XIII es aclamado como un gran intelectual que inició la tradición moderna de la doctrina social de la Iglesia Católica. Quizás con el tiempo, lo que más amenazará a Benedicto será su "ortodoxia afirmativa", en el sentido de su énfasis en formular la doctrina cristiana clásica en términos de lo que la Iglesia respalda en vez de a lo que se opone. Como lo planteó en 2006: "El cristianismo, el catolicismo, no es una colección de prohibiciones. Es una opción positiva. Es muy importante que lo consideremos de nuevo, porque esta idea prácticamente ha desaparecido por completo hoy en día".

Quizás a futuro, el legado de Benedicto será definido por su agudo análisis de la fe, la razón y la democracia, aportando una base intelectual para el détente con "laicicismo sano". Quizás será su insistencia en que los componentes a favor de la vida y de paz y justicia del pensamiento social católico van de la mano, lo que ofreció una aguda reprimenda a la tendencia a separarlos en varios círculos de la Iglesia. Quizás lo que la gente recordará será simplemente la bondad y humildad del hombre, para algunos un original contraste frente a la presunción todopoderosa y a la sensación de estrella de rock de los años de Juan Pablo II.

Es posible que Benedicto pueda haber reformulado la forma en que la gente verá su papado por la forma en que decidió terminarlo. Aunque es un paralelo inexacto, consideremos al Papa Celestino V en 1294, el último Papa que renunció libremente al cargo. Como es sabido, Dante relegó a Celestino a la antesala del infierno por su "gran rechazo", pero la historia ha sido más amable. Hoy, Celestino es visto generalmente como una figura desinteresada sin adicción al poder, y Benedicto puede disfrutar de un similar entusiasmo de afecto.

Sin embargo, en el aquí y el ahora, el historial de Benedicto no puede evitar parecer mezclado.

Por cada estudio profundo y hábil cambio de locución, hubo una controversia, un tropiezo administrativo o un desastre en Relaciones Públicas. Algo de eso puede haber sido el precio inevitable por defender lo que Benedicto vio como la verdad en un mundo que no siempre quería escucharla, pero algo de eso fue innegablemente autoinfligido y desacertado.

Un legado depende en parte de la perspectiva desde la que se mire. Para muchas feministas, gays, y teólogos disidentes, católicos liberales de distintos colores y víctimas del abuso del clero, Benedicto simplemente no fue el Papa que ellos hubieran querido. Otros se inclinarán a celebrar a Benedicto no tanto por lo que hizo, sino por lo que representó. Por su parte, probablemente Benedicto no estará terriblemente interesado en la discusión. Después de todo, es un hombre que una vez bromeó con un amigo francés luego que los periódicos de París atacaran uno de sus discursos, "Soy como el celista Rostropovich, nunca leo las críticas".

Para alguien que se proclamó a sí mismo como "humilde obrero de la viña del Señor" en sus primeros comentarios como obispo de Roma, probablemente es suficiente decir que hizo lo mejor que pudo y que tuvo el coraje para retirarse cuando creyó que lo mejor que podía hacer ya no bastaba.

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