Entre volante y errante...

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LA MAYOR licencia en la redacción y titulación de noticias que se observa en las páginas de Deportes de todos los diarios las hace atractivas y entretenidas, aunque a veces también desorientan a los lectores. Un título de La Tercera del pasado 25 de marzo, que dice "El lado chileno del Holandés Volador" despistó a Jorge Luis Villa, que señala: "leí toda la información para entender el significado del título, pero no había explicación. ¿Hay algún vínculo del futbolista Cruyff con la ópera "El Holandés Errante?".

Tibio, tibio... El "Holandés Errante", en español; "De Vliegende Hollander", en neerlandés; "Der Fliegende Holländer", en alemán; o "The Flying Dutchman", en inglés; son nombres para la antigua saga noreuropea sobre un velero que, después de que su capitán pactara con el diablo, queda condenado a vagar para siempre por los mares del mundo. A veces, la nave se aparece en la costa, pero una tormenta la devuelve a alta mar. Es como nuestro "Caleuche", una variedad criolla de buque fantasma. En español, la leyenda se conoce también -aunque menos- como "El Holandés Volador". Lo demás, ya lo intuye el lector: el autor de la nota asoció el nombre de la saga con una espectacular "volada" del futbolista neerlandés Johan Cruyff -fallecido el pasado jueves 24 de marzo- que años atrás convirtió un gol considerado "imposible". Con esa volada fantástica, Cruyff se ganó en octubre de 1973 el apodo de "Holandés Volador", y le permitió romper un empate y dar la victoria a su equipo, el Barcelona.

Como señala el lector Villa, también es el título de una ópera -con variaciones sobre el mismo tema- del compositor alemán Ricardo Wagner.

Situación compleja

En una entrevista al presidente de AB Chile, Rodrigo Álvarez, publicada por La Tercera, bajo el título "En este sector el impacto económico será muy fuerte", éste dice: "Aún no conocemos las normas de fiscalización, lo que complejiza su implementación". La lectora Carmen García M. dice que el verbo "complejizar", que figura en un subtítulo con letras destacadas, se repite en el texto, y agrega que "fuera de rebuscado, creo que el verbo no existe".

Cierto, no existe. La autora de la entrevista debió indicarle al entrevistado que el verbo "complejizar" no figura en el diccionario académico, pero la palabreja ya está en uso en la calle y en el vocabulario político y económico de nuestros medios. Lo malo es que quienes usan el término "complejizar" lo hacen con tanta propiedad que un día de estos será consagrado por la Academia de la Lengua. Pero, por ahora, la recomendación es emplear "complicar" o las expresiones "volver más complejo" o "resultar más complejo". El escritor y bloguero español Antón Capitel señala que "complejizar" no existe porque la complejidad es una característica y no el objeto de una acción. El entrevistado probablemente quiso decir "(…) Aún no conocemos las normas de fiscalización, lo que complica su implementación". Así podía expresar la idea pretendida con mayor claridad.

En todo caso hay que reconocer que el inexistente verbo "complejizar" está, al menos, bien construido, porque al adjetivo complejo le agrega la terminación variable "-izar", que le da al verbo el significado del adjetivo.

Ricardo Hepp
Representante del Lector

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