¿Fondos públicos para Ues. privadas?

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UN PROBLEMA relevante en el debate sobre educación superior es si resulta legítimo entregar fondos públicos a las universidades privadas sin fines de lucro que investigan y tienen creencias sustantivas.
Respecto de entidades con fines de lucro, cabe esgrimir plausiblemente que el Estado no debe ser motor del enriquecimiento de unos pocos. De los planteles que realizan sola docencia se puede indicar, por su parte, que no son propiamente universidades y, en consecuencia, sería mejor someterlos a otro régimen. En cambio, las universidades privadas que investigan e invierten sus excedentes en el proceso educativo y científico parecen estar legitimadas para recibir ayuda estatal.
Pero también hay quienes se oponen al financiamiento público de estas instituciones, pues -dicen- entre los requisitos de ellas no está ser pluralistas. Las universidades del Estado "deben" ser pluralistas; las privadas, por el contrario, sólo "pueden" serlo. De hecho, muchas universidades privadas con investigación y sin fines de lucro adhieren a principios sustantivos. En buen chileno: o son católicas o son masónicas. No es papel del Estado -se afirma- apoyar las particulares visiones del mundo de las personas, tampoco cuando deciden formar universidades.
Este argumento es, empero, débil. Por un lado, la mera afirmación estatutaria del pluralismo no es garantía de que en los hechos él impere. Si en varias facultades de universidades del Estado el pluralismo es efectivamente vivido, ello no ocurre en todas. Hay ejemplos elocuentes de falta de pluralismo en ellas.
Segundo, cuando decimos catolicismo o masonería, no nos referimos a creencias contrarias a la deliberación y la ciencia, sino a ideas pasadas ya por los cedazos de la modernidad y la Ilustración. La defensa de la persona, su racionalidad y su libertad están implícitas en el significado profundo de la formulación bíblica de la "regla de oro": "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Lo mismo en versiones seculares de la regla áurea, como la kantiana: "Actúa sólo según aquella máxima conforme a la cual puedas al mismo tiempo desear que se convierta en una ley universal".
 Seriedad intelectual; coexistencia de una amplia gama de opiniones y respeto por la intangibilidad de la dignidad humana; creencia en el poder de la razón; reconocimiento del valor de la comunidad científica. Estos son aspectos incorporados en el discurso y la práctica de ambas tradiciones. Está en el "deber ser" de la masonería y el catolicismo cumplir con esos valores al erigir universidades (aunque, como pasa también en las del Estado, no siempre se cumpla la regla).
Si una universidad se funda en un credo católico o masónico y asume explícitamente la promoción de la seriedad intelectual y una amplia diversidad de opiniones. Si investiga. Si no lucra e invierte lo que gana en el proceso de educación e investigación. Si encima cumple con estándares exigentes de calidad. ¿No merece financiamiento estatal? Habría que ser un laicista o un antimasón bastante militante para contestar, sin más: "No". Y esa negación vendría siendo como una autorrefutación: ¡El paladín de la tolerancia es intolerante con los tolerantes!

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