Las solitarias olas de Pichilemu
El día del maremoto, en la playa de Punta de Lobos, la luna llena iluminaba la fiesta que celebraba un grupo de surfistas, cuando la tierra se empezó a mover. Los jóvenes comenzaron a enterrarse en la arena. El instructor de este deporte, Marcelo Enríquez (37), conocido en Pichilemu como "Yeye", recuerda que "eran como arenas movedizas" y que la luna llena les permitió darse cuenta cómo el mar se recogía.
El campeón de surf Diego Medina (30) ya había partido cerro arriba cuando una ola pasó por debajo de su casa y se llevó consigo las cercas. La vivienda de su vecino, simplemente, fue arrasada. Medina había buscado refugio en casa de otro campeón de surf, Ramón Navarro (31), quien en ese momento estaba fuera de Chile. No así su mujer, que estaba allí y recibió a los amigos.
Los tres destacan el cambio más evidente tras el tsunami: un murallón de arena de casi tres metros, que ahora evidencia el arrastre de material que generaron las olas. Navarro afirma que, también, "cambió el fondo (…). Entonces las olas han estado buenísimas todo el año". Medina dice que "con el viento esto se ha ido normalizando".
El fue uno de los primeros en volver al agua tras el maremoto y recuerda que "la gente nos miraba como si estuviéramos locos, y resulta que nos hacía bien, porque nos daba confianza de nuevo". Esta confianza es la que no ha recuperado el público no especializado en este deporte. Porque en Pichilemu es difícil encontrar veraneantes en familia y los hostales y cabañas se ven menos ocupados que en otros veranos.
El Yeye fue uno de los más afectados con lo que ocurrió el 27 de febrero, porque, si bien alertó al resto de quienes estaban en la fiesta para que fueran cuesta arriba, no pudo salvar su escuela de esta disciplina, ubicada junto a la playa. Sólo con un subsidio de $ 5 millones que recibió del gobierno, pudo recuperar tablas y parte de sus equipos.
La escuela Natural Surf la rearmó nuevamente en el borde costero, pero esta vez sobre palafitos. "Pero ha costado harto, porque la gente se asusta. Además, sigue temblando", dice.
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