Nuevo premio Pritzker para Chile
La obtención del galardón por parte de Smiljan Radić, que se suma al recibido por Alejandro Aravena en 2016, es un valioso reconocimiento a su obra, pero también da cuenta de la relevancia que ha adquirido la arquitectura chilena a nivel mundial.
El jueves de la semana pasada se dio a conocer que el arquitecto chileno Smiljan Radić ganó este año el Premio Pritzker -considerado el Nobel de la Arquitectura-. El galardón, otorgado por primera vez en 1979, honra a un arquitecto vivo “cuya obra construida demuestre una combinación de esas cualidades de talento, visión y compromiso, que han producido contribuciones constantes y significativas a la humanidad y al entorno construido a través del arte de la arquitectura”. Por ello, el reconocimiento da cuenta de la relevancia de su obra, desarrollada principalmente en Chile, pero también en el extranjero.
Reino Unido, Italia y Austria, están entre los países donde se pueden encontrar trabajos de Radić, que no sólo incluyen casas, espacios públicos, centros culturales y reconocidas instalaciones, sino también la creación de la Fundación de Arquitectura Frágil que busca promover el estudio y difusión de la arquitectura experimental.
Para los jurados, su obra se sitúa en “una encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural”, dando cuenta del uso destacado de materiales de diferente naturaleza y donde el contexto y el paisaje condicionan su sello. Sus trabajos, que se distinguen “por una impresión de fragilidad”, “parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados”. Las Bodegas de la Viña VIK, el restaurant Mestizo en Santiago, el Teatro Regional del Biobío, el Pabellón Serpentine Gallery (2014) y Guatero en la XII Bienal de Arquitectura de Chile son algunos de las obras que revelan los rasgos destacados por quienes le otorgaron el galardón.
Pero probablemente lo más destacado del reconocimiento obtenido por el arquitecto chileno se encuentra al final de la declaración que anuncia el premio y donde se resumen los méritos fundamentales de Radić. “Recordarnos”, dice el texto, “que la arquitectura es un arte, en el sentido que toca la esencia misma de la condición humana” y por “permitir que la disciplina ofrezca refugios tranquilos en un mundo marcado por la incertidumbre, sin necesidad de ser más ruidosa o espectacular para tener relevancia”. Una valiosa definición, que destaca la simpleza visual del trabajo de Radić y que plantea también un profundo desafío para la disciplina.
Pero sin perjuicio de los destacados méritos personales del arquitecto, este reconocimiento también releva el desarrollo alcanzado por la arquitectura en Chile. Es la segunda vez que un profesional chileno obtiene el Pritzker y, además, en un breve lapso de tiempo. El primero en recibirlo fue Alejandro Aravena en 2016. Un hecho que se suma a que solo cinco arquitectos latinoamericanos han sido reconocidos en los 47 años que tiene el premio. El mexicano Luis Barragán y los brasileños Óscar Niemeyer y Paulo Mendes da Rocha son los otros galardonados de la región. Pero más allá de ello, hay también un número importante de profesionales chilenos que se han destacado en los últimos años en la creación arquitectónica, y que se han abierto espacio en Chile y el extranjero, y cuya obra debiera promoverse de mejor manera.
La advertencia, sin embargo, que levanta Radić de que falta una vocación arquitectónica en el país, que se ve al contemplar nuestras ciudades, debiera ser atendida para movilizar los esfuerzos en inversión, planificación, creación y conservación, y no dejarlo entregado a desafíos personales.
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