Por Patricia MoralesVolver al escenario después de los 60
“Por fin una oportunidad”, dijeron varios de los actores y actrices mayores que llegaron al casting abierto que convocó Gerocultura, organización dedicada a investigar el envejecimiento a través de las artes escénicas, para su obra La Isla de los Viejos. El montaje aborda el aislamiento social en la vejez a partir de las historias reales de intérpretes que, en muchos casos, llevaban años sin ser llamados a un escenario. Tendrá funciones durante mayo en Teatro Sidarte.

“Todos podemos ser merecedores de contar nuestra historia”. La frase apareció casi como una declaración de principios cuando el director Carlos Aedo intentaba explicar por qué decidieron hacer algo tan poco habitual en el mundo del teatro: abrir un casting especialmente dirigido a actores y actrices mayores. Porque si bien en Chile abundan las convocatorias para rostros jóvenes, cuerpos ágiles o figuras “vigentes”, rara vez el foco está puesto en quienes llevan décadas arriba de un escenario y, aún así, han ido quedando fuera de él.
La iniciativa terminó convirtiéndose en el corazón de La Isla de los Viejos, obra de Gerocultura -organización dedicada a investigar el envejecimiento a través de las artes escénicas- que este mes llegará al Teatro Sidarte tras su preestreno en Fundación CorpArtes. El montaje aborda el aislamiento social en la vejez y está construido a partir de historias reales de sus propios protagonistas.

“Nos preguntamos, qué impacto tiene para un actor o actriz dejar de estar en el escenario, dejar de ser escuchados(as), ser mirados(as) y dejar de conectar con el público, simplemente porque se le considera con menos capacidad, desde la agilidad física o la memorización, o porque está menos vigente para los ojos del espectador, lo que por cierto, va de la mano de prejuicios y sesgos”, explica Aedo.
La reflexión no surgió solamente desde la teoría. Desde hace años Gerocultura trabaja en proyectos vinculados a la vejez, mezclando biodrama, investigación social y artes escénicas. La Isla de los Viejos es la segunda parte de la llamada “Trilogía de la Vejez” y busca poner en escena temas como la pérdida de identidad, la soledad, la autonomía y el miedo a dejar de ser vistos.
“A través de este trabajo buscamos profundizar en el fenómeno del aislamiento social, mostrando cómo muchas personas mayores viven relegadas a espacios determinados, impropios y carentes de autonomía”, señala el director.
El casting
En abril del año pasado, junto a Sidarte, lanzaron una convocatoria abierta para actores y actrices mayores de 60 años. Llegaron alrededor de 50 personas. Muchos de ellos eran intérpretes con décadas de trayectoria, pero sin proyectos laborales activos. Aedo cuenta que fue un proceso muy significativo: “Varios de los participantes, al ser entrevistados, comentaban cosas como: ‘Me llamó la atención que este proyecto fuese para nosotros, actores y actrices mayores’ o ‘Por fin una oportunidad’”.

El ambiente -agrega- era distinto al de otros castings. “Se percibía un entusiasmo distinto: muchos llegaban con bastante anticipación y generaban instancias de conversación entre ellos. Algunos manifestaban nerviosismo, mientras que otros intentaban anticipar sus respuestas a partir de lo que escuchaban de quienes ya habían sido entrevistados”, cuenta el director. “En general, la mayoría coincidió en que se sintieron muy cómodos durante el proceso. Destacaron que había sido una experiencia distinta a otros castings que habían vivido, tanto por el ambiente como por la forma en que se desarrolló la entrevista, la cual se dio en un espacio cercano y respetuoso, donde se puso en valor a cada persona que asistió”.
El proceso de selección no se centró únicamente en la experiencia actoral. Partieron con algunos criterios preliminares, por ejemplo, lograr la mayor diversidad posible, especialmente en términos generacionales, incorporando actores de 60, 70, 80 años y más, además de asegurar la participación tanto de hombres como de mujeres. También importaba la disposición a compartir vivencias personales y hablar sobre la propia vejez. El montaje se construye justamente desde ahí: desde relatos íntimos, contradicciones, recuerdos y emociones reales.

“Creo que, como en muchos ámbitos, existe un filtro social y laboral que limita las oportunidades. En Chile, en particular, persisten prejuicios, por nombrar algunos, que generan exclusión por factores como el estatus social, el apellido, el colegio de origen y, por supuesto, la edad, que también se transforma en una barrera relevante”, reflexiona Aedo. “Lo complejo es que la actuación es un oficio profundamente ligado a la exposición pública, donde el reconocimiento suele expresarse a través de la mirada del público y los aplausos. Cuando esa visibilidad disminuye o desaparece, el impacto puede ser significativo, ya que esa presencia deja de tener un espacio donde ser vista y escuchada”.
Y si consideramos que muchas personas mayores en nuestra sociedad ya experimentan sentimientos de aislamiento, concluye, resulta aún más fuerte en el caso de quienes han construido su vida en torno a la visibilización y el reconocimiento de su trabajo.
Volver al escenario
Para quienes quedaron seleccionados, el proyecto significó mucho más que participar en una obra. “Una tremenda oportunidad, de sentirme viva y agradecida de la oportunidad de poder hacerlo que más amo”, dice Corina Posada, con una larga trayectoria en el teatro chileno.
Esa sensación de volver a hacer lo que aman aparece también en el relato de Lorena Prada, de 61 años: “Seguir en el escenario, después de tanto tiempo, me hace feliz. Nada mejor que vivir de lo que uno ama”. Igual que Hernán Vallejo, actor profesional desde 1974: “Para mí, ejercer el oficio de actor hoy en día es sentirme vigente”.

Para Julio Ramírez, en cambio, que comenzó a hacer teatro después de los 70 años, la experiencia tiene otro sentido: “Comenzar a hacer teatro a partir de los 70 es una aventura enorme, es reinventarse, volver a sentirse jóven y un desafío personal y orgullo para mí y mis hijos”.
Y Pelusa Troncoso, actriz de 85 años y figura histórica del teatro chileno, cierra así: “El seguir actuando en la actualidad es un regalo para mi larga trayectoria”.
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El reestreno de La Isla de los Viejos contará con seis funciones en el Teatro Sidarte (Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Barrio Bellavista, comuna de Recoleta).
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