“Ella me eligió”: la historia de Elena, una gallina rescatada
Cuando era una pollita desnutrida, sola y que apenas podía caminar, Elena fue encontrada por Daniela, quien la cuidó y le dio un mejor destino. Hoy vive libre en Chiloé, subiéndose al regazo de sus seres queridos y vocalizando de felicidad. Sin embargo, miles de otras gallinas no tienen esa suerte.

Si bien es muy sociable, la gallina Elena tiene a sus humanos favoritos. “Cuando alguien le cae bien, se acerca, le conversa a su manera y exige que la tomen en brazos. Si se encuentra a gusto, emite un sonido entre un cacareo suave y un ronroneo”, cuenta Daniela Vera, quien la rescató hace poco más de dos años en una parcela de la región de Los Ríos. “Pero, si algo no le gusta, lo hace saber de inmediato, porque igual tiene su genio y no lo esconde”, agrega entre risas.
Su historia juntas comenzó en una reunión de trabajo en Santa Elena, comuna de Paillaco. Entre pavos, gansos y gallinas mucho más grandes, Daniela vio a una pollita que cojeaba apoyándose en una alita. “Por instinto la cargué y la guardé bajo mi abrigo, ni siquiera lo pensé”, cuenta, y agrega: “Siento que ella me eligió. Es un sentimiento muy hermoso que me conecta con ella desde la primera vez que la vi”.
El diagnóstico de la veterinaria fue duro: desnutrición severa, retraso en el crecimiento, malformación en sus patas y falta de desarrollo de las plumas. Daniela vivía sola en un departamento en Valdivia, pero eso no fue impedimento para hacerse cargo de ella. Al principio, Elena pasaba los días en una caja de cartón y cuando Daniela llegaba del trabajo, le ayudaba a caminar con mucha paciencia. “Lo que más me sorprendió fue su capacidad para comunicar a su manera lo que necesitaba y lo fácil que se fue adaptando en tan pocos días”, recuerda Daniela.
Hoy, Elena vive en un campo de Chiloé con los padres de Daniela. Tiene a su completa disposición tierra, sol, pasto e insectos. Sin embargo, duerme y vive dentro de la casa. Le encantan los arándanos, los tenebrios y el arroz basmati, además de poner huevos de un color parecido a sus plumas.
Un ave sensible y compleja
Como si se tratara de una coincidencia, la veterinaria de Elena, la gallina, es su tocaya: Elena Campos. “Es lo más didáctico que me ha tocado vivir”, admite entre risas.

“Los cuidados de Daniela a Elena fueron lo más fundamental para su recuperación. Además de la nutrición, el estar ahí con ella”, dice. “Quedó con una pequeña secuela, una desviación en uno de los deditos, pero nada que le impida ser completamente feliz”, añade.
Sobre tener a una gallina como animal de compañía, la veterinaria afirma: “Tienen mucha inteligencia, bastante carácter y una vida social compleja”. Y agrega: “Es fácil que desarrollen un apego emocional con sus tutores. Se suben al regazo de la persona que quieren, permiten que las acaricien y vocalizan de felicidad cuando están a gusto”.
Pero hay algo que le hace gracia, aunque a veces no tanto. Con ella, como veterinaria, dice, la dinámica es completamente distinta. “Como yo soy la que la revisa, a lo máximo que puedo aspirar es a su tolerancia”, cuenta. Después de cada control, Elena se sacude y se limpia meticulosamente sus plumas. “Lo único que quiere es alejarse de mí lo más pronto posible”, admite.
Campos llevaba años tratando a perros, gatos y otras aves pero, en sus palabras, con Elena aprendió que, “todo el esfuerzo tuvo una hermosa recompensa”. “Tener una gallina como animal de compañía puede ser una experiencia bellísima y muy divertida. La recomiendo, pero por favor asesórense con un especialista”, sentencia.
Una vida de encierro
Fernanda Vieira es doctora en Ciencias con foco en Bienestar Animal por la Universidad de São Paulo y Directora del departamento de Bienestar Animal e Investigación de la organización Sinergia Animal. En contraste a la vida que hoy lleva la gallina Elena, explica que para las gallinas en jaulas de batería, la experiencia es diametralmente distinta.

“Es estar toda una vida en una jaula pequeña con varias otras gallinas, donde el espacio es muy limitado para movimientos básicos y comportamientos naturales como estirar completamente las alas, bañarse en polvo o buscar alimento. Generalmente, cada una dispone de un espacio más pequeño que una hoja de papel A4”, afirma. “Sin estimulación, sin espacio, sin posibilidad de alejarse de las otras aves. El estrés puede derivar incluso en canibalismo. Algunas mueren antes de llegar al matadero”, detalla.
Por otro lado, cuando pone un huevo no puede construir un nido. “Eso les genera una tremenda frustración”, asegura la especialista. “Los estudios científicos han documentado algo revelador sobre la vida interior de estas aves: en experimentos, las gallinas empujaban puertas pesadas para acceder a lo que necesitaban. Pero el hallazgo más significativo fue que, minutos antes de poner un huevo, se esforzaban más para acceder a un nido que para conseguir comida”, añade.
“Cuando pensamos en nuestros perros y gatos, no tendríamos ninguna duda sobre el estrés y el sufrimiento que experimentarían si estuvieran confinados en una jaula pequeña por el resto de sus vidas”, reflexiona la especialista. “Para las gallinas no es diferente”, sostiene.
El hacinamiento extremo también tiene consecuencias sanitarias. El estrés crónico y las condiciones de encierro hacen que virus como la gripe aviar se propague rápidamente entre las aves, con efectos que van mucho más allá de los galpones industriales.
Compromisos de cambios
La mayoría de las personas desconoce cómo se producen los huevos que consumen. “Si se les pregunta, muchos dirían que las gallinas tienen espacio para posarse y caminar libremente. Solo una minoría sabe la verdad”, dice Fernanda Vieira. Actualmente, sobre el 95% de las gallinas en Chile viven en este tipo de sistemas de producción animal intensiva.
Sin embargo, la presión ciudadana ha demostrado funcionar. A nivel internacional, existe una tendencia regulatoria clara hacia la eliminación de los sistemas de jaulas. La Unión Europea prohíbe las jaulas convencionales desde 2012 y varios países han avanzado hacia modelos de producción con mayores estándares de protección animal.
Además, más de 2.500 empresas en el mundo se han comprometido a abandonar los sistemas de jaulas de batería. En Latinoamérica, el Cage-Free Tracker de Sinergia Animal incluye a más de 140 empresas comprometidas con el abastecimiento de huevos libres de jaulas. De ellas, 48 ya han alcanzado el 100% de implementación. “Lo que la gente compra influye directamente en los sistemas de producción”, afirma Vieira.
Cierra con Jane Goodall: “Cada individuo tiene un impacto cada día y debe elegir el tipo de diferencia que quiere hacer”. Daniela, la rescatista, ya eligió rescatar como un acto de amor. O más bien, Elena eligió ser rescatada por Daniela. Y eso, aunque pueda parecer que no cambia al mundo, cambió el mundo de ambas.
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