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Datos Paula: Barro a la Mesa, cuatro días para enamorarse de la cerámica

La exposición llega al MUT con piezas originales de ceramistas de todo el país, en una invitación a volver a poner en valor los objetos cotidianos y el oficio artesanal. En Paula destacamos a tres expositoras imperdibles cuyo trabajo dialoga con la estética japonesa, incorporando la técnica oriental en la tradición alfarera nacional.

Cerámica Tam Jiménez

Más de 4 mil piezas hechas a mano, 45 ceramistas de distintos rincones de Chile y una invitación a mirar distinto los objetos que usamos todos los días. Entre el 14 y el 17 de mayo, el piso 1 del Mercado Urbano Tobalaba se transformará en el escenario de “Barro a la Mesa”, una exposición y venta de cerámica contemporánea que busca rescatar el valor de lo artesanal y posicionar a Chile como un país profundamente alfarero.

La muestra reunirá platos, tazas, cuencos, jarrones y piezas decorativas creadas con distintas técnicas, materiales y estilos, todas seleccionadas por su oficio, diseño y propuesta artística. Pero más allá de la exhibición, el proyecto impulsado por las gestoras culturales María Jesús González y María Luisa Prado junto al MUT, quiere poner sobre la mesa una conversación más amplia: cómo los objetos cotidianos también construyen identidad, memoria y formas de habitar.

“La belleza no se encuentra solamente en la naturaleza ni en las grandes obras de arte que albergan los museos. Vive también en los objetos sencillos que usamos cada día”, explica María Luisa Prado, una de las organizadoras. La iniciativa busca que los asistentes conecten con aquellos sencillos objetos que utilizamos diariamente: “Incorporar piezas de cerámica en nuestra mesa nos cambia el ritmo, la mirada y la relación con las cosas que nos acompañan”, agrega María Jesús González.

Entre los expositores estará la fotógrafa y ceramista Antonia Izquierdo Lehmann, además de maestras y maestros de la cerámica como Carolina Mena, Ivonne Castillo y Francisco Olivares. También participará la periodista y artista visual Milena Vodanovic, quien fue parte de la dirección de Revista Paula durante más de ocho años. A ellos se suman reconocidas artesanas como Gina Negroni, Victoria Gallegos y Las Alfareras del Lago, guardianas de técnicas ancestrales que hoy inspiran a nuevas generaciones de ceramistas.

La influencia japonesa

Hace años que la estética japonesa comenzó a aparecer con fuerza en la cerámica chilena. No solo en las formas minimalistas o en los esmaltes, también en una manera distinta de entender los objetos cotidianos: piezas imperfectas, simples y hechas para durar. En “Barro a la Mesa”, tres expositoras exploran esa sensibilidad desde lenguajes y trayectorias distintas.

1. Carolina Mena

Aunque estudió Arte en la UC en los años 80, Carolina llegó a la cerámica varios años después, mientras trabajaba haciendo clases. Fue en un taller con la ceramista Mariana Wieland: “Ahí conocí el gres, la delicia que significa hacer un cuenco, un plato o cualquier objeto. Se siente una diálogo que es recíproco entre la materia y tus manos”, cuenta. Desde entonces, su obra ha explorado las formas, el equilibrio y la geometría, mezclando influencias del grabado, la pintura y la escultura.

En cuanto a la fuerte conexión con la estética japonesa, señala: “Creo que la búsqueda de la simplicidad, de revelar la geometría de las piezas, son búsquedas universales y están tanto en lo japonés como en obras del pueblo mapuche o de culturas del norte de Chile”.

Para Carolina, devolver la belleza al objeto cotidiano es una necesidad vital. “No podría con este mundo si no es estando cerca del arte y de personas creadoras”, reflexiona. “Cuando trabajo la arcilla o tomo una piedra del suelo y la incorporo a mi obra, lo que hago es mostrar la luz que hay en la materia”.

2. Tam Jiménez

Tam Jiménez llegó a la cerámica desde el mundo de la dirección de arte y la fotografía gastronómica. En 2018 comenzó a crear piezas para usar como utilería en producciones editoriales, buscando objetos específicos que no encontraba en el mercado. “Lo que empezó como una herramienta para mi trabajo se transformó en una vía de escape, luego en una necesidad creativa y finalmente en mi oficio”, cuenta.

Su formación ha sido intuitiva y experimental. Comenzó aprendiendo modelado y torno, para luego profundizar en técnicas como el raku, esmaltes y distintos workshops con ceramistas nacionales e internacionales. La influencia japonesa, explica, apareció de forma natural: “Siempre hubo una afinidad con la cultura japonesa. Desde muy joven me interesaron su arquitectura, literatura y la manera en que entienden la belleza: algo mucho más silencioso, simple y contemplativo”.

Esa sensibilidad se refleja en sus piezas a través de formas irregulares, minimalismo y trazos libres que valoran la imperfección como parte de la obra. “Muchas veces siento que las obras más honestas son justamente las menos pensadas”, reflexiona.

Para Tam, devolver la belleza al objeto cotidiano significa recuperar el vínculo emocional con aquello que usamos todos los días. “Una vasija, un plato o una pieza sobre una mesa no son solo objetos funcionales, también construyen una narrativa visual y emocional sobre quiénes somos”, explica. “Hay algo muy especial en transformar un gesto diario como servir comida, tomar té o compartir una mesa, en una experiencia más consciente y estética”.

3. Ignacia Phillips

Hace ocho años, Ignacia Phillips comenzó a acercarse a la cerámica por simple curiosidad. Lo que partió como una exploración terminó transformándose en un cambio radical de vida, dejando su trabajo y comenzando a dedicarse por completo a desarrollar su obra y hacer clases. “Me atrapó y no lo pude soltar”, cuenta.

La conexión con la estética japonesa apareció tras un viaje a Japón en 2025: “Me di cuenta de que mi estética personal y mi obra conversan mucho con la estética japonesa. Allá cada objeto tiene un valor muy profundo por su proceso, y la belleza no es algo superficial sino una manifestación de los materiales, del tiempo y del oficio”, relata.

Ese viaje transformó profundamente su trabajo. Aprendió técnicas de torno oriental y experimentó con urushi, una laca tradicional japonesa hecha a partir de árboles. “Entendí que experimentando se logran resultados propios, que no todo es fórmula”, explica. Las piezas que presentará en “Barro a la Mesa” son reflejo directo de esa búsqueda y de los aprendizajes adquiridos en el viaje.

Para Ignacia, devolver la belleza al objeto cotidiano también resume el corazón de su obra: “La belleza que nos transmite el arte es la que deberíamos buscar en los objetos cotidianos, rodearnos de objetos que cuentan la historia de su proceso es dejar que se cuele la belleza en nuestro día a día”.

La belleza del objeto cotidiano

“Barro a la Mesa” no solo será un espacio de venta. La experiencia incluye una instalación artística compuesta por seis mesas conceptuales creadas por la productora de fotografía Carolina Lagos, cada una inspirada en los valores que las organizadoras consideran esenciales en el arte de la cerámica: conexión con la naturaleza, vida simple, vida familiar, autenticidad, diversidad y cultura.

Habrá una mesa inspirada en el concepto japonés wabi sabi, que rescata la belleza de lo imperfecto y esencial. Otra dedicada a la vida familiar y los encuentros en torno a la cocina, y finalmente, una enfocada en la diversidad y colaboración, representada a través de distintas piezas que conviven armónicamente en una misma mesa. “La cerámica no es solo un objeto utilitario o decorativo”, explica Prado. “Cuando compras una taza o un plato, también te llevas una idea, un valor y una forma de entender la vida”.

Las paredes del espacio también albergarán una muestra fotográfica de Alfredo Gildemeister y Antonia Larraín, quienes retratan el oficio ceramista desde una mirada íntima y documental.

¿Dónde? Piso 1, MUT.

¿Cuándo? Desde el 14 al 17 de mayo.

Horario: 11:00 a 20:30 horas.

Entrada liberada.

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