Francisca Crovetto: "Las deportistas somos parte de la demanda histórica ciudadana"

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La presidenta de DAR Chile expresa su posición frente al estallido social en el país. La tiradora skeet, medallista panamericana, también hace un vínculo entre el deporte de alto rendimiento y el nuevo escenario nacional.



Francisca Crovetto (29 años) sigue de cerca lo que ocurre en las calles. Aunque no ha podido salir a marchar, ganas no le han faltado, dice. La presidenta de DAR Chile (agrupación que reúne a los deportistas de alto rendimiento) asume que el momento crucial del país también afecta su actividad. Y aplaude a sus colegas con opinión frente al tema.

¿Qué observa del estallido social en el país?

Estoy esperanzada, creo que esto era necesario, porque el descontento es generalizado. Todos los marginados y olvidados hicieron explotar esto, primero con la evasión en el Metro y luego con todo lo que se ha visto en las calles. Esto tiene que ver en cómo el Estado de Chile debe darle dignidad a la gente y conseguir que todos vivamos bajo la misma igualdad de oportunidades. Las demandas populares están muy asociadas a todas las que el deporte chileno ha tenido desde siempre, porque pese a que nosotros elegimos y tuvimos la oportunidad de ser deportistas de alto rendimiento, nuestras familias también dieron un salto al vacío para conseguirlo.

¿Cómo mira DAR Chile la forma de distribuir los recursos para el alto rendimiento?

Pese a que hay momentos en que el deportista puede recibir aportes del Estado, dependiendo de si consigue un logro deportivo, estos muchas veces no llegan y ahí son las familias quienes deben apoyar a los deportistas en ese período. Pero igual, el Estado de Chile debe apoyar a sus deportistas por una Ley que dice que es importante el alto rendimiento para él.

¿Es mucho o poco el dinero invertido en el alto rendimiento chileno?

Si lo comparas con otros países, en verdad no es tanta plata. Un deportista que es exitoso en su carrera deportiva puede ahorrar si es que obtuvo un buen logro deportivo, pero ¿qué pasa con ellos después que el sistema los desecha, cuando ya no rindes en ese deporte? El Estado puso en él la imagen país, la representación de todo el pueblo, pero luego el Estado se olvida de él, lo bota, y eso es lo que a mí más me duele. Chile ya decidió que el alto rendimiento es importante, pero aún no decide si el deportista es un agente de intervención o de Derecho. No hay herramientas para, después de terminar la carrera deportiva, poder insertarse a la sociedad. Es bien complejo, porque muchos deportistas terminan su carrera sin haber estudiado, muchos endeudados por alguna lesión que debieron operar, no tienen imposiciones y tampoco experiencia laboral. Es ahí donde el Estado debe hacer algo también para garantizar el bienestar de nosotros.

Apunta directamente a las becas Proddar.

Hoy en día estamos discutiendo el reglamento Proddar, pero quizás hay que aprovechar esta discusión país para preguntarnos si realmente lo queremos. Porque quizás llegó el momento de hacer una nueva figura, que dé más estabilidad. El Proddar entrega recursos a medida que rindas, y entiendo que el alto rendimiento esté asociado al éxito, pero ¿cómo se apoya al deportista durante todo el proceso previo? Además, ni siquiera los grandes deportistas rinden todos los años de igual manera, por eso hay que entender un poco la actividad. Es muy complejo este análisis, pero hay países que ya han resuelto este problema. Chile puede hacerlo, sobre todo teniendo en consideración que no somos tantos deportistas de alto rendimiento.

¿Ante todas las peticiones ciudadanas, el financiamiento público al deporte corre peligro?

Es algo que no he conversado con muchas personas, pero por los cambios que se deben hacer esta pregunta nos la hacemos todos. Esperamos que estos recursos no salgan de la preparación especial para los deportistas, sobre todo con un año olímpico encima. No quiero sonar a que estamos cuidando nuestra parcela y el resto no nos interesa, para nada es así, pero es importante ver de dónde se sacarán esos recursos.

¿Sería una mala señal, considerando el éxito de Lima 2019?

Sí, sería retroceder. Hemos demostrado con hechos que cuando hay un proyecto deportivo consensuado entre todos los actores, desde los deportistas hasta la secretaria del CAR que te toma la hora para algo, se consiguen cosas. Lo que pasó en Lima no tiene que ver con los últimos dos años, sino que viene desde 2010 en adelante. Después de nueve años pudimos ver resultados, no podemos ahora cortar este proceso, pensando además que se vienen nuestros Panamericanos en cuatro años.

¿El deporte ha cambiado la realidad del país?

Además de las medallas, siento que hemos aportado a cambiar la sensación que tiene el chileno de sí mismo. Antes creíamos que no éramos buenos en nada, no teníamos una identidad de que de verdad podíamos ganarle un partido a una gran potencia o ser campeones panamericanos de deportes liderados históricamente por otros países, como el oro de los primos Grimalt en el vóleibol playa, una disciplina marcada por el dominio de Brasil. Antes, nadie pensaba que algo así se podía conseguir, pero ahora la gente lo cree porque lo ha visto y lo vivió. El deporte tiene esta virtud, este tesoro, que es capaz de cambiar a un país. No lo podemos desperdiciar.

¿Corre peligro Santiago 2023?

Para mí va sí o sí. Será una fiesta deportiva y debe saber adecuarse a la realidad que hoy tiene el país. Viendo el caso de Lima 2019, Perú vivió una situación similar a la de Chile, con un Presidente que renunció y sus Juegos se gestaron dentro de una revolución bastante importante, pero nunca se puso en jaque los Panamericanos. Para mí han sido los mejores Juegos a los que he asistido. Y, por lo mismo, creo que Chile está preparado para hacerlos.

El Gobierno podría plantear que la reparación del Metro cuesta la mitad que los Juegos Panamericanos.

Eso sería algo sesgado. Nadie puede desconocer que hay que reordenar la distribución de recursos, pero los Juegos no solo traerán beneficios para el deporte, sino que todo el país va a ganar, también la sociedad. Los Juegos cambian realidades. En Lima se vio claramente eso. Mi primera competencia internacional fue el 2005 en Lima y desde ahí viajo muy seguido allá y te puedo asegurar que ahora es otra ciudad. La ciudad, además de quedarse con una infraestructura deportiva de primer nivel, mejoró el transporte público, las vías y quedó una Villa Panamericana buena, bella y digna, que se ocupará como viviendas sociales para la gente.

El Estado ha financiado grandes eventos privados, como la Fórmula E o, ahora, el ATP 250, sin mencionar los millones que se invierten en pautas comunicacionales del Mindep. ¿Es razonable que el Estado entregue tantos recursos para esto?

Nosotros, DAR Chile, estamos a favor de que el país sea sede de grandes eventos deportivos porque le hacen bien al país, porque ayudan al deporte y a la economía. Pero nos parece poco prudente y no prioritario entregar medio millón de dólares para un evento privado como el ATP, al Dakar o la Fórmula E. Eso es desconocer la realidad del país, porque son eventos con la capacidad de financiarse ellos mismos. Es obvio que las grandes marcas van a querer estar ahí y financiarlos, pero no van a querer costear la preparación de, por ejemplo, el equipo chileno de vóleibol que está buscando clasificar a Tokio 2020. De verdad, esto me parece poco prudente e inmoral, es no conocer la realidad del país.

¿Asumen que se le viene una gran batalla en este aspecto?

De todas maneras. La dimos en 2017, cuando el Mindep entregó 2 millones de dólares a la Fórmula E, y la vamos a dar ahora. ¡Es que no puede ser! Es impresentable. Los recursos son finitos y el Estado debe hacer una lista de prioridades y ahí definir qué es lo primero. Pero tú y yo sabemos que un ATP tiene la capacidad de financiarse solo, a diferencia de un sudamericano de bádminton, por ejemplo, que nadie lo va a querer financiar.

¿El financiamiento privado podría ser una nueva opción para el Team Chile?

Eso sería increíble. En Estados Unidos el deporte es financiado casi completamente a través de privados, pero hoy la realidad de Chile no es así. Tenemos una Ley de Donaciones que hace mucho más engorroso el proceso de donación.

¿No le choca ver a futbolistas con sueldos millonarios reclamar por desigualdad, cuando ellos son la élite privilegiada del deporte?

No tengo ningún resentimiento hacia ellos. Ellos mueven a mucha gente, son referentes de opinión y para muchos son ídolos, así que me parecen súper responsables sus intervenciones. Desde su situación de privilegios podrían desentenderse, pero muchos de ellos tomaron la decisión de no hacerlo y, aunque sea a través de una red social, decidieron manifestarse. Es responsable. Sería peor que no lo hicieran.

Muchos deportistas del Team Chile se han manifestado. ¿Qué piensa de eso?

Me encanta. Los deportistas deben sentir que son parte de este cambio. Es mucho más fácil quedarse en la casa entrenando y hacer como que nada pasa, pero no, muchos han querido decir lo que piensan. A nosotros (DAR Chile), nos costó mucho tomar la decisión de dar a conocer nuestro parecer, porque se podía malentender como que nos estábamos colgando a este petitorio social que tiene Chile. Pero es verdad, somos parte de esta demanda histórica ciudadana y, al final, nosotros somos los últimos de la lista. Todas las medidas que el Presidente anunció, por ejemplo, no nos benefician, porque no figuramos como trabajadores.

¿Qué opina de lo hecho en el Congreso por Érika Olivera, exatleta y abanderada en Juegos Olímpicos?

Me parece que la actitud que tuvieron todos en el Congreso es impresentable, no la puedo entender. Ellos están ahí para saber entenderse, para llegar a acuerdos a un bien mayor, independientemente de sus intereses. No es posible que adultos en un Parlamento no puedan ser capaces de ponerse de acuerdo. Por eso agregamos en nuestro comunicado que el deporte entrega un valor especial, que es el del juego limpio y la sana competencia. Mi rival no es mi enemigo y eso es algo que ellos no entienden. Me sorprende que ellos, que deberían ser los más preparados, no puedan ver la urgencia de ponerse de acuerdo para legislar.

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