Experiencias íntimas llevadas al arte textil: las nuevas exposiciones del Centro Cultural Estación Mapocho
En Tiempo entre puntadas, Alejandra Cortázar transforma su experiencia personal ante el diagnóstico y tratamiento de un cáncer. En Barrer de Noche, Macarena Freire Roca reúne tejidos en crin de caballo, textiles y obras realizadas con pigmentos naturales. Esto debes saber de las respectivas muestras.
El Centro Cultural Estación Mapocho inauguró dos nuevas exposiciones de autoras chilenas: Barrer de Noche de la artista visual Macarena Freire Roca y Tiempo entre puntadas de Alejandra Cortázar.
La primera está en la Sala Lily Garafulic, mientras que la segunda está en la Galería Bicentenario.
Desde el Centro Cultural detallan que ambas muestras “comparten una profunda exploración de la memoria y la experiencia humana, a través de prácticas vinculadas al textil, la fotografía y el trabajo manual”.
De esta manera, subrayan, “ponen en valor historias personales y saberes transmitidos entre generaciones”.
Las exposiciones, ya disponibles, pueden visitarse hasta el 11 de octubre. La entrada es liberada y los horarios son de 11:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00.
Cómo es la exposición Barrer de noche de Macarena Freire Roca
Financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart Nacional Convocatoria 2025), en la Sala Lily Garafulic se presenta Barrer de noche, de la artista visual Macarena Freire Roca.
La muestra reúne obras desarrolladas en colaboración con ocho artesanas de la localidad de Rari, en la Región del Maule.
La exposición toma su nombre de una antigua creencia popular del campo chileno, según la cual barrer durante la noche atrae mala fortuna. A partir de este recuerdo de infancia, la artista transforma ese gesto cotidiano en una metáfora sobre el traslado de los conocimientos ancestrales propios de la artesanía hacia los espacios del arte contemporáneo.
“Vi en el tejido en crin un lenguaje para interpretar el mundo. También un reconocimiento y aporte económico para las artesanas de mi comunidad, para tender puentes de colaboración e intercambio de conocimientos. Y tal vez, interesar a las nuevas generaciones a mantener esta tradición”, expresa la artista.
Barrer de noche reúne tejidos en crin de caballo, pinturas realizadas con pigmentos naturales y textiles bidimensionales que dialogan con la memoria familiar, el patrimonio inmaterial y los vínculos comunitarios.
Mediante cientos de pequeños tejidos ensamblados, Freire construye retratos, paisajes, animales y escenas cotidianas basadas en fotografías pertenecientes tanto a su archivo familiar como al de artesanas.
El proyecto surge de un proceso colaborativo donde cada imagen fue seleccionada y reconstruida mediante el tejido, permitiendo rescatar recuerdos, afectos e historias de vida.
La exposición también incorpora una serie de pinturas realizadas con tierras recolectadas en los cerros de Rari y tintes vegetales obtenidos de especies nativas como hualo, radal, michay y maqui.
Entre las obras destacadas se encuentra la serie Manos de crin, desarrollada junto a las artesanas Gladys Roca y Nancy Cortínez, que representa a escala real las manos de las tejedoras sosteniendo las piezas que elaboran desde su infancia, en un homenaje al oficio y a las mujeres que han preservado esta tradición durante más de dos siglos.
Cómo es la exposición Tiempo entre puntadas de la artista Alejandra Cortázar
En la Galería Bicentenario se exhibe Tiempo entre puntadas, primera exposición individual de la artista Alejandra Cortázar, quien transforma su experiencia personal ante el diagnóstico y tratamiento de un cáncer, en una propuesta artística construida a través del fotobordado y los micromundos.
La muestra reúne textiles e instalaciones desarrollados durante el primer año de su tratamiento oncológico. Cada obra registra el paso del tiempo, las transformaciones del cuerpo y las emociones asociadas a la enfermedad mediante puntadas realizadas sobre fotografías, convirtiendo el bordado en una forma de testimonio.
“Las obras representan las palabras que no puedo decir. Compartir este tiempo entre puntadas le permite a otros que viven procesos similares sentirse identificados y acompañados. Como me dijo una amiga con cáncer, a ella le permitió significar un proceso que se había quedado en lo físico”, relata la autora.
En las piezas conviven la vulnerabilidad y la fortaleza, permitiendo abordar una experiencia profundamente íntima desde un lenguaje sensible.
A través de la materialidad de los textiles y la intervención fotográfica, la artista propone una reflexión sobre la incertidumbre, la esperanza y la capacidad del arte para acompañar procesos complejos de la vida.
Cortázar destinó el 100% de lo recaudado por la venta de las obras a Fundación Casa Familia, organización que desde hace 25 años acompaña a niños con cáncer y otras enfermedades graves junto a sus familias.
“Estamos tremendamente agradecidos que Alejandra nos haya elegido como fundación beneficiaria de esta exposición tan conmovedora y personal. Su trabajo se alinea con las terapias complementarias basadas en las artes, que son un pilar en el apoyo emocional que entregamos a las familias”, dice Mónica Gana, directora ejecutiva de Fundación Casa Familia.
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