Expediente Llaitul: la bitácora de violencia y redes de un radical

Las 4.495 páginas de la carpeta de la investigación desarrollada por la Fiscalía Regional de La Araucanía en contra del líder de la CAM, Héctor Llaitul, quien quedó esta semana en prisión preventiva, constituyen un verdadero mapa de sus pensamientos, preocupaciones, relaciones y movimientos. Las escuchas telefónicas, georreferenciación por antenas y los seguimientos permitieron a los investigadores descubrir el interés de Llaitul para que sus hijos lideren la causa mapuche en el futuro, un constante desprecio por otros grupos radicales y los nexos que ha mantenido con autoridades locales y activistas en el extranjero, incluso para, eventualmente, obtener financiamiento.


El rol de weichafe de los hijos del líder de la CAM: armas, sabotajes y robo de madera

El temor de perder un hijo que vivió Héctor Llaitul el 9 de julio de 2021 no fue la única vez que el líder de la CAM sintió ese susto desde que está envuelto en actos de sabotajes y atentados en la Macrozona Sur.

Esa noche, los primeros reportes policiales anunciaban que durante un enfrentamiento en el fundo Santa Ana, en Carahue, Novena Región, Ernesto Llaitul Pezoa, hijo del histórico líder del movimiento radical, había fallecido producto de un disparo en su rostro.

De inmediato, Llaitul tomó el teléfono y llamó a la pareja de su hijo para consolarla. Así se desprende de una interceptación telefónica captada por los detectives de la Bipe de la PDI el 9 de julio a las 21.30 horas. “Es un dolor que lo vamos a cargar siempre, pero el Nanito murió como vivió”, le mencionó Llaitul a Javiera Plaza Aguayo, quien le respondió: “Sí, lo sé, lamien, el único consuelo que voy a tener en mi vida va a ser ese”.

Llaitul llegó al lugar para reconocer supuestamente el cuerpo de su hijo. Al revisarlo, volvió en sí. No era Ernesto, sino que se trataba de “El Toño”, Pablo Marchant, quien vivía con ellos e integraba una orgánica de sabotajes.

Por ello, rápidamente comenzó a llamar a su familia para transmitir que Ernesto estaba con vida, pero con paradero desconocido. Esta confusión fue aprovechada por la policía para aumentar la red de contactos, dado el alto tráfico telefónico que tuvo esa noche.

Esta angustia ya la había vivido el líder de la CAM. Según los seguimientos de la PDI, a lo menos cuatro hijos de Llaitul tendrían un activo rol en la coordinación y ejecución de los sabotajes o “chem”, como les llaman en el grupo radicalizado.

Y en uno de esos “chem”, el 10 de mayo de 2021 -dos meses antes de la supuesta muerte de Ernesto-, su hijo menor, Pelentaro Llaitul Pezoa, de 17 años, habría resultado gravemente herido tras un enfrentamiento con efectivos de Carabineros que patrullaban la zona.

“No se comprometió nada fuerte, limpiando y medicamentos fuertes nomás para el dolor”, fue una de las conversaciones telefónicas que logró interceptar la policía y que permitió posicionar al líder de la CAM y a su hijo menor en el sector de Santa Ana, entre Traiguén y Los Sauces, en La Araucanía, donde se había concretado una serie de atentados.

Pero la interceptación clave fue otra. Según el informe de la PDI, a las 18.43 de ese día, la periodista Mónica González logró hablar con Héctor Llaitul, cuya comunicación se dio en la antesala de una entrevista emitida por La Red.

Llaitul le pidió que hablaran en otro momento, porque estaba con un inconveniente. “¿No pasa nada grave, no?”, le preguntó González.

“Sí, algo grave, por eso ¿usted me puede hablar por WhatsApp?”, respondió el comunero. Esta conversación permitió a los detectives establecer la ubicación del líder de la CAM mediante la georreferenciación de las antenas telefónicas y confirmar como sospechoso a Pelentaro Llaitul como uno de los encapuchados que enfrentaron a Carabineros.

El adoctrinamiento en su familia era un tema importante para Llaitul. Otro de sus hijos, José Lautaro, de 26 años, fue posicionado por la policía con un rol relevante en las faenas de hurto de madera.

Una escucha telefónica del 12 de marzo de 2021, entre José y su padre, los sitúa en plena faena en el fundo Renaco Pastales, en la comuna de Cholchol.

“¿Dónde dejaste el hacha, Taro?, le pregunta Llaitul a su hijo, quien le responde que la había dejado en una marcación en el último lugar que estuvieron. Esta escucha fue relevante para la investigación, pues permitió delinear los antecedentes usados en la formalización en la que le imputaron robos por $ 19 millones al comunero radical.

Finalmente, la policía también inició una seguimiento a otro integrante del clan Llaitul: su hija Javiera Neyén, de 23 años. Según la investigación, cumple un rol de activista y traslada “encomiendas” de su padre. En una escucha, la PDI detectó un problema de coordinación entre ellos .”Menos mal que no mandé el fierro para allá”, reclamó Llaitul.

El financiamiento de la CAM, la arista reservada que sigue depósitos desde el extranjero

Héctor Llaitul

“Nadia y Ricardo”. Esos dos nombres son las principales pistas que los detectives de la PDI manejaban con sigilo para identificar la red de apoyo internacional que está financiando el funcionamiento de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM).

Esos nombres fueron registrados en una interceptación telefónica el 24 de marzo de 2020, a las 20.36, cuando Héctor Llaitul conversaba con su pareja, la profesora de 34 años Carolina Manqueo.

En ese diálogo, el jefe de la CAM le comentaba que había tenido una reunión vía teleconferencia con Nadia y Ricardo, quienes se encontraban en Europa.

“Giraba en torno a los apoyos, que ellos querían hacer esto, de hacerlo más público y hacer incluso una plataforma que implicara ciertos recursos permanentes”, le detalló Llaitul a su novia, quien se convirtió en un blanco de alto interés para los detectives, pues la mujer era la encargada de recibir la gran parte de los depósitos internacionales y nacionales.

“Ricardo me envió el dinero. Está en mi cuenta (...) Usted me dice si se lo transfiero a otra persona, aunque yo también estoy con problemas de transferencia”, le comentó Manqueo a Héctor Llaitul.

Esta escucha encendió las alertas en la PDI. Por ello, tras informar al Ministerio Público, lograron que el Juzgado de Garantía de Temuco autoriza levantar el secreto bancario de Carolina Manqueo para investigar el origen de esos dineros internacionales y dar con las identidades de Nadia y Ricardo. Hasta ahora desconocidos.

Pero esa no fue la única cuenta corriente que la Fiscalía Regional de La Araucanía solicitó conocer. También, a raíz de múltiples interceptaciones telefónicas, pidió el alzamiento de los registros bancarios de cuatro hijos de Héctor Llaitul: los weichafes Ernesto, Javiera, José Lautaro y Pelentaro, cuyas sospechas los sindican como receptores de dinero.

Por ello, al recibir el detalle de transferencias de sus cuentas en BancoEstado, el modo de búsqueda apuntaba a filtrar por depósitos de 50 mil pesos. Esto, porque en las cartolas era la cifra que mostraba más movimientos de ingresos y retiros desde los cajeros automáticos.

De todos los hijos investigados por financiamiento, Pelentaro Llaitul es el que llamó más la atención de los detectives. El weichafe más joven de la familia es usado por su padre para recibir dinero de varios contactos.

En las escuchas telefónicas, almacenadas en la carpeta investigativa, existen varias conversaciones en las que el líder de la CAM ofrece la cuenta rut de su hijo menor para obtener los depósitos.

Entre ellos, aparece Jorge Padilla Trecaquista, un supuesto amigo de Llaitul, con quien se registraron diversos monitoreos telefónicos en el que compromete depósitos. Por ejemplo, el 17 de mayo de 2021, Jorge le avisa una transferencia alta.

“De ahí va otro, mañana va otro”, le anuncia al líder de la CAM, a quien le advierten de inmediato que el monto será de $ 300 mil. “Buena, hermano. Te pasaste, abrazo”, finaliza el comunero, previo aviso de que la operación bancaria se realice en la cuenta de su hijo.

Para camuflar esta dinámica, los detectives de la Bipe de la PDI descubrieron que Pelentaro tendría como fachada la venta de un libro de la coordinadora. Se trata de Chem Ka RaKiduam: Pensamiento y Acción de la CAM, el cual lo comercializa a $ 14 mil. Incluso, para comprobarlo, los detectives acordaron una venta presencial en 2021, cuya operación quedó registrada en la carpeta investigativa.

Esta arista de financiamiento es relevante para el Ministerio Público, debido a que las sumas de dinero detectadas estarían vinculadas con el financiamiento de las operaciones de sabotaje y recuperación territorial en las propiedades de las forestales de los últimos dos años. Las sospechas apuntarían a que estos dineros serían para la adquisición de armamento.

La disputa por la hegemonía de la violencia en la zona sur que preocupaba a Llaitul

Era su espacio de mayor confianza. Y así quedaba reflejado en el relajo y en las palabras con las que Héctor Llaitul Catrillanca se comunicaba por teléfono con su actual pareja, la profesora Carolina Manqueo Solar. En llamadas interceptadas por la PDI que fueron consideradas de relevancia para la investigación, el vocero de la CAM era crítico de otros líderes y daba cuenta de sus intenciones de mantener la hegemonía entre los grupos violentos de la Macrozona Sur.

Un ejemplo de ello fue el llamado interceptado por la policía el 11 de mayo de 2021, un día después de que un grupo de encapuchados se enfrentó a balazos con personal de Carabineros en las cercanías de la comunidad indígena Santa Ana, entre Traiguén y Los Sauces. Las mismas escuchas indicaron que en ese intercambio de disparos resultó herido a bala en una pierna Pelentaro Llaitul, hijo de Héctor Llaitul.

Sin tapujos, el comunero radical le cuenta a su pareja la diferencia entre sus “weichafes” y los de otros grupos de la zona. “Ayer, por lo menos había 80 ‘weichafes’ ahí peleando contra el enemigo y no eran na’ huincas (chilenos) traídos de Santiago como ‘Weichan Auka Mapu’ &*(WAM)”. WAM es una organización paramilitar indigenista que tomó fuerza en 2016, mostrando un alto poder de fuego y reivindicando violentos atentados en Arauco, Cautín y Malleco.

Orgulloso, el líder de la CAM continuó: “Eran gente de la zona con algunas cositas, unos trabajando y otros con las ‘tralkas’ (armas). Y ellos estaban arriesgando con la militarización, con toda la hueá que pone el gran capital, si ese es el punto. Entonces mientras algunos están haciendo un debate por WhatsApp o están haciendo los carteles, habemos otros que estamos instalándonos en combatir en los predios y transformarlos, y ahí vienen las órdenes de desalojo y ahí viene la lucha concreta, y claro, nuestra gente tampoco va a ir a pelear con piedras y palos cuando nos están masacrando a la gente”, explicaba a su pareja en la llamada interceptada.

Es también con Carolina Manqueo, pero durante noviembre de 2020, que Héctor Llaitul reivindica la superioridad de su gente por sobre el resto. “Uh, pero no, no cualquier mapucherío, sino los mapuches pasao a película, usted sabe (...), los pasao a pólvora, los pasao a “chem” (atentado) (...), los verídicos poh, como dice acá el Nano (Ernesto, hijo de Llaitul), los verídicos. Nano está contento (...), los de verdura, los de verdura, no los que andan posando, ni chamullando, ni dándoselas”.

El interés de Héctor Llaitul de segregar entre quienes han apostado por la vía violenta de la recuperación territorial y el resto es constante. En ese contexto, el 3 de marzo de 2020 recibió una llamada con un mensaje inicial llamativo. “Estimado cliente, usted está recibiendo una llamada de un recinto carcelario”, se escuchó al otro lado del teléfono.

- Aló.

- Marri marri, peñi.

Quien llamaba a Llaitul era nada menos que Jorge Cayupán Ñirripil, y lo hacía desde el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Temuco. En ese momento, Cayupán estaba ahí por una condena por infracción a la ley de armas, tras ser detenido durante un enfrentamiento y recibir un impacto de bala de parte del “Comando Jungla” de Carabineros, 25 días antes del asesinato de Marcelo Catrillanca.

En el diálogo interceptado, Llaitul le dice a Cayupán que quieren hacer un “trawún” (reunión) con algunas comunidades. “Trawún, pero de la gente que está en la verdadera parada autonomista y revolucionaria mapuche, lo que pasa es que hay muchos mapuches vendidos, peñi”, señala.

El líder de la CAM apunta a quienes serían esas personas: “Más allá de (Mijael) Carbone, más allá de (Galvarino) Reimán, los dirigentes, estos que se andan moviendo con Aucán (Huilcamán), y algunos de la alianza, ahora están a nivel local metiéndose”, continúa Llaitul. En la misma llamada, le insiste a Cayupán que “los vendidos” se están tratando de “meter allá en Pidenco, y antes que llegue la sangre al río nosotros queremos denunciar a algunos gueones (sic)”.

Llamadas por “ayuda” y una cita con un exfrentista: los nexos con el alcalde de Renaico

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“Hoy día el Estado es el primer responsable, pero también podemos decir que nosotros mismos. Porque nosotros mismos debemos ponerle freno a esto, a lo que está ocurriendo, entre todos en conjunto. Porque tampoco nos podemos ausentar de un problema del que somos parte”.

Con esas palabras el alcalde de Renaico, Juan Carlos Reinao Miralao, se refirió hace cinco meses, en La Tercera, a la ola de violencia y miedo que desde hace años está azotando a la zona sur, de la que su comuna es parte. Pero Reinao no es un alcalde cualquiera. De origen mapuche, nació en Contulmo y el año 2013 reconoció públicamente ser miembro de la CAM y amigo de Héctor Llaitul, a quien por esos años visitaba en la cárcel.

Por ello, lo que los investigadores de la PDI descubrieron el 23 de noviembre de 2020 no fue una sorpresa. Se trata de una corta e indescifrable llamada entre Llaitul y Reinao en la que le pide ayuda para “salir hacia Temuco”:

Reinao: ¿Qué pasó, compa?

Llaitul: ¿Cómo estái, hermano?

Reinao: Bien, hermanito mío.

Llaitul: Oye, ¿me harías un favor grande?

Reinao: Por supuesto que sí.

Llaitul: Necesito salir hacia Temuco y voy llegando a Peleco. ¿Tú le podrías decir al Samuel que me ayude?

Reinao: Ya ,vale.

Llaitul: Dile que… dale este número.

Reinao: Vale, listo.

La ayuda de Reinao rindió frutos y el tal “Samuel” pasó a buscar al líder de la CAM en dirección desconocida.

Pero los caminos de Llaitul y Reinao se volvieron a encontrar en la carpeta investigativa. Gracias a otras escuchas telefónicas, la Fuerza de Tarea Puerta Sur de la PDI supo que el 15 de febrero de 2021 el vocero de la CAM se movilizaría hacia el sector del cruce Huequén, en la comuna de Angol. A las 14.30 horas, Llaitul junto a su pareja, Carolina Manqueo, se subieron a un vehículo Suzuki Gran Nómade. La policía pudo identificar que el conductor del auto era Eduardo Vivian Badilla, exmilitante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, del que Llaitul fue parte en los años 80. El vehículo emprendió rumbo hacia Renaico en dirección nororiente.

Según el informe de vigilancia de la PDI, a las 14.45, una vez en Renaico y a un kilómetro de la municipalidad, llegaron hasta la casa del alcalde Reinao. Luego, a las 15.15 horas, el vehículo se retiró del lugar y en la vivienda del edil quedaron Llaitul, su pareja y Reinao.

A las 15.50 horas, los policías que vigilaban a distancia aseguran haber visto salir una camioneta blanca con el logo de la Municipalidad de Renaico en su costado, en el que vieron al líder de la CAM de copiloto. Luego, perdieron al vehículo de vista.

Reinao respondió a La Tercera que ambos siempre se visitan, pero que “no hablamos de política. Yo no me meto en lo de él y el no se mete en lo mío”. “Soy su amigo y lo iré a ver a la cárcel”, concluyó.

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