El círculo de hierro de Llaitul: quiénes son y cómo operan

El líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) está secundado por un reducido grupo de confianza: Juan Pichún, Roberto Pichún y su hijo Ernesto Llaitul. Algunos cumplen roles más “políticos” y otros más “operativos”.


Quienes vieron a Héctor Llaitul ese viernes 9 de julio del 2021, entre las 21.00 y las 22.00, lo notaron quebrado, preocupado y a ratos enojado. Era fuerte el rumor de que su hijo, Ernesto Llaitul Pezoa (26), había sido abatido en medio de una “operación de sabotaje” en el fundo Santa Ana-Tres Palos de la Forestal Mininco, en Carahue. Sin embargo, “El Nano” –como es conocido- estaba vivo y el caído era Pablo Marchant Gutiérrez (28), integrante de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) y expareja de la hija del exfrentista.

Llaitul Pezoa es el único hijo del líder de CAM, pero la unión de ambos también está dada por el convencimiento de que esta organización es la encargada “de detener las inversiones capitalistas en el Wallmapu”. Así al menos lo explicitan en uno de sus comunicados difundidos en septiembre de 2008, y en el que reivindican la vía armada.

Por lo mismo, “El Nano” es uno de sus brazos operativos más cercanos y parte de su denominado núcleo de hierro. Quienes conocen de cerca cómo funciona la CAM, advierten que el joven ocupa el cargo de “subcomandante” de la organización y está a cargo de supervisar las denominadas “recuperaciones” y atentados en terreno. Pero siempre con cuidado y lejos del sitio del suceso, para evitar todo tipo de exposición a una eventual detención.

Es que, dicen los mismos consultados, tanto a Llaitul padre como a su hijo les marcó en demasía la detención en la denominada Operación Huracán. Ese 23 de septiembre de 2017 ambos fueron arrestados por Carabineros, tras ser imputados por una serie de atentados en La Araucanía, el Biobío y en San José de la Mariquina, en Los Ríos.

El caso, sin embargo, se desmoronó luego de que el Ministerio Público le imputara a personal de Carabineros el haber falsificado pruebas para encarcelar a Llaitul y otras 11 personas. A partir de eso, ambos se alejaron de la primera línea de combate e, incluso, perdieron el terreno ganado entre los grupos más radicales del conflicto.

Pero ese descrédito en el que cayó la CAM no duró mucho. Si bien otros grupos, como la Weichan Auka Mapu (WAM) o la Resistencia Mapuche Malleco (RMM), ganaron terreno, la organización liderada por Llaitul, dicen distintas fuentes policiales consultadas, “nuevamente se puso de moda. Y a él le gusta el protagonismo”.

El nombre de Héctor Llaitul tomó fuerza, paradójicamente, al asumir el nuevo gobierno de Gabriel Boric. Si bien con la muerte de Pablo Marchant la CAM se adjudicó una serie de atentados reivindicatorios, entre marzo y agosto de este año ha sido su “reestreno”. Lo dicen las cifras: 27 ataques se han atribuido en 2022.

Y, además de eso, Llaitul también asumió un protagonismo público importante. Cuatro declaraciones ha realizado emplazando al gobierno, a las forestales y criticando el estado de excepción, lo que le valió que el 27 de julio el Ministerio del Interior ampliara una querella en su contra, invocando la Ley de Seguridad del Estado. Es que el exintegrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) había escalado en sus dichos y elevado la tensión con el Ejecutivo.

Aunque públicamente se muestra solo, como cuando asiste a charlas, seminarios u otras actividades de este tipo, Llaitul cuenta con un círculo cerrado de hombres de confianza (ver infografía). Ahí -de acuerdo a distintos reportes que manejan las policías- aparecen los hermanos Juan Pichún Collonao (47), Rafael Pichún Collonao (42) y el ya mencionado Ernesto Llaitul Pezoa. De ahí “para abajo” se trata de integrantes de las siete Organizaciones de Resistencia Territorial (ORT), el denominado “brazo armado” de la CAM.

Comisión política y las ORT

Rafael y Juan Pichún forman parte de lo que las policías llaman la “comisión política” de la CAM. Ambos actúan también como voceros de esta asociación y son quienes, junto con Llaitul, tienen un rol más pensante en la proyección del grupo, junto con reclutar a las comunidades mapuches de las provincias de Arauco, Malleco y Cautín. Es en el Biobío donde mayor influencia tienen, especialmente en Tirúa y Cañete.

Juan Pichún dijo, el 21 de enero pasado, a La Tercera, que “nosotros somos militantes de la Coordinadora Arauco Malleco y se nos ha vinculado con distintos grupos, tratando de vincularnos con ideas ajenas, que están en las poblaciones de la sociedad chilena (...) Van a seguir los sabotajes contra las forestales y en contra del latifundio, porque ellos son los responsables del despojo y de que nuestros derechos políticos y territoriales estén disminuidos”.

Rafael Pichún, en tanto, asumió un rol protagónico el 22 de mayo de este año, cuando lideró una protesta pidiendo la libertad de Daniel Canio, miembro de una de las ORT de la CAM. Ese día, el denominado werkén de la Coordinadora Arauco Malleco dijo que “nosotros somos una organización política. También hemos declarado una organización que se ha movilizado en los controles territoriales y desde ahí nosotros vamos dando el apoyo a nuestros presos”.

El caso de Ernesto Llaitul es distinto. Como tiene un rol fundamentalmente operativo no se muestra tanto públicamente, aunque, dicen otras fuentes consultadas, tendría a su cargo la ORT Pablo Marchant. Así se le denominó a esta facción luego del fallecimiento del joven.

Además de esta ORT existen otras seis: Kalfken, Lafkenche, Nagche, Pehuenche, Wenteche y Williche. Y es acá donde -estratégicamente, creen los policías e investigadores- el brazo de la CAM hace un corte entre lo político y lo operativo. Es fuera del núcleo de confianza de Llaitul desde donde se perpetran los atentados, cortando todo tipo de vinculación directa entre el ex FPMR y los “sabotajes”.

Llaitul y su núcleo, advierten, está en lo estratégico. Dan un ejemplo: las policías lo rastrearon, el 30 de julio, en el llamado “Trawun palín”, en apoyo a la lof María Cayulleo, comunidad que quiere iniciar un proceso de “recuperación” de terrenos de algunos predios de las forestales Mininco, Arauco y Comaco. Un día después, la CAM anunció la toma de siete fundos de propiedad de estas empresas.

De esta manera, creen en las policías, es complejo vincular a Llaitul en la comisión en flagrancia de algún delito: no se le ha visto, hasta ahora, en algún atentado de este tipo. Lo demás está resuelto: saben dónde vive (tiene dos casas), con quiénes habla y del gusto que siente por marcar la pauta del gobierno en la zona.

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