Las primeras víctimas de la pandemia

Juan Manqui, Eliana Reyes y David Mañil, víctimas del Covid-19.

Hasta ayer, el coronavirus les había quitado la vida a 27 chilenos, en ocho regiones del país. Detrás de esos números no solo están las circunstancias de la crisis sanitaria, sino también personas con diversos recorridos, las familias que construyeron y los recuerdos que dejaron. Estas son solo algunas de sus historias.




Tusnelda Mellado Carrasco: el llanto de un campeón panamericano

Tusnelda Mellado vivía en el hogar Los Jardines, uno de los focos de propagación más letales del coronavirus en Temuco, que, a su vez, es una de las ciudades más afectadas por la pandemia en Chile. Su contagio no ha sido trazable. Tenía 84 años y era la abuela paterna del campeón panamericano en lanzamiento del martillo de Lima 2019, Gabriel Kehr.

“Siempre la recordaré con cariño. La Tusi era un amor, vivió con nosotros en la casa mucho tiempo, luego de eso se fue al hogar, porque ya no estaban los recursos, entre otras cosas. Ella estaba en otro hogar antes, pero cerró”, comentó a El Mercurio.

Siempre fue cercano a ella. De hecho, cuando cursaba la enseñanza media en el Liceo Cautín, aprovechaba la cercanía de su establecimiento con el antiguo hogar en el que ella residía para cuidar que todo estuviera bien. “Y yo estudiaba al frente de ese hogar. La pasaba a ver, estaba con ella unos 15 minutos diarios, veía cómo estaba, cómo se sentía, si la trataban bien, si la bañaban, si le daban comida”, recuerda.

Para la familia no ha sido sencillo enfrentar el duelo. El propio Kehr ha decidido no comentar mucho el deceso de su abuela, salvo un video en el que llamó a los temuquenses a respetar la cuarentena. “Ha sido todo muy complicado, ya que uno no puede estar con ella (cuando están en el hospital)”, comentó. “Tengo un poquito de pena, ya que me han dejado dos familiares estas últimas semanas. Hago este video para crear en ustedes un poquito de conciencia. Esto no es un juego”.

De acuerdo al relato del atleta, su abuela falleció el 31 de marzo en Nueva Imperial, trasladada desde el Hospital Regional de Temuco. “Lo que le pasó a mi abuela le pudo pasar a cualquier persona, hay que tomarle el peso a esta situación. Su compañera de pieza está enferma. Y otra señora falleció la semana pasada. No sé cómo pasó, porque el hogar restringió las visitas hace varias semanas, eso se respetó. Pero más allá de eso no sé si se tomarían todos los protocolos”.


Juan Manqui Campos, el peluquero histórico de Chiguayante

Fotografía de Juan Manqui, víctima chilena de Covid-19 de la Región del Bío Bío.
Juan Manqui murió a los 82 años en el Hospital Traumatológico de Concepción. Fue uno de los peluqueros más longevos de Chiguayante.

Hace tres años, Juan Manqui Campos se vio obligado a guardar sus tijeras por última vez. Tenía 79 años, por lo que a su hija Marcia le gusta decir que era el peluquero más longevo de Chiguayante. Una demencia senil finalmente había comenzado a afectarlo en su trabajo. “El avance de la encefalopatía hepática y de otras patologías empeoraron su estado y debió cerrar su local”, cuenta Marcia.

La cantidad de atenciones médicas que Juan necesitaba diariamente fueron aumentando, al punto que Marcia y sus dos hermanas, que hasta entonces habían cuidado de sus padres, tomaron la dura decisión de llevarlo a la residencia de ancianos Santa Verónica, de Concepción. “Con mis hermanas nos turnábamos para cuidarlo, incluso contratamos durante el día una Tens (técnico en enfermería) , pero sus crisis se complicaron y tuvimos que aceptar que mi papá necesitaba atención de profesionales las 24 horas”, dice Marcia.

La salud de Juan empeoró tras la muerte de su esposa. Según su hija, en varias ocasiones perdía la conciencia y debían internarlo en el hospital. “No sabíamos qué le pasaba y durante tres años nunca le dieron un diagnóstico definitivo. Hasta que en marzo del 2019 le mostramos videos a una doctora de las crisis de mi papá y ahí recién pidieron el examen que en cuatro años no le hicieron y descubrieron la encefalopatía hepática”.

Juan tuvo varias recaídas. En una ocasión, estuvo hospitalizado casi un mes en el Hospital Regional de Concepción, desde donde fue dado de alta y trasladado a la residencia. “El doctor me dijo que no lo podía tener eternamente en el hospital y a pesar de que no estaba bien lo dio de alta. Lo llevamos al hogar, pero se complicó y lo tuvieron que internar en el traumatológico".

La madrugada del 25 de marzo, las hijas se enteraron de que Juan estaba contagiado con coronavirus, pero apenas tuvieron tiempo de procesar la noticia. Algunas horas después, les informaron que su padre, de 82 años, había fallecido a las 10.20 de la mañana. “Dudamos que mi papá estuviera contagiado por Covid-19, porque los abuelitos de la residencia no han presentado síntomas, y menos mi hermana, que lo acompañó durante la hospitalización”, comenta Marcia.

Según ella, ninguna autoridad sanitaria se ha comunicado con su familia hasta el día de hoy.


Sonia del Carmen Valdivia Órdenes: un adiós marcado por la polémica

Aunque no era su primer nombre, todos le decían “Carmen”. Era madre de dos hijos, abuela de ocho nietos y nueve bisnietos. Vivió prácticamente toda su vida en Renca, donde enviudó muy joven de Manuel Ibacache. Nunca volvió a casarse. Según su nieto Francisco Lozano, se apoyó en su familia para sacar adelante la crianza de sus dos hijos, dejándolos donde sus hermanos mientras hacía de trabajadora de casa particular para mantener el hogar. y solo dejó de trabajar hace seis años, cuando un accidente vascular la dejó con movilidad reducida. Pasaba la mayor parte del día en cama, pero se movía por la casa en silla de ruedas.

“Un hijo vivía con ella, y el resto siempre estuvimos cerca, aunque nos hubiéramos casado o viviéramos en otras comunas. Era costumbre ir para allá, llevarla a comprar, porque debido a su enfermedad quedó con secuelas y necesitaba ayuda”, dice Francisco.

El 21 de marzo, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, anunció a través de su cuenta de Twitter la muerte de la primera víctima del coronavirus en territorio nacional.

Se trataba de Carmen, que había fallecido poco después del mediodía en el Hospital San Juan de Dios después de pasar tres días internada, pero solo con cuidados paliativos. Ya que su condición de salud era delicada, los médicos decidieron no aplicar un tratamiento invasivo como la intubación. A diferencia de lo señalado por el ministro Mañalich, quien dijo que el “manejo compasivo” había sido una decisión familiar, uno de sus nietos, el concejal de Renca Jorge Lozano (DC), replicó que casi toda la familia estaba en aislamiento cuando fue internada, por lo que la decisión fue exclusivamente del personal médico.

Otra discrepancia fundamental de la familia con Mañalich fue sobre la fuente del contagio. El concejal Lozano aclaró rápidamnte que un pariente político que trabajaba en el Compin de Huérfanos había visitado la casa de Carmen el 8 de marzo para un almuerzo; no se trataba de una “fiesta” con “una persona que venía de Argentina”, como había dicho el ministro. Ocho días después, el trabajador del Compin dio positivo, como muchos de sus compañeros de trabajo. El examen de Carmen fue entregado el 18 de marzo, cuando ya tenía algunos síntomas. Murió tres dias después, a los 82 años.

En un comunicado a nombre de la familia, Jorge Lozano, quien vio a su abuela en el San Juan de Dios pocas horas después de su deceso, escribió: “A las 12.20 horas, nuestra Carmen cerró los ojos y se fue en un sueño eterno, sin dolor alguno”.


Eliana Reyes Nanjari, el sorprendente legado de la matriarca

Foto de Eliana Reyes Nanjari, una de las primera víctimas chilenas del Covid-19.
Eliana Reyes Nanjari falleció a los 78 años en el Hospital El Carmen de Maipú.

Aún encerrados en una cuarentena voluntaria, la familia Rivera Reyes no deja de pensar que doña Eliana, la segunda fallecida por coronavirus en el país, observa desde otro sitio cómo ellos han enfrentado su partida. No fue sencillo. Tras el anuncio hecho por la alcaldesa de Maipú, Cathy Barriga, su caso adquirió una especial notoriedad, pues desnudó las falencias de un sistema que se construye a sí mismo día a día.

Eliana nació en Sahonde, un pueblito cercano a Putaendo. Con 78 años, fue la matriarca de un clan que ya se extiende a cuatro generaciones, siempre enclavado en Maipú. Sus nietos la retratan como una mujer amable, risueña y siempre preocupada por su comunidad. “Ella siempre nos inculcó ser buenos vecinos, no tener problemas con nadie y tratar de pensar en forma colectiva, no en forma individual. Formó a la típica familia de clase media que no milita en ningún partido, que solo se dedica a vivir tranquila, siendo buenos ciudadanos”, cuenta Felipe Rivera, uno de los nietos que vivían con ella.

Aún no saben cómo pudo contagiarse. Sí sabían que, afectada por un cáncer al pulmón, el médico tratante decidió cancelar por unas semanas la quimioterapia y le ordenó vacunarse contra la influenza. Así, cuando comenzó a mostrar síntomas de resfrío, todos supusieron que se trataba de los efectos de la vacuna. Pero rápidamente empeoró y, ya internada en el Hospital El Carmen, de Maipú, se enteraron del fallecimiento el 23 de marzo. “No recibimos pésame de nadie, excepto de la alcaldesa. Incluso, nos llamaron de la Seremi minutos antes del funeral para preguntarnos la trazabilidad de mi abuela”, dice el nieto.

El legado que dejó Eliana tiene mucho que ver con los valores fundamentales. Por eso, al enterarse de un posible peligro de contagio del grupo familiar, decidieron vivir el luto confinados en el hogar. Hoy cumplen dos semanas de una cuarentena en la que no han salido ni siquiera a comprar el pan, pese a que ninguno de los tests para detectar el Covid-19 dio positivo. “Queremos evitar cualquier contagio, nuestro barrio está mayoritariamente compuesto por vecinos de la tercera edad, el grupo de mayor riesgo”.

Pero vivir la pérdida ha sido difícil. Al principio fueron muy críticos de la falta de protocolos para tratar a los fallecidos por el virus, pero poco a poco han ido entendiendo la poca preparación del sistema de salud chileno para la pandemia. Felipe recuerda un episodio que los dejó tristemente disgustados. Fue a principios de esta semana: “Vinieron de la Seremi de Salud, porque normalmente nos llaman para saber si seguimos en cuarentena, si necesitamos algo o cómo están nuestros síntomas, monitoreando a los contagiados. Pero esta vez vino una camioneta para preguntar por el estado de salud de mi abuela, porque estaba con contagio. Los atendió otro familiar y quedó afectado”.

Pero, sorprendentemente, no todo ha sido negativo. Porque pese a ya no estar, el legado de Eliana continúa. Su caso inspiró a la subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell, para crear el Departamento de Contención Emocional para las familias de los fallecidos. Felipe encuentra ahí un consuelo. “Su muerte no fue en vano”.


David Mañil Limpay, la solitaria víctima de Molina

Foto de David Mañil Limpay, una de las primeras víctimas del Covid-19 en Chile.
David Mañil Limpay habría sido erróneamente calificado como "en situación de calle" cuando se notificó su fallecimiento.

La familia de David Mañil Limpay (44), el octavo fallecido confirmado por coronavirus, aún no entiende qué ocurrió realmente con él. El viernes, aquejado por fuertes molestias físicas, acudió al Hospital de Molina para saber qué le estaba pasando. Una cirrosis lo afectaba desde hace tiempo, por lo que creen probable que fuera hasta allá pensando que era una complicación de esa enfermedad. Llegó en estado grave.

Al constatar su delicada condición, lo trasladaron de urgencia al Hospital de Curicó, donde finalmente falleció. Su muerte fue rápida, pero la familia Mañil Limpay se enteró recién el domingo.

Sus sobrinos, dicen, quisieron ir a retirar el cuerpo, pero como no eran sus familiares directos, les negaron cualquier tipo de información. El lunes por la mañana, los hermanos mayores llegaron hasta el recinto curicano a buscar sus restos y para darle entierro, confirmando que aquella cirrosis era la causante de la abrupta despedida, según decía el propio certificado de defunción.

La familia asegura que, en esa triste espera para poder sacarlo del recinto hospitalario, todo se tornó confuso. “Conseguimos una iglesia, mis tíos lo vistieron y todo, porque ya nos habían autorizado para velarlo. Pero después, a las 11.30, nos informaron que no podíamos, porque había fallecido por coronavirus”, dice Marcelo Mañil (39), su sobrino y uno de sus más cercanos.

Media hora después del traumático episodio, la subsecretaria de Salud, Paula Daza, confirmó a todo el país el deceso del hombre de 44 años, asegurando, además, que se trataba de una persona en situación de calle, algo que a la familia le duele y que su sobrino desmiente rotundamente. “No sé por qué dijeron eso, él nunca ha sido de calle”, dice Marcelo, quien consideraba a su tío como a un hermano, pues se criaron juntos.

Nacido en Perquenco, Región de La Araucanía, David era jubilado. Vivía de una pensión de invalidez otorgada por un accidente laboral: cuando era más joven, trabajando en una barraca, sufrió la amputación de dos dedos. “Igual hacía aseo en algunas casas, a veces compraba cosas y las revendía, pero no era de calle. Tiene casa en Talca”, aseguran. El sobrino lo describe como una persona alegre; solitaria, pero alegre. “No tenía hijos, pero siempre visitaba a su familia”, recuerda.

Los Mañil Limpay no saben bien cómo enfrentar la situación. Además de la pena por perder al ser querido, ni siquiera supieron cuándo y cómo fue su funeral. El duelo familiar va acompañado de una cuarentena en el Hospital de Molina para los dos familiares que manipularon el cadáver. “Imagínese qué hubiese pasado si mi tío el día domingo hubiese ido a retirar el cuerpo de él, hubiésemos estado velándolo y nos lo hubiesen quitado”, reflexiona Marcelo, que insiste: “David nunca ha sido de la calle, por favor, coloque eso”.

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